HACIENDO HISTORIA

Jiménez y Carrasco, cuando el crack del equipo usaba la camiseta 8

En la década de 1970 se destacaban por su gran habilidad en Peñarol y Nacional, se ganaron el fervor de los hinchas pero nunca jugaron juntos por la Selección

Jiménez y Carrasco
Julio César Jiménez y Juan Ramón Carrasco en una práctica del seleccionado

Hubo un tiempo en el fútbol en el cual todos sabían que si se hablaba del “cuatro” era el marcador de punta derecho. Y si se trataba del “once”, la referencia era el puntero izquierdo. Los números de las camisetas ya son relativos, incluso muchos jugadores eligen cifras mucho más allá del 11, pero el 10 se mantiene como identificación del más talentoso de cada equipo. Fue la camiseta de Pelé, luego de Maradona y ahora es la de Messi.

Sin embargo, ese fútbol de habilidad y gol en el fútbol uruguayo llegó a corresponder a la camiseta número ocho. Y en la década de 1970, los “ochos” de Peñarol y Nacional eran grandes figuras, que dejaron su marca en el corazón del hincha: por orden de aparición, el artiguense Julio César Jiménez con la aurinegra y el sarandiyense Juan Ramón Carrasco con la tricolor.

Antes, el ocho había lucido en las casacas de Pedro Rocha e Ildo Maneiro, por citar a otros dos cracks. ¿Y por qué no el 10? En la década de 1960, todavía bajo la influencia del 4-2-4, los clubes grandes solían jugar con cuatro delanteros. Y en el reparto de números, el 10 le tocó a Alberto Spencer y Luis Artime.

Pero la historia hoy gira alrededor de Jiménez y Carrasco. Y también sobre la única vez en que se planteó la posibilidad de que jugaran juntos con la Celeste.

Allá por 1977, Uruguay había quedado eliminado del Mundial de Argentina y la Selección se disolvió. Pero estaban pactados amistosos ante Alemania e Inglaterra. Para afrontarlos, la AUF designó al profesor Omar Borrás, que entonces desempeñaba un cargo más bien administrativo en el fútbol.

Borrás convocó entonces a un grupo de jugadores, todos de clubes locales como se acostumbraba entonces. Y anunció que para el encuentro con los alemanes, por esos días campeones del mundo, pensaba alinear como titulares a Jiménez y Carrasco. No pudo ser: Jiménez se lesionó en el partido previo con Peñarol. Nunca se los logró juntar en una cancha, salvo como adversarios. Con el seleccionado, cuando estuvo uno, faltó el otro.

El Pibe y JR tenían varias cosas en común, empezando por una enorme habilidad. Los dos eran diestros. Ambos habían debutado muy jóvenes y habían atravesado contratiempos en su carrera. No se llevaron bien con algunos entrenadores y se fueron a jugar a Argentina. Jiménez realizó su carrera allí hasta su retiro, con un breve pasaje por el Barcelona, en tanto Carrasco tuvo varios regresos y sucesivas partidas desde el tricolor. Y con una larga vigencia como jugador y hasta hoy como técnico, resulta mucho más conocido para las generaciones posteriores.

Carrasco tenía más potencia, Jiménez era más ágil. Aquel era más certero en los tiros libres. Este llegaba más al área. Juan Ramón era el eje de Nacional en su momento, Julio representaba la segunda figura de Peñarol, detrás de Fernando Morena.

¿Cómo se hubieran llevado en un mismo equipo? Seguramente de entrada hubiera sido una dupla difícil, porque eran muy individualistas a partir de su dominio de la gambeta. Pero como grandes jugadores al final se hubieran entendido. En Argentina, Jiménez se adelantó en la cancha y pasó a jugar como centrodelantero, sobre todo en el famoso equipo de Ferro Carril Oeste que peleó el título con el Boca de Diego Maradona.

Jiménez (su apellido a veces se escribía con “G”) apareció en Peñarol en 1971, con solo 17 años y de allí su apodo. Y ese mismo año debutó en la Selección en un amistoso ante Chile. En 1974 integró el plantel celeste que fue al Mundial de Alemania. Con la camiseta aurinegra tuvo altibajos, casi siempre derivados de problemas físicos (lesiones o una larga hepatitis), que solían aparecer cuando mejor estaba jugando. Tampoco lo ayudó su falta de entendimiento con algunos técnicos.

Con quien mejor se llevó fue con Juan Alberto Schiaffino, quien pareció entender su estilo. Y así tuvo un gran año 1976. Le hizo tres goles a Nacional por la Liguilla (fue el último hat trick aurinegro en un clásico) y desde 35 metros le marcó un golazo al Pato Fillol por la Libertadores. Más tarde vino el brasileño Dino Sani y reaparecieron los cortocircuitos. A mediados de 1978 Peñarol lo transfirió a Vélez Sarsfield por 100.000 dólares, una suma no muy alta tampoco entonces.

Ya entonces el jugador emblemático de Nacional era Carrasco. Había surgido con el grupo de jóvenes que promovió el técnico argentino Miguel Ignomiriello. Además, fue campeón sudamericano juvenil con la Celeste en Lima 1975. La masiva partida de figuras tricolores por motivos económicos en la década del 70 le dio casi enseguida la titularidad. Enseguida mostró sus condiciones, aunque al igual que Jiménez atravesó problemas (un accidente de tránsito luego de un triunfo clásico, un dopaje positivo).

En 1979 fue transferido junto a Alfredo de los Santos a River argentino, que tenía un plantel colmado de estrellas. Carrasco, acostumbrado a ser el centro del equipo en Nacional, no toleraba ser suplente. Varias veces se enfrentó con el técnico Ángel Labruna, hasta que lo cedieron a Racing de Avellaneda. Se inició así una recorrida por clubes de España, México y Uruguay, incluyendo esos varios pasajes por Nacional, siempre con gran notoriedad.

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