LIVERPOOL

La lucha, su fuerte: los ojos celestes que cambiaron la vida de Makuka

El zaguero, que el domingo se vistió de Bava para descolgar una pelota, sueña con comprarse una casa.

Steve Makuka con su hija Ariana
Padre. Ariana nació hace dos meses y medio por cesárea, pero Steve estuvo allí. Hoy cambia los pañales y está chocho. Foto: Leonardo Mainé

A Steve Makuka siempre le gustó atajar. Y muchas veces se para bajo los tres palos en las prácticas. Por eso, cuando el domingo pasado expulsaron a Jorge Bava, Franco Romero le dijo: “vas vos Maku”. Y él se calzó el buzo y los guantes del arquero.

“Me quedaba todo enorme, con lo que es Jorge. Gracias a Dios lo pude hacer de buena manera. Por suerte remataron una que se fue lejos. Y después descolgué una arriba. Salté a buscarla y la pude agarrar bien y no soltarla. Caí mal, pero lo importante fue que me quedé con la pelota”, contó el zaguero sentado en la puerta de la casa de la calle Watt, en el barrio Peñarol, donde comparte vivienda con sus suegros.

El del domingo fue un partido increíble. Fénix le ganaba a Liverpool 3 a 0 cuando recién iban 22 minutos. Pero el resultado final fue empate 4 a 4. “Empezar perdiendo 3 a 0 tan temprano fue duro, la veíamos fea con los compañeros. Pero tenemos un grupo muy fuerte de cabeza y metimos y luchamos mucho y pudimos empatar”.

NEGRIAZUL. Tras hacer una muy buena temporada en Progreso, Makuka llegó a Liverpool a principios de este año. Obviamente, los gauchos querían renovarle el contrato que terminó en diciembre, pero sus representantes, Nicolás Rotundo y Washington “Zapato” Olivera le sugirieron que aguantara que podía salir algo del exterior.

“En Progreso me querían renovar, pero como había nacido mi hija mis representantes querían buscarme algo mejor. Me dijeron que aguantara que podía salir algo del exterior. Por suerte, apareció Liverpool”.

Steve Makuka
Steve MakukaZaguero de Liverpool

“Ellos sabían que había nacido mi hija y querían buscarme algo mejor. Estuvimos esperando y esperando y tampoco nos queríamos quedar sin el pan y sin la torta. Y por suerte, apareció lo de Liverpool. Es un club que tiene todo, estoy muy contento. Y también agradecido a Progreso. Nos quedamos con las ganas de meternos en una copa con Progreso y ahora lo viví con Liverpool. Pasamos de fase y quedamos en la historia del club, que nunca lo había hecho. Viene bien la cosa”, contó sobre su presente negriazul. No le costó adaptarse a la idea de Pezzolano ni al plantel. Quizás porque la idea del “Papa” es similar a la de Marcelo Méndez.

CAMISETAS. La primera camiseta que usó en Liverpool fue para su hermano mayor Edward. Como siempre, como todas. Como la que trajo de Brasil cuando le ganaron a Bahía. Es que él fue muy importante para Steve y su hermano mellizo. Ambos tenían cuatro años cuando falleció su papá en un accidente de auto, y Edward asumió su papel a pesar de ser sólo un adolescente. Es más, jugaba en las formativas de Defensor Sporting, también era zaguero y bueno, pero se bajoneó mucho y tiempo después del accidente dejó de jugar para trabajar y ayudar a su madre a criar a sus hermanos.

Edward también fue clave cuando Steve estuvo seis meses sin jugar y casi deja el fútbol. “Estaba en la Tercera de River Plate y otro representante que tenía me llevó a Torque, que estaba en la B. Y una semana antes de que comenzara el torneo me avisaron que no iban a hacer más contratos y me quedé sin nada. Estuve seis meses parado, tenía 20 años y no quería seguir dependiendo de mi madre. Pero Edward, que se había arrepentido de dejar el fútbol, me habló y me dijo que no me preocupara por la plata que él me iba a ayudar y que no dejara. Y salía a correr conmigo para que estuviera entrenado. Ese momento me marcó y le estoy muy agradecido a mi hermano. Si hoy me está yendo bien es porque no dejé y fue gracias a él”, admitió Makuka para quien el fútbol es su vida.

“A los 20 años estuve seis meses parado y casi dejo el fútbol. No quería seguir dependiendo de mi madre. Pero mi hermano mayor me dijo que no lo hiciera porque él se había arrepentido. Si hoy me va bien es por él”.

