ANÁLISIS

Jorge Barraza: "La garantía de Uruguay es el maestro Tabárez"

El periodista argentino, que en 1989 fue el primero en denunciar la trampa del “Cóndor” Rojas, advierte que el fútbol sudamericano es “un motor que carraspea”

En Rusia. Jorge Barraza en plena tarea en el Centro de Prensa del Mundial 2018, el décimo que cubrió en su trayectoria periodística.
En Rusia. Jorge Barraza en plena tarea en el Centro de Prensa del Mundial 2018, el décimo que cubrió en su trayectoria periodística.

Hace 30 años justos, Jorge Barraza fue el único periodista que denunció la trampa del “Cóndor” Rojas, al fingir una herida por el lanzamiento de una bengala durante el partido Brasil-Chile en Maracaná: desde su pupitre de prensa lo vio todo. Fue un episodio muy comentado en su extensa trayectoria, desde el diario Crónica y El Gráfico hasta la revista Conmebol y la labor como instructor en comunicación para la FIFA. Tiene escritos varios libros, cubrió 10 mundiales y hoy es columnista de numerosos medios latinoamericanos.

Barraza, nacido en Santa Fe (Argentina) en 1955, es entonces una voz autorizada: puede comentar en perspectiva la importancia del ciclo de Tabárez en la Selección uruguaya, analizar qué puede ocurrir con Maradona en Gimnasia de La Plata y observar con preocupación el presente de la Libertadores y el futuro de las selecciones sudamericanas. Y también recuerda cómo promovió una vuelta olímpica uruguaya en Colombes. Este es un resumen de la entrevista.

-¿Cómo ve desde afuera el proceso de Tabárez en la Selección uruguaya?

-Es el más serio de toda América, sin dudas, aunque no por los diferentes gobiernos de la AUF sino por el propio Tabárez. La garantía es él. Es un lujo tenerlo. Cada vez que entra a una conferencia de prensa da un magisterio. Es un placer escucharlo. Pero ha sido posible por los éxitos. Si no tuviera triunfos también a él le hubieran puesto fecha de vencimiento. Por otro lado, algo lógico. Hay una frase instalada en el fútbol que dice “los resultados mandan”. Tres clasificaciones mundialistas seguidas, una Copa América, cuartos en Sudáfrica, es mucha campaña. Y no se casa con nadie. Y tiene liderazgo. Tabárez es como la salud, lo van a valorar cuando ya no lo tengan.

- ¿Es posible un proceso similar en la Argentina?

-En cualquier lado es posible si el trabajo va acompañado de ciertos resultados. Y en Argentina es más fácil porque hay un universo mayor de jugadores, pero no aparece el conductor con espalda para aguantar el cachivache que es la AFA. Si Menotti tuviera 40 años, sería posible. Ojo, no soy menottista ni en un 30%, pero es innegable que tiene la personalidad para sobreponerse a una dirigencia chiquita y a un periodismo pobre y a veces caníbal. Ahora Menotti es un hombre muy mayor. No hay una figura de su talla.

- ¿Qué le parece el regreso de Maradona para trabajar en la Argentina? Acá mucha gente piensa que será un gran problema para Gimnasia.

-Gimnasia no se salva ni con chinchón de mano. Lo digo con pena, me gusta Gimnasia, es un club querible. Pero está muy abajo en los promedios y tiene un plantel limitadísimo. La movida del presidente de Gimnasia al traer a Maradona fue genial: tal vez no lo salve del descenso, pero revolucionó el club, devolvió la sonrisa, la ilusión y el orgullo a una hinchada caída, a un club hundido. Y provocó un terremoto económico. En una semana se hicieron 5.000 socios nuevos y se recuperaron 6.000 más que eran morosos. Agotó una línea de camisetas a 78 dólares cada una, va a llenar todas las canchas, se habló más de Gimnasia en una semana que en un siglo… Igual, Maradona no va a dirigir los entrenamientos, va para arengar. Todavía tiene un carisma sensacional, es increíble. El problema con Maradona es cuando lo hacés pasar; después lo tenés adentro. Pero está bueno, sentimental. En fin, esperemos a ver qué más hay.

- ¿Qué recuerda del caso Rojas, usted que fue el primero en denunciar que se trataba de una trampa del arquero? ¿No temió equivocarse al denunciar algo tan serio?

