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Liber Quiñones es récord: se convirtió en goleador histórico de Racing

Festejó 62 tantos y los lidera en Sayago; en el camino cargó cajones, jugó en la B y enfrentó al “Gordo” Ronaldo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Leyenda. Antes del entrenamiento el delantero récord leyó la nota sobre su partido histórico. “Yo que sé si soy la leyenda de Sayago, que lo diga la gente”.

En junio de 1985, cuando Uruguay todavía se acomodaba luego de la dictadura, nació en Montevideo y lo bautizaron Liber.

Su madre eligió el nombre como homenaje, pero él no recuerda a quién: "Es a Seregni o a Arce, una vez le pregunté y me dijo eso, pero ahora no me acuerdo bien", afirma Quiñones, con una sonrisa.

Es que su militancia no se da bajo una bandera política, sino que los colores que defiende con convicción son otros: el verde y blanco de Racing Club.

"Yo nací en el barrio y a pesar que hice las formativas en Defensor soy hincha del club y tengo amigos fanáticos", cuenta Quiñones.

Gol tras gol se fue ganando el cariño de la hinchada "cervecera", que con el paso de los años lo adoptó como propio y lo suele homenajear (ver aparte). El pasado domingo marcó dos tantos y se convirtió en el máximo goleador histórico de Racing pero su periplo, comenzó mucho tiempo antes de vestir la verde y blanca.

Quiñones nació en una familia de mujeres y se crió en un hogar netamente femenino, dado que su padre los dejó cuando todavía era un niño.

"Mi madre y mi abuela me llevaban a todos lados, al baby fútbol, era bastante travieso. Al ser el único varón era un poco el consentido", cuenta el delantero, que admite que sus hermanas a veces se quejan que hasta hoy lo miman demasiado.

Su abuela, además del rol familiar, ocupa la posición de fanática número 1: "Tiene todo recorte en el que yo aparezca y lo pega en su cuarto. Parece una niña. Soy el único nieto varón, parezco su ídolo", dice Quiñones, que en el final de la entrevista demostró que esa situación no le molesta. "Regalame este diario que no sé si lo tiene", pide el jugador y se asegura otra postal en las paredes de su abuela.

Quiñones hizo las inferiores en Defensor, en el que llegó hasta integrar el plantel de Primera, pero nunca debutó. Tras una temporada a préstamo en Racing, donde jugó en la B, volvió al violeta pero decidió que su objetivo era jugar en Racing.

En la "Academia" se encontró con un panorama diferente al que vivía en Defensor, pero su deseo era jugar. "En Defensor en juveniles tenía más cosas que acá en primera, a veces nos íbamos de las prácticas sin bañarnos", cuenta, pero ese no fue su mayor esfuerzo.

Si bien Racing solía cumplir con los pagos, decidió comenzar a trabajar para tener un ingreso extra: "Cargué cajones de bebidas, practicaba y arreglaba los horarios. Lo único que no hacía era jugar los fútbol 5 del laburo, era demasiado", admite.

Luego del ascenso en la temporada 2007/08, el "Cervecero" tuvo una gran campaña en Primera, en la que terminó quinto en la Tabla Anual y segundo en la Liguilla. El Torneo Apertura lo pelearon hasta la última fecha y Quiñones fue el goleador del Uruguayo. Las ganas de jugar en Primera y el desconocimiento que tenían los rivales les dieron un plus: "Fijate que con los laterales de Goñi hice como 5 goles".

Esa buena campaña permitió a Racing jugar la fase clasificatoria en la Libertadores. Tras empatar 2-2 ante Junior en Colombia, venció 2-0 en Montevideo y pasó a los grupos. En esa fase terminaron segundos, pero no avanzaron de ronda dado que fueron el peor clasificado y los equipos mexicanos clasificaban directo por compensación por la gripe porcina del año anterior.

En ese torneo enfrentó a dos astros: Ronaldo y Roberto Carlos, al que le pidió la camiseta. "Adentro de la cancha son diferentes, a Ronaldo en ese momento le decían que estaba gordo, tomó la pelota en la mitad de la cancha tiró dos caños y Pallas le tuvo que dar una patada. Estuvo bien", recuerda.

Al igual que Ronaldo, Quiñones recibe cuestionamientos sobre su peso, pero eso no le preocupa. Argumenta que siempre jugó así y le da confianza. Además destaca que juega en primera hace diez años. "Si me lo dicen como chiste no me molesta, acá me apodaron "Gordo"".

Ante Sud América, de tiro libre y de globito, se consolidó como el máximo goleador histórico del club. El delantero no para de recibir llamadas, pero cree que todavía no se da cuenta de lo que ha logrado.

La camiseta del récord se la quedó Juan Pablo Rodríguez, que colecciona reliquias "académicas". Quizás, cuando Quiñones se dé cuenta de la importancia de su gesta, se arrepienta de haberla regalado en el fervor del vestuario "cervecero".

El más lindo: en La Libertadores.

Seguramente no fue el gol de mayor condición técnica pero el delantero lo considera su mejor anotación por lo significativo.

Tras empatar 2-2 en el partido de ida, el "cervecero" venció 2-0 en el Parque Central y clasificó por primera vez a la Copa Libertadores. El segundo, marcado a los 88 minutos, fue el elegido por Quiñones.

El error: en Perú con la de la "U".

Quiñones, en Universitario, desaprovechó el gol más fácil de su carrera. En un partido ante UTC recibió un centro desde la izquierda y quedó sin arquero, adentro del área chica y con la posibilidad de cabecear, su fuerte, con comodidad pero remató desviado. "Mis compañeros se reían porque había hecho el del 2-1, si no me mataban", contó.

Hizo el gol más rápido de Perú.

Si bien tuvo un pase corto y poco productivo por tierras incaicas, Quiñones volvió con un récord en la valija. Marcó el gol más rápido en la historia del fútbol peruano, ante Alianza Atlético de Sullana, a los 9 segundos. "Fue una jugada que habíamos practicado en la semana, sin marca y en el partido salió igual. Nosotros no podíamos creer"

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