PERFIL

Quién era y cómo jugaba el "Bola" Lima, símbolo de una época en Peñarol

Fue uno de los pocos jugadores que estuvo en los cinco años del Quinquenio

Robert Lima
Robert Lima en una tarde de festejo frente a Nacional. Lo acompañan Rotundo, De los Santos y Bengoechea-

P ara la preparación de esta nota se pidieron al archivo del diario fotos de Robert “Bola” Lima. Al abrirse la carpeta digital se pudo comprobar que el futbolista desaparecido repentina y dolorosamente el jueves aparecía en más imágenes festejando que en acción.

Se explica porque Lima fue uno de los símbolos del segundo quinquenio de Peñarol, la última época de dominio neto y prolongado del club a nivel local. De hecho, fue uno de los pocos que estuvo en los cinco años y fue titular casi siempre.

El principal emblema de aquel momento fue Pablo Bengoechea, por supuesto, pero siempre lo acompañó un grupo de jugadores -obreros, que no derrochaban virtudes técnicas pero sostenían con su esfuerzo y su vergüenza deportiva la creatividad de los más dotados, como también lo fueron Antonio Pacheco o Carlos Aguilera.

Uno de esos luchadores incansables era Robert Lima, un zaguero zurdo reconvertido lateral izquierdo que imponía su fuerza, su velocidad y su metro ochenta y pico sobre la raya. Desde niño le decían “Bola” porque se pasaba jugando a la bolita.

Con 21 años, fue uno de los futbolistas ascendidos de las inferiores en el verano de 1993, cuando asumió Gregorio Pérez la dirección técnica, tratando de levantar a un equipo golpeado por malas campañas anteriores. El 8 de febrero de 1993 se realizó la primera práctica con el entrenador y allí estuvo él. Quedó como titular y lo sería durante todo el período.

En la marca logró pronto algo que no habían podido sus antecesores en el puesto: anular al misionero Antonio Vidal González, un puntero que fue figura del Nacional de comienzos de la década de 1990.

En el ataque, era más peligroso lanzado en velocidad que arrancando con la pelota desde su zona, pues el manejo no representaba su fuerte. Sin embargo, su aporte goleador fue significativo, pues era uno de los ejecutantes de una de las armas ofensivas más efectivas de aquel equipo: cuando ante alguna ejecución de pelota quieta por Bengoechea cargaban todos sus cabeceadores, con posiciones y movimientos programados en Los Aromos mediante el trabajo de Gregorio. Lima solía colocarse en el segundo palo. Alto y con piernas largas, podía ganar de arriba o llegar a los rebotes.

En la finalísima del Campeonato Uruguayo 1995 ante Nacional convirtió un gol que él consideró el mejor de su carrera en una entrevista el año pasado en Ovación, y además dio una asistencia. Peñarol ganó 3-1 y se quedó con el tercer título de la serie.

“Fue una pelota en el área que después de un rebote en el palo pude mandar al arco”, relató esa vez. Ocurrió a los 23 minutos, sobre la valla de la Colombes y al cabo de uno de esas acciones con el sello del equipo. Bengoechea lanzó un centro de tiro libre, la pelota cayó de golpe en el área, Baltierra remató y dio en el palo. El rebote le quedó a Lima, quien definió con toque corto al medio del arco.

A los 60 minutos se produjo su pase de gol, para el 2-0. Bengoechea sacó rápido una falta sobre el lateral izquierdo, el “Bola” picó sin marca por ese carril y al llegar a la altura del área mandó el centro, que aprovechó por el otro lado Luis Romero “barriendo” la pelota. En total, jugó 32 clásicos y ganó más de la mitad, 19. Cinco veces empató y sufrió ocho derrotas.

En 1996, durante la gestión de Jorge Fossatti, Peñarol pasó a jugar con línea de tres y dos “carrileros” en los laterales. En ese esquema, Lima pasó a ser uno de los tres del fondo. Esa temporada logró su segundo gol en un clásico, por el Torneo Apertura: fue el primero de un victoria por 2 a 0. Y fue casi calcado del del año anterior. En tiempo de descuento del primer tiempo, otro centro de tiro libre de Bengoechea, el malón aéreo aurinegro, un rechazo corto del arquero tricolor Nicola y el toque corto de Lima a la red.

Además, ese año tuvo su única presencia con la Selección mayor, ante Colombia en Barranquilla, una derrota 3-1 por las eliminatorias para Francia 98. Había integrado la selección sub 20 que disputó el Mundial de Portugal en 1991.

En Peñarol estuvo entre 1993 y 1998. Al año siguiente se fue a Chacarita de Argentina. Pasó al Olimpia de Honduras en 2001. Regresó a Peñarol en 2002 y estuvo solo un año. Después anduvo por China, defendió a Sporting Cristal en Perú y regresó definitivamente al país para jugar por Liverpool, Durazno y el club de su tierra natal, Cerro Largo, donde se retiró en 2008. Según explicó después, se sentía con cuerda como para seguir, pero le costaba viajar seguido entre Melo y Montevideo.

Luego hizo los cursos de entrenador y de gerente deportivo. Su primera experiencia como técnico fue en las formativas de Peñarol, donde hizo toda la escalera. “Arranqué en la captación con Néstor Goncálvez y me inicié con una generación espectacular, la del 98: Rossi, Valverde, Santiago Bueno, Franco Martínez y Facundo Torres, entre otros . Luego hice Séptima, Sexta, Sub 16 y Tercera División. Sólo me faltó llegar a Primera”, contó una vez a Ovación.

Más tarde se desempeñó como ayudante de Gustavo Matosas, en Arabia, en Paraguay y en Estudiantes de La Plata. Y su debut como técnico principal fue en el Juticalpa de Honduras, aunque luchó contra el escaso presupuesto del club. También probó en otras actividades, como la producción de eventos y el negocio inmobiliario. Sin embargo, nunca dejó el fútbol, que lo acompañó hasta el último instante, un día antes de cumplir 49.

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