NACIONAL

Llueven críticas: una goleada que pegó muy fuerte

El técnico argentino Eduardo Domínguez está en el ojo de la tormenta luego de la derrota sufrida el martes en el Gran Parque Central contra Wanderers.

Eduardo Domínguez en su primer partido en el Gran Parque Central
Eduardo Domínguez en su primer partido en el Gran Parque Central

Lleva muy poco tiempo de trabajo con el equipo, está en los comienzos de un proceso de transformación y aunque en cada partido ha mostrado una insistente búsqueda de un fútbol veloz, de ataque a las defensas con el empuje por afuera y con la posesión de la pelota, la realidad es que su juego se quedó clavado en las inquietudes, porque no consiguió llevarlo a la realización de los goles. Entonces, poco importa la audacia que tenga si no se consiguen los resultados. Y el drama es mayor si se sufren revolcones tan impactantes como lo que termina originando un 4-1 en contra en su casa.

Eduardo Domínguez sabe que la paciencia que él pueda llegar a tener para afinar el rendimiento del equipo y ganar en eficacia -la defensiva y la ofensiva- no es la misma que ya impera en los hinchas tricolores. Los gritos en el Gran Parque Central -aún con un gran apoyo a los jugadores- fueron la primera señal y de hecho él mismo lo terminó admitiendo en la posterior conferencia de prensa tras la derrota abultada ante Wanderers, cuando dejó en claro que “hay que tener paciencia, tener la calma mental. Y eso lo tenemos que tener nosotros, no le pedimos a los de afuera que nos entiendan”.

La lluvia de críticas es mayor porque no son equiparables las imágenes y los comienzos del rival de todas las horas. Quedar cinco puntos abajo de Peñarol en las primeras dos fechas se convierte, automáticamente, en una cámara de torturas de la que solamente podrá escaparse en las fechas posteriores si el equipo gana. Y si gusta. Porque de tal pobre comienzo no se sale con tanta facilidad y, seguramente, a Domínguez lo seguirán acompañando los juicios más ácidos si de la otra vereda hay goleadas o victorias hazañosas logradas en los últimos instantes.

Es clarísimo que en fútbol siempre se va a recordar el final de la película, mucho más cuando te metieron un cachetazo tremendo en tu estadio, de ahí que poco fuerza tenga en el balance de los fanáticos tricolores el hecho de que Octavio Rivero estuvo a escasos centímetros de meter un 2-0 que no hubiese dado lugar ni a las discusiones de táctica y estrategia, ni a los pedidos de inclusión en el equipo titular de otros jugadores.

Pero eso no pasó. Esa pelota no terminó en la red. Y, entonces, la media hora de dominio no termina teniendo ni siquiera un poquito de peso para proteger al entrenador y darle una cuota de confianza.

Entonces aparecen, como disparos de metralla contra el conductor, montones de cuestionamientos. Los que, por cierto, también rozan a la gerencia deportiva que ejerce Iván Alonso y hasta la dirigencia que encabeza José Decurnex.

En algunos casos se reclama mayor asesoramiento al argentino para que termine de entender la forma en la que hay que jugar en el fútbol uruguayo y en otros, los más acalorados en sus enjuiciamientos, se pide que se tome una decisión drástica.

Cambiar el entrenador -para que quede claro- es una decisión que está a miles de kilómetros de distancia de la consideración de los dirigentes tricolores, lo que no implica que algunos se pregunten qué fue lo que terminó originando que Domínguez dejara atrás su idea original de jugar con la figura del 4-2-3-1 para pasar a la línea de tres.

Los dirigentes entienden que lo vivido ante Wanderers “fue doloroso”, pero están convencidos que “esto recién comienza”.

Tranquilidad dirigiendo: Ha llamado la atención la tranquilidad que demuestra tener al costado de la cancha. Algunos lo comparan con el estilo de Hugo De León.

La ausencia de los referentes: Un aspecto muy criticado por los hinchas es que no utilizó a ninguno de los dos referentes en el equipo titular: ni Cardacio ni “Palito” Pereira aparecieron en el 11.

Trabajo exigente en Los Céspedes: Los futbolistas y los dirigentes reconocen que el estilo de trabajo en Los Céspedes es muy intenso. A la gran mayoría le sorprendió la dinámica y exigencia de los entrenamientos.

Su idea original no era esta: En la primera conferencia de prensa como DT de Nacional, Eduardo Domínguez dijo que su figura madre era la del 4-2-3-1. Duró poco en el tricolor.

¿Cuáles son los cuestionamientos?

Línea de tres. Los mayores cuestionamientos realizados por los hinchas y socios tricolores, a través de las redes sociales, y también en el propio Gran Parque Central, es sobre la insistencia de Eduardo Domínguez de mantener en la integración del equipo titular una línea defensiva integrada por tres hombres. Por encima de los nombres que se ponen arriba de la consideración para ocupar un lugar en la zaga titular, lo que se establece -en su gran mayoría- es que “al fútbol uruguayo lo identifica la línea de cuatro zagueros”. Además, se indica que lo mejor hasta ahora en lo que tiene que ver con la solidez del trabajo defensivo apareció en el amistoso internacional disputado frente al Seattle Sounders. Allí el equipo tuvo una línea de cuatro que no ofreció tantas ventajas por el pasillo central y los zagueros jamás concedieron tantos espacios como ante Wanderers.

El doble cinco. De las últimas decisiones que tomó el entrenador argentino que encuentra mayores resistencias es esa que eliminó del pasillo central de la mitad del terreno al doble cinco de mayor protección defensiva. Se entiende que tanto Felipe Carballo en el medio local como Mathías Cardacio en Estados Unidos colaboraron de mejor forma con Joaquín Arzura para evitar que el toque del adversario llegara con mayor facilidad a la última zona. Varios aficionados, en el portal Decano.com, hasta le endilgan un desconocimiento del fútbol uruguayo puntualizándole que esto no es Argentina. Un buen número de fanáticos va más allá y deja en claro que no quiere “un mediocampo liviano”.

Un delantero. Naturalmente que entre los aficionados también aparecen los reclamos sobre los bajos rendimientos de algunos futbolistas. En este punto, además de poner el ojo en pobre desempeño de los laterales, lo que más se procura es que el entrenador argentino no deje más en el banco de suplentes a Gonzalo Bergessio. Ante la carencia de gol que está mostrando el tricolor y tomando como referencia el potencial que Bergessio mostró en el pasado campeonato anterior, los hinchas pretenden que Bergessio acompañe a Octavio Rivero en lugar de Sebastián Fernández. El cambio de delantero por delantero no es lo único que se solicita, también se quiere ver a Sebastián Rodríguez como socio de esa dupla atacante. El juvenil es el receptor de los mensajes más positivos, reconociéndole movilidad, generación y atrevimiento.

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