CLÁSICO

Cómo se inició una rivalidad centenaria

Antecedentes deportivos, sociales y hasta políticos giran alrededor del partido más esperado del fútbol uruguayo.

Hinchadas del clasico
Foto: archivo El País.

Esta tarde se cumplirá un capítulo más de la historia infinita del clásico uruguayo, que existirá mientras exista el fútbol. Pero, ¿cuándo empezó? ¿y por qué se convirtió en un clásico?

La historia de Nacional y Peñarol representa un campo más de su competencia eterna, aunque no es aventurado afirmar que la rivalidad viene incluso de antes de la propia existencia de ambos: es la consecuencia de una serie de procesos sociales y deportivos que se registraron en el Uruguay del siglo XIX. Esa es una de las razones de por qué el antagonismo está tan arraigado.

El surgimiento y la evolución del clásico fueron independientes de la controversia sobre el decanato: Peñarol, como club nuevo o como continuación del CURCC bajo otro nombre, asumió naturalmente la rivalidad que había empezado con un amistoso en el Parque Central, el 15 de julio de 1900.

La lógica de la confrontación deportiva es bipolar, siempre enfrenta a “los de acá” contra “los de allá”. Por eso, ya a fines del 800 hubo una especie de clásico entre el Montevideo Cricket y el Montevideo Rowing, pioneros del deporte uruguayo, en cualquier especialidad que practicaran. En 1888 surgió otro elemento que dividió preferencias: la fundación del Club Nacional de Regatas, como rival del Rowing, introdujo la cuestión de los criollos contra los extranjeros. En realidad, la tensión entre los nacionales y los inmigrantes existió y existe en casi todas las sociedades, a veces en forma virulenta.

En el fútbol ese enfrentamiento se planteó a partir de 1892 entre el CURCC y el Albion, o sea el equipo de la empresa ferroviaria de capitales británicos y el equipo que buscaba difundir la práctica del deporte entre los criollos. Ese fue el clásico del siglo XIX, aunque Albion nunca terminó de cumplir el papel de club totalmente criollo, que desde 1899 asumiría Nacional hasta con su nombre. Quedó clara la primera razón de la rivalidad: Nacional representaba el espíritu criollo contra los británicos del CURCC y en general contra toda la organización del deporte, dominada por los extranjeros que lo habían introducido.

Al mismo tiempo, los dos fueron clubes grandes desde su origen. Los aurinegros, porque tenían detrás a la empresa ferroviaria, la mayor del país entonces; los habitantes de Villa Peñarol se convirtieron en sus primeros hinchas. Los tricolores, porque fueron el resultado de una paulatina acumulación de fuerzas: nacieron en 1899 de la fusión del Montevideo con el Uruguay Athletic de la Unión y un año más tarde se le sumaron el Universitario y el Defensa. Además, sus fundadores eran estudiantes universitarios, generalmente de buena posición económica. Como resultado de todo eso, ambos dominaron los primeros torneos locales. Si los partidos que los enfrentaban decidían quién sería el campeón, era obvio que eso los convertía en duros antagonistas. Y hasta se registraron pronto incidentes entre sus partidarios.

El periodista Franklin Morales lanzó hace años una teoría adicional: el clásico uruguayo representa una herencia de la división histórica entre blancos y colorados, pues los integrantes de esas colectividades políticas compartirían varias de las características de los hinchas tricolores y aurinegros. La vinculación de Peñarol con el Partido Colorado y en particular con el batllismo fue notoria durante muchos años. Varios de los fundadores de Nacional también eran colorados y batllistas, aunque buena parte de los nacionalistas se identificaron muy pronto con el club.

El abogado e historiador de Nacional Hernán Navascués, en tanto, observó que el surgimiento del fútbol en el país coincide con el fin de las guerras civiles, porque acercó en las canchas a gente que hasta entonces se dedicaba a pelear en las cuchillas. En todo caso, la rivalidad pasó a ser deportiva. La relación de la política con el fútbol es compleja, pero siempre existió.

El proceso de afirmación del clásico resultó muy rápido. En 1902, el diario El Día los mencionaba como “los grandes rivales de siempre”. Y en 1908 eran “los irreconciliables adversarios de todas las épocas”. No queda claro cuándo comenzó a usarse la palabra clásico, pero ya lo era, sin duda. Y en ese curso, las características iniciales de cada uno se fueron moderando. Los británicos representaron cada vez menos en el plantel del CURCC, reemplazados por obreros de origen italiano especialmente. Nacional atrajo a inmigrantes gallegos y vascos, y en 1911 su tendencia interna democratizadora radió a quienes querían sostener un deporte elitista. Esa etapa de transformaciones se completó en 1913 cuando los aurinegros cortaron los lazos con la compañía ferroviaria.

Los dos adversarios mantuvieron después algunos de sus rasgos originales (por algo surgió el dicho “Blanco, gallego y de Nacional; colorado, italiano y de Peñarol”) pero fueron incorporando hinchas de diferente origen, condición social y color político. Su crecimiento y su rivalidad continuaron por los carriles del fútbol.

Escocia: Diferencias religiosas y políticas

Uno de los clásicos más famosos por su aspereza es el Old Firm de Escocia, entre Celtic y Rangers de Glasgow, equipos separados por razones religiosas y políticas. Celtic es el equipo de los católicos y descendientes de irlandeses, con una impronta republicana, en tanto Rangers es protestante y leal a la Corona británica. Resulta poco frecuente que un futbolista llegue a defender las dos camisetas.

Argentina: El primer Boca-River fue en 1908

El superclásico argentino tuvo su primer partido en 1908. La rivalidad nació en el barrio, pues tanto Boca como River fueron fundados en La Boca. River se alejó en la década de 1920 y se instaló en Palermo, una zona de mayor poder económico, lo cual marcó una diferencia con su adversario.

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