HACIENDO HISTORIA

El joven Rampla

Esplendor de un club y un barrio: campeones en 1927.

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Foto: archivo El País.

Yo te canto, viejo Rampla/ que sos igual que un tanque/ porque nunca te entregás, dice el tango. Un barrio, una cancha famosa en todo el mundo por su ubicación y no pocas glorias escribieron su larga historia. Pero hubo un momento en que Rampla era casi un niño entre clubes muy jóvenes, y sin embargo ya marchaba con paso triunfal. Con apenas 13 años de existencia, en 1927 conquistó el Campeonato Uruguayo entre 20 aspirantes.

Se sabe que en el fútbol, el pique caprichoso de una pelota puede cambiar el curso de campeonatos. Sin embargo, en el fondo, también el deporte es resultado de la sociedad de su tiempo. La trayectoria ramplense a través de los años es una prueba.

Rampla Juniors nació en 1914 en la Aduana. Cinco años más tarde se mudó a la Villa del Cerro, que vivía su primera edad dorada, resultado de la pujanza de una industria frigorífica que daba empleo a miles de personas. Su situación geográfica determinó además cierta autonomía del resto de la ciudad. La zona no tenía aún clubes en primera, aunque la actividad futbolística ya era intensa. Incluso había varios equipos llamados Cerro, si bien el actual se creó en 1922 al amparo de la Federación Uruguaya de Football.

Con abundancia de campitos para el juego y el bienestar familiar asegurado por el trabajo en la industria, era natural que los futbolistas de la Villa se destacaran. Rampla debutó en primera en 1922 y al año siguiente fue subcampeón. Es más: entre 1922 y 1937, el rojiverde nunca bajó del cuarto puesto en el Uruguayo. También en 1923 inauguró su cancha, el Parque Nelson, en homenaje al vicealmirante inglés vencedor de Trafalgar, que se volvería legendaria con la bahía tras un lateral y un astillero pegado a un arco. En 1966 se reemplazaron sus gradas de madera por cemento y desde 1980 se llama Estadio Olímpico, pero mantiene ese aire tan particular.

Hace nueve décadas, el fútbol culminaba su proceso de normalización a la salida del Cisma. Para reubicar a todos los clubes que habían competido durante aquel período en el cual convivieron dos organizaciones, la Asociación y la Federación, cada una con su propio torneo, el Campeonato Uruguayo tuvo 20 participantes. Nunca antes ni después fueron tantos, lo que determinó que se empezara a jugar en abril y se terminara en febrero del año siguiente. La Celeste había conquistado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París y se preparaba para defenderla en los de Amsterdam, pero la actividad interna tenía todavía mucho de barrial y de amateur. Se jugaba en pequeñas canchas, la mayoría de ellas hoy desaparecidas.

Los clubes grandes, en tanto, concertaron giras: Nacional se fue a América del Norte y Central, Peñarol a Europa. Rampla no desaprovechó su buen momento y ganó la Copa Uruguaya. Fueron 25 triunfos -entre ellos, un 4-0 a los aurinegros y un 4-1 a los tricolores-, siete empates y seis derrotas.

El mayor destaque en su rico plantel era para el triángulo final. El arquero Enrique Ballestrero sería el campeón del mundo titular en 1930. Pedro Aguirre, golero que se convirtió en zaguero, defendió más de diez años la camiseta roja y verde. Y Pedro Arispe, el Indio, fue una figura legendaria, bicampeón olímpico con la Celeste. También debe mencionarse a Juan Carlos Alzugaray, marcador de punta campeón sudamericano en 1924; Juan Bergolo, el otro lateral y también seleccionado; los delanteros Conrado Bidegain y Vital Ruffatti, Culebra, a quien en Europa llamaron “el pequeño Scarone”.

La consagración llegó en el último capítulo de la ardua campaña, con un 3 a 0 sobre Olimpia en el Parque Nelson. Cuando Ruffatti logró el tercer gol, la fiesta se desató, con cohetes y bombas de estruendo. Al final del partido, otro momento especial: el árbitro Tejada le pidió a los jugadores de Olimpia que no dejaran la cancha para dar tres hurras por los nuevos campeones. Después, una columna de hinchas y futbolistas salió por Turquía detrás de un grupo de tamboriles. “Lo único que faltaba, como apoteosis final, era que la Fortaleza del Cerro empezara a hacer algunas salvas en homenaje a los campeones de la localidad”, comentó El País.

Resultó un buen año para el fútbol del barrio, porque Rampla también fue campeón de tercera división, Cerro ganó el Competencia de segunda y Defensor del Plata el Uruguayo de cuarta división.

No hubo vacaciones para Rampla: una semana después se embarcó rumbo a Buenos Aires, donde jugó contra Boca Juniors. Ante 15.000 personas en la vieja cancha de madera boquense, perdió por 2 a 1. Dos años más tarde, se fue cinco meses de gira por Europa, donde enfrentó entre otros a Valencia, Betis, Benfica, Atlético Madrid, Schalke 04 y Ajax.

En la década de 1930, el auge económico del Cerro recibió dos golpes, la Gran Depresión y la decisión del Reino Unido de comprar carne solo a sus colonias o excolonias. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y a continuación la Guerra de Corea le dieron nueva vida a las exportaciones de carnes uruguayas. A fines de la década de 1950 los capitales estadounidenses de la industria frigorífica se retiraron del país. Más tarde cerró el Frigorífico Nacional. El barrio ya no fue el mismo y también Rampla lo sintió.

Antes, durante el esplendor, había sido vicecampeón uruguayo en 1932, 1940, 1947, 1958 y 1964. También obtuvo dos veces el Competencia (1950 y 1955) y el Torneo de Copa 1969, que le permitió jugar un sudamericano de campeones de copa, fugaz creación de la Conmebol. En 1956 hizo otra gira por Europa. Le faltó el título máximo local, pero siempre dio pelea a los grandes y llenó el Centenario cuando se presentaba. Los seleccionados uruguayos contaron con muchos jugadores ramplenses. Los tiempos más recientes fueron duros, enfrentó varios descensos e incluso dejó de competir un tiempo por problemas económicos, pero supo volver para pelear el día a día. Como lo hacen hoy los vecinos de la Villa del Cerro.

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