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Fue un lobo con piel de cordero

Nacional “se disfrazó” en las últimas fechas del Clausura y engañó a muchos, menos a Álvaro Gutiérrez.

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Foto: Ariel Colmegna

El clásico del Clausura cambió a Nacional. Porque aquel empate 1 a 1 lo sacó definitivamente de la pelea por el título. A partir de ese momento, el tricolor "se disfrazó" y engañó a todos, menos a Gutiérrez, que sabía lo que tenía entre manos.

Esas tres últimas fechas del Clausura fueron cuesta arriba, una tortura, porque Nacional ya estaba metido en cuerpo y alma en las finales. "Pensaba" en esa semi que iba a tener y nada más.

Se notaba en la cancha, en su andar, en su rendimiento. El tricolor no era el mismo equipo. Tras el clásico, le tocó visitar a Cerro en el Tróccoli. Y cayó 1 a 0. Fue apenas una sombra de lo que había sido en el año, no dio pie en bola y terminó cediendo tres puntos más en el torneo.

Después de Cerro, llegaba Juventud, y Nacional volvió a tener una floja actuación. Empató cero a cero ante los pedrenses y la preocupación crecía en la tribuna. En la cancha, Gutiérrez no se inmutaba. Probaba, cambiaba, manejaba variantes y declaraba con optimismo y confianza.

Nacional no estaba estresado. Jugaba sin presión, pensando en la semi, con un "disfraz" que le quedó pintado. Parecía un cordero en la cancha, y todos sacaban provecho de su nuevo perfil, porque hasta Tacuarembó llegó al Parque Central y se llevó tres puntos. Fue un golpe para el hincha, que esperaba llegar a esa semi con un equipo en alza, ganador y con viento en la camiseta.

Gutiérrez volvió a mostrar tranquilidad. Y también variantes, porque su equipo mutaba fecha a fecha.

Ya con Peñarol en el camino, Gutiérrez preparó el partido que estaba esperando desde la fecha clásica. Y lo hizo con varias pruebas encima, con esas variantes que buscó en las etapas finales del Clausura. Y le fue bien. Porque armó una oncena clásica sin el "disfraz" de los últimos partidos. Se sacó la piel de cordero y mostró su verdadera cara, esa que había mostrado en el Apertura.

Nacional salió con todo. Fue un lobo hambriento, son sed de victoria, y allí se vio lo mejor del tricolor. Fue zarpazo tras zarpazo, y tuvo a Peñarol a maltraer.

Lo atacó desde el vamos, y su fórmula, esa que ensayó y probó, le dio resultados, con el "Colo" Romero de lateral, con Sebastián Gorga en la zaga, con esa dupla incasable del medio integrada por Arismendi y Porras, y con "Papelito" Fernández y no Gastón Pereiro en el equipo.

Gutiérrez sabía lo que tenía. Cuidó a sus hombres. No los dejó desgastar y fue probando nombres que terminaron siendo importantes en la semi, la gran final del tricolor.

Nacional empezó con todo: dejó atrás aquel "disfraz" de cordero que había sembrado dudas ante Cerro, Juventud y Tacuarembó, y apareció el lobo de la primera parte del año, ese que no tuvo piedad con sus rivales. Así arrancó Nacional, con un gol de "Papelito", una variante que sólo Gutiérrez tenía en su mente, y el "Colo" Romero por derecha como abastacedor permanente de los atacantes.

Fue otro Nacional. Daba zarpazos y lastimaba a su "víctima", un Peñarol que no pudo controlarlo en los primeros 45 minutos.

Después, en el segundo tiempo, cuando Nacional se frenó y creció su adversario, volvieron las dudas, las incertidumbres, pero en el peor momento (ya en el alargue después de un 2-2 tremendo) el tricolor volvió por sus fueros y mostró su potencial con esas mismas variantes que Gutiérrez había ensayado en esos tres partidos finales del campeonato. Tabó, una carta importantísima en ofensiva, Prieto que dio lucha en el medio, y el "Chino" que aún en cuentagotas, volvió a plasmar su clase en la ejecución de un córner que terminó en el tercer gol de Nacional.

El tricolor, ya sin su "piel de cordero" mostró la verdadera identidad de lobo. Fue y fue, y abrochó un triunfo trascendente, clave, decisivo, y esa semi terminó siendo final, porque se quedó con el Campeonato Uruguayo de punta a punta.

Gutiérrez, que trabajó en silencio día a día, aprontó y preparó el clásico con lo mejor.

Nacional perdía con todos, o casi todos, pero sin estresarse, sin preocuparse, al menos de la cancha para adentro, porque Gutiérrez sabía muy bien lo que tenía.

Atrás quedó la bronca del Tróccoli, las dudas que se sembraron ante Juventud, y la impotencia que se vio frente a Tacuarembó.

Nacional, ese que se puso "la piel de cordero", se quitó el disfraz y mostró su verdadera cara, la de lobo hambriento, que buscó lo que quería y lo logró a puro zarpazo, atacando, proponiendo, y después, reaccionando en gran forma en el alargue.

Una fórmula bien elaborada

nDespues del empate clásico, en la duodécima fecha del Clausura, Nacional comenzó a "pensar" en la semifinal del Uruguayo. La igualdad ante los aurinegros lo alejaba de la lucha por el título y a partir de se momento, Gutiérrez iniciaba un proceso de recambio en su equipo. Tras el clásico, Nacional jugó (y perdió) con Cerro y de ahí en más ya no pudo contar con Gastón Pereiro, que se había marchado al Mundial con la Sub 20, y tampoco con Jorge Fucile ni Carlos Valdez, ambos asimilados a las selecciones de Uruguay y Colombia.

Gutiérrez probó con Guillermo De los Santos en la zaga. Con Gorga en el lateral, el "Colo" Romero en el medio, y también con Gorga en la zaga y Díaz en el lateral izquierdo. Ya empezaba a darle minutos a "Papelito" Fernández, a "Nano" Ramos, a Tabó y a Gonzalo Bueno. El banco de pruebas del entrenador tricolor dio sus frutos. Sacó lo mejor. Gorga en la zaga, Romero en el lateral y "Papelito" detrás de Iván Alonso.

la plata en el banco tras el apertura

nNacional terminó la primera parte del año con dinero en el banco. Hizo un Torneo Apertura redondo, impresionante, porque sumó 42 de 45 puntos posibles y ganó el certamen con varios cuerpos de ventaja. El tricolor asumía la segunda parte del año con un colchón de puntos enorme porque le sacaba diez puntos a Racing, su inmediato seguidor en el Apertura y 17 a Peñarol y River Plate, los equipos que habían terminado en la tercera posición del torneo. Ese dinero ahorrado le dio réditos y mucha tranquilidad.

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