Steve Makuka
Steve MakukaZaguero de Liverpool

“Creo que la agresividad es lo mejor que tengo. No doy por perdida ninguna pelota. Podré tener un mal partido o uno bueno, pero el sacrificio siempre va a estar. Es mi fuerte”, dijo el admirador de Sergio Ramos, con quien se identifica porque las pelea todas.

“Como todo futbolista me gustaría jugar en un cuadro grande o salir al exterior. Y poder comprarme mi casa. Sería ideal para mi mujer, mi hija y para mí. Y ayudar a mi familia, a mis hermanos, a mi madre y a mis compañeros, esos que siempre están en las buenas y en las malas”.

ARIANA. Ariana tiene dos meses y 18 días y unos hermosos ojitos celestes que cambiaron la vida de su padre. “Antes de empezar un partido o salir a entrenar es lo que me da fuerzas para luchar. Hoy todo es por ella. Nos cambió la vida a todos, hasta la forma de pensar de mi suegro. Ya desde ahora, tan chiquita, es todo conmigo. La madre se enoja, y yo le digo que aproveche ahora que le está dando la teta porque en cualquier momento se va conmigo a todos lados”.

No siempre fue zaguero. De niño era delantero, igual que su hermano mellizo. Uno jugaba por izquierda y el otro por derecha. Fue en las formativas de River Plate, que Edgardo Adinolfi lo probó de lateral. Y luego Osvaldo Streccia lo cambió para la zaga. “Me adapté, me gustó y ahí quedé”.

¿POLACO? Supuestamente su apellido es de origen polaco, pero hay diferentes versiones.

“Como mi bisabuelo falleció y mi abuelo también, no sé bien como fueron las cosas. Lo único que sé es que mi bisabuelo llegó huyendo de la guerra. Averigué en la embajada polaca y me dijeron que no era polaco el apellido. Podría ser de Serbia. Estoy en búsqueda de eso, para tener el pasaporte europeo y porque conocer el origen de uno está bueno. Porque cuando dicen Steve Makuka lo primero que piensan que soy un negro africano gigante y nada que ver”, explicó riendo.

“En la embajada me dijeron que mi apellido no es polaco. Podría ser serbio. Estoy en la búsqueda de eso por el pasaporte y por conocer mi origen. Cuando dicen Makuka se imaginan un negro gigante y nada que ver”.

Steve Makuka
Steve MakukaZaguero de Liverpool

“Yo era muy pegado a mi padre”, contó Steve quien terminó cumpliendo el sueño de su papá, que siempre quiso que sus hijos fueran futbolistas. “Dos por tres me pongo a pensar y siento que él es como un ángel que me ayuda. Es como darle una alegría esté donde esté”, dijo quien cuando estaba en las formativas de River pudo conversar sobre la muerte de su papá con el psicólogo del club. “Me hizo muy bien, porque antes me costaba mucho hablar del tema”.

Steve pensaba que era el novio, pero era el primo

Steve y su mujer Carolina están juntos desde segundo de liceo. “Al principio costó porque ella me miraba, pero cuando le iba a hablar, se hacía la interesante. Además, ella iba siempre con un muchacho, que era el primo, pero yo pensaba que era el novio. Entonces no le decía nunca nada. Además, cada vez que le iba a hablar, como que me cortaba y yo pensaba que era rara la muchacha. Hasta que un día que faltó le pregunté al que yo creía que era el novio, qué le había pasado. Y me dijo que no era la novia, sino la prima. Entonces me dije ahora sí y me tiré al agua. No lo iba a hacer por las dudas. Empezamos a conversar y no nos separamos más”, contó sobre la mamá de Ariana, quien gracias a su llegada a Liverpool dejó su trabajo para dedicarse este año a su crianza.

El accidente y dos demonios juntos en la escuela

Steve y su hermano mellizo tenían cuatro años cuando el accidente. Pero lo recuerda perfectamente. “Íbamos para afuera con mis padres y a él le dio un infarto y nos caímos como en una especie de banquina. Nos frenaron unas cañas que había. Mi madre le pudo sacar el pie del acelerador, y así nosotros nos salvamos”.

Mirta, su madre, ocupó el puesto de guarda de Cutcsa que tenía su marido que era dueño de una cuarta parte de un ómnibus.

De chicos él y Andy, su hermano mellizo, le dieron mucho trabajo: eran terribles. “En la escuela éramos un demonio. Nos cambiábamos entre nosotros o las maestras se confundían y nos llevaban para la clase del otro. Nunca nos cambiamos para una prueba o un escrito porque ninguno de los dos estudiaba nada”, contó riendo.

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