FÚTBOL

Es inigualable

La final de la Copa Libertadores que Conmebol aún no ratifica entre River y Boca dejará una huella imposible de olvidar. Es la más grande de la historia

Foto: Prensa River.
El uruguayo Nahitan Nández será un actor de lujo en el súper clásico. Foto: Prensa River.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna”, escribió Homero Manzi para describir en su tango Ninguna que el adiós de aquella mujer se guardaría eternamente. La obra inmortal del letrista que dejó más tangos y milongas famosas recobra una dimensión única para la que perfectamente puede ser llamada la final del siglo. O, más aún, la mejor final de todos los tiempos de la Copa Libertadores.

La comparación surge de manera inevitable. La capacidad de Manzi machaca notoriamente sobre el presente y futuro de esta contienda futbolera. La fuerza que le concede el rico pasado, la enorme rivalidad que existe entre Boca Juniors y River Plate convertirán al desenlace de la final en la fiesta más grande de todas. Y también el dolor será eterno. “Cuando quiero alejarme del pasado, es inútil... me dice el corazón”, precisó Manzi para describir la angustia que se siente con la ausencia. Y no habrá peor pérdida para el hincha de River o de Boca que ver como el trofeo de la Libertadores se lo saca de las manos el rival de todas las horas.

América entera entregará sus ojos y oídos a las dos contiendas, fijadas por Conmebol para el sábado 10 en La Bombonera y el 24 la revancha (todavía no confirmaron el Monumental a la espera del fallo por el reclamo de Gremio). Habrá récord de audiencia televisiva. Demanda enorme de entradas y hasta una ola especial de turistas dispuestos a realizar el viaje más alocado de todos con tal de ser testigo directo de esos dos duelos.

Serán finales impactantes. Y de relación estrecha con Uruguay. De un lado estarán Nahitan Nández y Lucas Olaza. Del otro Camilo Mayada, Rodrigo Mora y, quizás, Nicolás De la Cruz. Además, imposible no tenerlo en cuenta, al Millonario lo dirige Marcelo Gallardo, quien fuera jugador y técnico de Nacional.

Pero no termina ahí ese entrañable vínculo entre los dos equipos más grandes de la República Argentina y este margen del Río de la Plata. El viejo y querido cántico de “¡U-ru-gua-yo!” atruena sin pausa en cada rincón del Monumental de Núñez de la misma manera que irrumpe por las escaleras de La Bombonera.

No hay década o ciclo exitoso en el que la sangre charrúa defienda con honor una de las dos camisetas. Así se ganaron su sitio de privilegio Severino Varela, Walter Gómez, Enzo Francescoli, Sergio Martínez, Nelson Gutiérrez, Ariel Krasouski, Antonio Alzamendi y General Viana, por nombrar a algunos de los hidalgos orientales que convirtieron a la banda roja o a la franja amarilla en su segunda piel.

Además del parentesco que existe con el fútbol uruguayo, las dos finales se convertirán en insuperables por diversos factores. Entre ellos, por ejemplo, la edición de 2018 es la última que dará la posibilidad al derrotado de tener una revancha. Desde la futura edición, imitando a la Champions League, el choque por el título se dirimirá en un partido único.

Hay más. Por ser un desafío entre dos equipos argentinos y teniendo en cuenta la problemática que persiste en el país con la violencia, se jugará solo con público local como sucedió ya con otros compromisos entre estos dos conjuntos.

El entorno es inigualable. Y la que sale ganando es la propia Copa Libertadores. Sí, que está plagada de grandes triunfos, de epopeyas deportivas y de actuaciones dignas de ser evocadas todos los años, pero que nunca antes tuvo la fortuna de poner frente a frente a dos “enemigos tan íntimos”.

Es eso lo que alimenta la expectativa, de la que no pudo abstraerse la propia Conmebol. Queriendo ser estricta con las reglas escribió en las redes sociales que la final estaba sujeta al fallo de la Unidad Disciplinaria por el reclamo de los puntos de Gremio, pero también se encargó de promocionar con un singular afiche a la próxima final del torneo continental.

Aunque no lo quieran, también están deseosos de ver a esta final inigualable. Lo dijo Manzi: no habrá ninguna igual.

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