FÚTBOL

La jerga del fútbol español nos invade

Desde “balompié” a “cantar el alirón”, en la Madre Patria existe una larga serie de términos propios para hablar de este deporte, algunos muy curiosos.

Foto: AFP
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Luis Suárez ha hecho uno de sus regates, chutó el balón a puerta y el portero encajó el gol”. Cualquiera reconocería el significado de la frase, aunque utilice palabras muy típicas del fútbol español. La globalización del deporte, así como la de los medios, y en particular el éxito internacional de LaLiga española, determinan que todos estén familiarizados con su jerga.

Sin embargo, el léxico del fútbol español incluye palabras que siguen sorprendiendo a los hinchas ajenos, un poco por su peculiaridad, otro poco por la atracción que a menudo despiertan las expresiones castizas.

Un término bien español es balompié, por supuesto para designar al deporte que todos (salvo en Estados Unidos) conocen como fútbol. En realidad, si bien es una creación muy propia, tampoco se usa mucho ya en España. La inventó el periodista Mariano de Cavia en una nota publicada en el diario madrileño “El Imparcial” el 1° de agosto de 1908, por preferirla a la inglesa football.

“Cierto que al principio parecerá rara y chocante la palabra ‘balompié’, como acontece con toda novedad léxica; pero repítase varias veces el vocablo -balompié, balompié, balompié, balompié- y presto se acostumbrará el oído, mercede a la significativa y castiza estructura de esas tres sílabas. ¿No es esto mejor que decir ‘fubol’, como dicen los más, diciéndolo torpemente y sin saber lo que se dicen?”, escribió entonces De Cavia.

La propuesta no tuvo mucho éxito inicial. En 1940, el régimen franquista ordenó a los medios la utilización de palabras españolas para sustituir a las de origen extranjero, sobre todo inglesas, en la designación de los diferentes elementos de los deportes. Así, desaparecieron términos que en Uruguay sobrevivieron durante décadas o incluso se mantienen hasta el presente, como corner, back, foul. Más allá de la orden de la dictadura, balompié siguió sin imponerse frente a football o su castellanización, fútbol.

También es claro que los nombres de los clubes allá van precedidos de artículo: “el Barcelona”, “el Real Madrid”, “el Valencia”. Y por eso cuando mencionan a los nuestros, los llaman “el Nacional”, “el Peñarol”, “el River Plate”. Cuando se trata de selecciones, sin embargo, algunos medios españoles usan el artículo femenino. Se han visto crónicas hablando de “la Uruguay”, lo cual rechina a los oídos de los hinchas de la Celeste (en este caso, sí vale).

Balón es una de las palabras más obvias. Y de ella viene el balonazo, que no es otra cosa que un pelotazo. Rara vez se escuchará a un relator español hablar de la pelota. De allí, todas las expresiones derivadas, como balón parado o línea del balón.

Desaparecida a la fuerza la palabra foul, en España se empezó a hablar de falta. Incluso cuando se convierte un gol de tiro libre, se dice gol de falta. Y en vez de outball, es saque de banda.

El tiempo adicional, que por aquí son los descuentos, allá es la prórroga.

¿SALIR O ENTRAR? Uno de los giros más curiosos es la frase “salir al campo”. En Uruguay y en casi toda América Latina, cuando un jugador es reemplazado, sale de la cancha mientras entra su reemplazante. En España, sin embargo, es el reemplazante quien sale a la cancha. El otro simplemente es sustituido. Por estas tierras se utiliza salir a la cancha para describir el ingreso de los equipos, antes del partido. Después que la pelota comienza a rodar, el centro del mundo es la cancha, por lo cual para sumarse al partido es necesario entrar.

El árbitro es el colegiado, supuestamente porque forma parte de una organización colegiada. Pero también existe un raro sinónimo, que nadie usa más allá de la península ibérica: “trencilla”. La costumbre nació hace mucho, cuando los árbitros vestían saco, y esa prenda tenía una especie de galón o adorno de lana conocida justamente como trencilla.

