APERTURA

El invento acabó con el inventor

JR cambió la matriz del fútbol local hace 15 años; ayer Munúa le dio de su propia medicina.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Munua Carrasco

En los dos últimos años del siglo XX y a comienzos del XXI, cuando el fútbol uruguayo era gris, parecía haber quedado en el tiempo, se disputaba en potreros, y el pelotazo, el juego cortado y el predominio de la destrucción sobre la construcción dominaba los encuentros de la competencia local, surgió un diferente, un iluminado llamado Juan Ramón Carrasco, que como en sus mejores tiempos como futbolista, llegó con un manual dispuesto a romper el molde.

Desde el anonimato, primero —aunque rápidamente captó la atención de todos los medios por su particular forma de ser—, con El equipo de las estrellas (los jugadores libres de la Mutual de Futbolistas) y, luego, en Rocha y Fénix, comenzó a tirar líneas sobre un imaginario lienzo acerca de cómo se vería mejor el fútbol, pintado de otra forma. Lo tildaron de loco. Sin embargo, fiel a su estilo, ignoró las críticas y avanzó en su proyecto revolucionario.

Unos años después ya no solo en Uruguay, sino en América (Copa Libertadores, Copa Sudamericana), hablarían de su quijotada para cambiar la matriz del fútbol local. El resto de la historia es conocida. Así como la forma rebelde de plantarse ante el fútbol lo potenció, sus actitudes (menoscabó la defensa, se ubicó en un pedestal por encima de los jugadores, tuvo desaires que rompieron las buenas costumbres), lo condenaron, pero plantó una semilla, que germinó y sobre ese concepto futbolístico crecieron los nuevos entrenadores, que cambiaron el curso del fútbol local. Y con Gustavo Munúa, como representante de los nuevos estrategas, una noche de fútbol en estado puro, el invento acabó con el inventor.

1 - Empató con una jugada a lo Carrasco

Rodrigo Amaral, típico jugador de los que impulsó “JR” para revolucionar el fútbol, a los 81’ presionó sobre la pelota, ayudó a recuperar el balón, recibió, avanzó en la cancha, abrió para Espino y De Pena -que se molestaron al intentar recibir el balón-, corrió al segundo palo y convirtió de cabeza el 1-1.

2 - Manejo de Porras

El volante marca el ritmo en el fútbol de Nacional. Con sus desplazamientos, que muchas veces parecen cansinos, establece el contenido y la forma. Por sus pies pasa el equilibrio de los tricolores. La nota gráfica muestra uno de los pocos descuidos que tuvo la defensa tricolor y se ve al 14 intentando impedir el remate de Santiago García, que terminó en el gol de River Plate.

3 - DInámico y a un toque

Durante gran parte del partido de anoche, como en el estreno en la Copa Sudamericana y en el Apertura, Nacional fue el emporio del fútbol bien jugado, a un toque, dinámico, veloz y con un espectáculo que disfruta cualquier futbolero. El motor de Nacional es Ignacio González, el mismo “Nacho” que Carrasco eligió en el Preolímpico de 2004 para liderar su proyecto en el campo.

4 - La debacle; hizo lo que nunca realizó: pensó en defensa

Se jugaba el segundo tiempo, Ángel Rodríguez se acercó a la línea para decirle al DT que no podía seguir. Tres minutos después, Carrasco mandó a Cristian González a la cancha (un defensa por un volante... ¡impensado para “JR” en otros tiempos!). Darío Flores pasó al medio, “Killy” a la zaga, y chau partido.

5- No le tembló el pulso y apostó por el fútbol hasta el final

En los últimos 15 minutos, cuando Nacional no podía dar vuelta el marcador, el asistente Berman -dos veces- y el profe Franco -una mostrándole el reloj- le recordaron que le quedaba un cambio. Munúa se mantuvo fiel a su proyecto, confió en los que estaban en cancha y se guardó una variante.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)