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Lodeiro, un mundo de elogios

Nicolás Lodeiro pidió la "10" de Riquelme y muchos pensaron que iba a ser una pesada carga para un recién llegado. Sin embargo, en pocos partidos, ya se transformó en figura de Boca Jrs.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lodeiro en Boca Juniors. Foto: Archivo El País.

Hay que tener talento y carácter para usar el número de Riquelme. Lodeiro va por ese camino con estilo: juega cuando la tiene y corre al perderla. Ovación merecida. El análisis corresponde al diario Olé, y está escrito por Marcelo Sottile, confirmando el gran momento por el que está pasando el volante de la selección uruguaya.

La nota dice así:

Es de Riquelme. Aunque la lleve otro jugador en el cuerpo, la 10, como él mismo se adueña, es del último gran ídolo. Hay que tener personalidad y talento para que la sombra no devore a quien la use. Ahí surge el primer atributo de Lodeiro. Aunque podría haberse escapado, asumió un desafío que era excesivo para Luciano Acosta. Y en pocos partidos se hizo respetable ante miles de ojos que no lo habían visto. El día Osvaldo en la Copa, cuando los flashes iban para el rockero que festejó a lo Batistuta, el man of the match fue el uruguayo. Ahora, cuando Boca jugó un punto arriba de lo que criticó Arruabarrena, una Bombonera encendida lo ovacionó. Hay que tener cuidado, es una época de aplauso fácil en el fútbol argentino, pero él generó buenas sensaciones.

Es distinto, por lo menos en las primeras fotos en Boca. No sólo por ser zurdo, a veces más asociados a la estética. La real diferencia es que Lodeiro puede conducir desde diferentes sectores; es un enlace que se siente más cómodo de frente a la cancha que en la fricción de quien recibe de espaldas a su rival; y no termina la jugada con el pase sino que tiene aire y concepción del equilibrio para correr hacia atrás. Con sus atributos -no es un Maradona uruguayo ni un Riquelme que corre- él intenta cumplir con las dos facetas del juego.

Se mueve con pasos cortos y rápidos. Puede jugar corto, pero también largo por su buena pegada. Por eso maneja la pelota parada a lo Pisculichi en River. En fin, le gusta estar en todos lados. Hay estadísticas que no dicen absolutamente nada, números vacíos de concepto, pero habla por Lodeiro contar que participó de siete de los nueve goles de Boca en el año que tiene que ser el suyo, porque está obligado a ganar como ningún otro grande de la Argentina.

Con Rafaela, Lodeiro quedó en el compacto menos bueno por el caño que se devoró por ir rápido; también por ese vuelo de cabeza que le sacó Conde. Como a Boca, le faltó gol para imponer la diferencia de jerarquía. Pero los aplausos, se los ganó.

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