PEÑAROL

No le tembló el pulso

"Leo" Ramos armó dos Peñarol: con uno no ganó nada, con el otro terminó ganando todo.

Foto: Gerardo Pérez.
Foto: Gerardo Pérez.

El destino de Leo Ramos como entrenador parece estar marcado a fuego. Ganó su segundo Campeonato Uruguayo (el primero con Danubio 2013/14) en tanda de penales y dio vuelta la pisada en base a una gran convicción. Fue fiel a su idea y logró una remontada espectacular después de un flojo inicio de temporada.

Peñarol fue el mejor. En la tabla, y en la cancha. De los 39 partidos que disputó a lo largo del Uruguayo perdió tres: 2-1 ante Cerro, en el Torneo Apertura, 3-2 frente a Defensor Sporting, en el Intermedio -ambos en el Campeón del Siglo- y 2-1 ante River Plate, en el Torneo Clausura, en el Parque Saroldi.

Ramos tuvo dos planteles y armó dos equipos. Uno, en la primera parte del año, donde le costó ganar y quedó lejos de Defensor Sporting (el campeón) y Nacional, en donde no pudo ganar nada, y otro, ya de cara al inicio de la segunda parte del año.

¿El punto de inflexión? Después de caer con Defensor en el Intermedio y perder el clásico y el partido con Danubio en la Copa Campeones Uruguayos por 3-0.

Esa noche, su continuidad estuvo en tela de juicio y solo la postura firme de Juan Pedro Damiani logró mantenerlo en el cargo.

La dirigencia ‘rompió la chanchita’ y buscó jugadores desnivelantes, de jerarquía, con nivel internacional, y así fue como llegaron Fabricio Formiliano, Walter Gargano, Mathías Corujo, Guillermo Varela, Maximiliano Rodríguez, Lucas Vitari y Fabián Estoyanoff.

Fue otro Peñarol, claro, pero con el mismo desafío: ganar lo que le quedaba por delante y esperar que Defensor y Nacional, dejaran puntos por el camino para poder pelear por la Anual.

Y lo logró. Partido a partido, Leo Ramos acomodó las piezas y armó un equipo de un plantel amplio y con figuras.

También metió mano con cambios que resultaron gravitantes: le dio el arco a Kevin Dawson (solo siete goles en contra) y pasó al ‘Cebolla’ de doble-cinco en el clásico, dejando de lado la marca por la generación de fútbol.

El destino estaba marcado. Otra vez Ramos remontando lo que parecía imposible de remontar. Como en aquel Danubio de 2013/14 que terminó ganando todo de atrás.

Ramos dejó su grifa en el orillo de este Peñarol. Porque el equipo tuvo su estilo. Generó fútbol y fue vertiginoso. Abrió la cancha, llegó por afuera, y mantuvo una columna vertebral dura, firme, segura, decisiva para ganar partidos importantes. A Leo no le tembló el pulso y levantó la Copa.

Invicto en las dos finales:

Peñarol terminó invicto y sin goles en contra en las dos finales que mantuvo con Defensor Sporting. En la primera, para definir la Tabla Anual, ganó 1-0 con gol del ‘Cebolla’ Rodríguez en el último minuto de partido, y ayer, tras 120 minutos de fútbol, mantuvo un empate cero a cero. Ganó en tanda de penales por 4-2.

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