No hay nadie que ignore que el arquero, en España, es el portero, porque el arco es la puerta o la portería. Cuando Argentina jugó un amistoso ante España en Madrid en 1952, el golero Ogando albiceleste estaba cumpliendo una gran actuación hasta que se lesionó. Lo reemplazó Musimessi, que también atajó todo. Eso llevó a un espectador madrileño a preguntar, admirado: “¿Pero cuántos porteros tenéis en Argentina…?”. El uruguayo Borocotó, enviado de El Gráfico, le respondió: “Muchos, y son todos gallegos”, en referencia chistosa a los encargados de los edificios, un oficio que entonces ocupaba por lo general a inmigrantes españoles.

ENCAJAR. Encajar un gol, en tierras ibéricas, significa recibir un gol. En América Latina, el verbo encajar se usa en cambio desde el punto de vista de quien convierte el gol. El rondo, un ejercicio muy utilizado en Barcelona para mejorar la técnica de posesión, no es otro que el criollo “monito”. Y el futbolín es, simplemente, el futbolito, un juego con tantos nombres como países donde se practica.

Y así desfilan palabras como regate (gambeta), larguero (travesaño), penalti (penal), bota (botín o zapato de fútbol), derbi (clásico), afición (portero)...

Como la globalización se mueve en ambos sentidos, algunas palabras criollas se cuelan en crónicas deportivas españolas. Por ejemplo, en España ya se usa el vocablo chilena para referirse a lo que antes denominaban de manera demasiado larga: tijera de espaldas a la puerta.

Fichaje, como sinónimo de transferencia de futbolistas, se usa mucho en la prensa uruguaya. Lo mismo ocurre con campo como sinónimo de cancha. En España prevalece el vocablo campo, incluso como sinónimo de estadio.

Banquillo, para designar al banco de suplentes, suena a diminutivo inapropiado, porque las instalaciones donde hoy en día se ubican suplentes y cuerpo técnico no son para nada pequeñas. El área chica es, en tanto, el área pequeña. Y el delantero que se tira al piso allí buscando el penal incurre en un piscinazo.

En Uruguay, en esa incidencia y con suerte cobrarían penal, mientras que en España sería pitar el penalti. La silbatina que recibiría el árbitro en ese caso sería, en dominios de la LaLiga, una pitada. A la tarjeta, amarilla o roja, del otro lado del océano, se le dice cartulina. Y poner el autobús equivale al uruguayísimo enunciado “poner la bañadera”.

Pepinazo sería un remate muy fuerte. Lo llamativo es que en Uruguay, recibir tres goles es “comerse tres pepinos”. La hinchada, en realidad, es por allá la afición, aunque la palabra hincha tiene un curioso sinónimo en “forofo”.

Dorsal, en tanto, es el número de la camiseta que viste el jugador, que suele estar en el dorso del jugador.

¿ALIRÓN? La jerga futbolera española incluye expresiones singulares, como “cantar el alirón”, que significa salir campeón. Por ejemplo, “Barcelona ha conseguido cantar el alirón”. La costumbre viene de una antigua canción, titulada El Alirón, a la cual le cambiaron el estribillo para dejarlo así: “¡Alirón, alirón! XX es campeón!”. Se asegura que la idea vino de los aficionados del Athletic Bilbao allá por 1913.

Y hay más... Maletín es una forma de describir las primas a terceros, que no son otra cosa que los incentivos a un tercer equipo. Las primas, dicho así simplemente, son los premios que el club paga a su plantel después de un triunfo o una clasificación. Aquí se usaba para referirse a un dinero extra que se le daba a los futbolistas cuando renovaban contrato. En estos tiempos de austeridad, ¿seguirán existiendo esas primas?

Tangana es una pelea entre jugadores. Los ultras son los hinchas belicosos, que en Uruguay, como reflejo de Argentina, son conocidos como barra bravas o simplemente barras.

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