-Estaba en Maracaná como enviado especial de El Gráfico. Vi caer la bengala y me quedé con eso, me desentendí del juego. La bengala cayó detrás de Rojas, él ni la había visto, cuando se dio cuenta de la luz y del humo se dio vuelta y se lanzó encima. Ahí se produjo un corte y simuló que lo habían herido. Es el mayor intento de engaño en la historia del fútbol. Pero lo vi de casualidad, no fue mérito. Eso sí: lo vi perfecto. Como si ves a alguien en un supermercado tomar un producto, esconderlo entre su ropa y mirar a cada lado a ver si alguien lo ha pescado. Fue lo que me dio la certeza total del fraude. Una actitud dolosa. Tuve que discutir con Proietto, el director, para poder ponerlo en la nota de El Gráfico, pero por suerte me la respetaron. El título fue: “Una farsa que ensucia al fútbol”. En Chile me querían matar por eso. Salió bien, sin embargo si él no hubiera confesado como lo hizo en el diario La Tercera, me pudo haber traído consecuencias legales graves, a mí y a la revista. Pero en ese momento lo único que quería era escribir la verdad. Él me decía: “En todo caso poné que abrigás dudas”. ¿Qué dudas? no tengo ninguna duda, voy a escribir lo que vi, para eso vine a la cancha. Y Proietto, que es comiquísimo, me dice: “Ah, claro, porque el señor es el enviado especial…”

- ¿Hacia dónde van la Libertadores con la creciente diferencia económica entre los grandes de Argentina y Brasil y el resto?

-Lo acabo de escribir en una de mis columnas en varios diarios: ese predominio hace que se esté perdiendo interés. Doy un par de datos: Crefisa, el auspiciante en la camiseta de Palmeiras, le paga 21 millones de dólares anuales. Una cifra inimaginable para la mayoría de los clubes de la región. Y se trata de un solo rubro de ingresos. Eso mismo vale para Flamengo, Corinthians, Inter, Gremio, Cruzeiro, São Paulo… Algo similar ocurre con Boca y River, sobre todo Boca, cuya facturación es muy elevada, tiene 140.000 socios que abonan religiosamente entre 14 y 24 dólares mensuales. Pueden fichar, fichar y fichar… A nivel de clubes lo económico es demasiado importante. La misma brecha que se abrió entre Europa y Sudamérica se da entre los clubes brasileños y argentinos y el resto. Entonces, por más marketing que quieran darle a la Libertadores, los demás países pierden posibilidades, y con ello, interés.

- ¿Y hacia dónde va el fútbol sudamericano, en una comparación con el europeo?

-Es como un motor que carraspea, pierde fuerza y parece desinflarse, no sabemos de dónde proviene la falla; pero algo no funciona bien. El fútbol sudamericano acusa problemas; más notorios y severos, por cierto. Primero pasó con los clubes, que quedaron muy rezagados respecto de los europeos, y ahora no sorprende que pierdan con los de Asia o África. Luego fueron las selecciones: desde 2002 no obtienen un Mundial y su participación ha sido progresivamente menos protagónica en esa Copa, que era orgullo del continente. En Rusia ninguna llegó siquiera a semifinales. Los Mundiales juveniles, donde Argentina y Brasil arrasaban, también son esquivos. La Libertadores y los torneos locales fueron perdiendo esplendor por el éxodo temprano de los pocos que destacan acá Ahora vemos que las grandes estrellas sudamericanas en el escenario internacional son mínimas. Quedan Messi y Neymar en la élite. Y luego Suárez, James, Vidal un escalón más abajo; hay muchos otros actuando en Europa, pero a un nivel más común. Incluso se han reducido a un número bajísimo los pases a Europa, no porque se logre retener a los talentos, sino porque no hay o no despiertan mayor interés. Los cracks por los que pugnan los clubes poderosos (Hazard, Mbappé, Pogba, Griezmann, De Jong, De Ligt) son todos de allá.

- ¿Cómo fue aquello del acto en elestadio de Colombes en 1998?

-Estuve 38 días en París en el Mundial 98, me dije: no puedo estar acá y no conocer Colombes, donde empezó toda la gloria del fútbol sudamericano con Uruguay campeón olímpico. Me fui una mañana, dispuesto a ver fotos, testimonios de aquella gesta. No encontré absolutamente nada. Hablé con el gerente del estadio, que pertenece al Racing Club de París. “Escuchamos que aquí jugó Uruguay, pero no tenemos nada”, me dijo. Ni una foto había. Escribí una nota: “Ni una placa para tanta gloria”. A raíz de esa nota tomó estado público y se hizo un homenaje inolvidable el 9 de junio, al cumplirse el aniversario de la final ante Suiza. Se invitó a los periodistas del continente, de los que me acuerdo estaban Jorge Crosa y Sergio Gorzy; se fletaron dos buses desde el centro de prensa, vino la dirigencia de la AUF, el embajador uruguayo, dimos una vuelta olímpica a la cancha como los campeones del 24, se descubrieron dos placas que ahora sí están en el estadio y recuerdan aquella gesta, una de la Conmebol y otra de la AUF. Pero lo de la vuelta olímpica fue bárbaro, muy emotivo.

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