El Análisis

¡Justo ahora llaman los árabes!

Álvaro Gutiérrez podrá mantenerse ajeno a la propuesta que recibió de Al-Shabab y concentrarse en su único objetivo, que pasa por ganar el Uruguayo, ese premio que en el primer semestre parecía pasar por un mero trámite y en 2015 se transformó en una tarea titánica, por la irregularidad del equipo.

Los dirigentes podrán cerrar filas con el entrenador. Los jugadores multiplicar el esfuerzo para blindar con éxitos el proyecto y al DT. Pero el hincha, incluso cuando el equipo está a un triunfo del título del Uruguayo, empieza a sentir las preocupación lógicas que contagian las debilidades que mostró el irregular tricolor. Porque el camino no está minado sólo por las distracciones lógicas que puede provocar un contrato millonario del fútbol árabe; también se sumarán el lunes las bajas de Valdés y Fucile; antes, la de Pereiro por la sub 20, y mucho antes, en el inicio del año, porque perdió cuatro partidos en las siete primeras fechas. Mientras tanto, Peñarol —la referencia ineludible para el hincha tricolor—, sin hacer mucho ruido, con un plan de Bengoechea más preciso, está primero, a tres triunfos del título del Clausura y a otras dos o tres victorias del Uruguayo.

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