TORNEO APERTURA

Ingrediente esencial

Confirmación: a este Peñarol no le puede faltar “Cebolla”

Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

Minuto 57. Entra Matías Corujo al campo y Cristian Rodríguez, previa entrega del brazalete de capitán a Ramón Arias, se va de la cancha. El grito de “Cebooollaaa, Cebooolaaa”, inunda el campeón del siglo con aplausos de fondo. Se va el estandarte de Peñarol en forma si se quiere sorpresiva. Faltaba mucho para terminar el partido con Rampla, pero el aurinegro ganaba 2-0 y el partido estaba controlado.

El golazo al minuto 2 de Agustín Canobbio (candidatazo al mejor del año por haberlo hecho con un semiescorpión y mandar la pelota a la red de taco y, por qué no, aspirante al Puskas de la FIFA) y el cabezazo de “Maxi” Rodríguez le habían dado una ventaja tranquilizadora al conjunto que dirige Leonardo Ramos, quien sacó al conductor del equipo pensando en el cansancio acumulado, sumado a un golpe que Leonardo Ramos luego del partido admitió le había generado una sobrecarga. Y, la verdad, a esa altura todo el mundo pensó: está bien. Lo que nadie imaginó fue lo que vendría enseguida.

Penal (mal cobrado, porque la falta fue afuera del área) para Rampla Juniors, Diego Martiñones fusiló a Kevin Dawson, puso el 2-1, el Picapiedra quedó en partido y creció anímica y futbolísticamente hasta poner en riesgo lo que parecía un triunfo aurinegro tranquilo. Todo eso ocurrió en solo tres minutos.

Lo que vino luego fue simplemente la demostración de la importancia que tiene “Cebolla” Rodríguez dentro de este Peñarol. No porque ayer haya hecho un partido espectacular, algo que no ocurrió, pero sí porque es quien le da orden al equipo al marcar los tiempos, al sacar la pelota limpia y al explotar los espacios que el rival genera, ya sea con su ubicación o con poner el balón en el lugar preciso.

Sin la pelota, con Maximiliano Rodríguez como único referente para manejar con criterio la pelota, sin profundidad y con un Rampla crecido, Peñarol la pasó mal. Incluso le pudieron haber empatado, porque Martiñones tuvo el gol a los 66’ y el balón se fue apenas por arriba del palo.

Ahí, cuando el Picapiedra pasó a controlar la pelota porque Rocha y Galli anticiparon mucho juego en el medio y el “Mago” Olivera lanzó por las bandas a Paim y Rigoletto, fue cuando apareció Guzmán Pereira para cubrir muchísimo lugar de la cancha, cortar juego y recuperar la pelota u obligar a que el rival llegue desacomodado a enfrentar la línea de cuatro.

Y la otra figura clave fue el arquero Kevin Dawson, con dos grandes tapadas con el resultado 1-0 y seguridad para salir a cortar centros.

Con Estoyanoff y Canobbio tapados, imprecisos y sin desequilibrar, sin el “Cebolla” y sin el balón, Peñarol solo aguantó hasta sellar el 2-1. Rampla fue rebelde, pero careció de poder goleador y eso le costó los puntos ante un conjunto aurinegro que cumplió con su obligación: ganar.

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