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El ingeniero: a Juan Pablo Rodríguez la carrera le llevó 20 años, pero se recibió

El exRacing nunca dejó de estudiar mientras jugaba al fútbol, consiguió el título siendo padre de tres hijos y cuando algún profesor ya se había jubilado.

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UM.La universidad de Montevideo fue fundamental para que Juan Pablo Rodríguez terminara la carrera. Foto: Marcelo Bonjour.

Dejó de jugar en Racing, el club del que es hincha desde que nació, hace dos años y medio. Juan Pablo Rodríguez tenía 34 años y podía haber seguido, pero algunas cosas lo cansaron y decidió colgar los zapatos. Arrancó a trabajar en una empresa familiar de etiquetas termocontraíbles, pero lo que nunca hizo fue dejar de estudiar. Aunque cursara un par de materias por semestre y aunque el fútbol lo deslumbrara con un debut en Primera, una convocatoria a la selección o un pase al exterior. Y hace un mes atrás, 20 años después de haber terminado el liceo en 1999, consiguió su título de ingeniero civil en la Universidad de Montevideo.

“No es que cuando dejé el liceo tuviera claro que quería seguir estudiando. Tenía también la exigencia de mis padres. Siempre era acompañar el estudio con el fútbol, no al revés. Ellos tenían claro que como jugador de fútbol, la vida te podía deparar cualquier cosa. Hubo un poco de exigencia por más que alrededor de los 20 años empecé a tomar mis propias decisiones. Siempre tuve claro que no quería estudiar nada que fuera de sentarme horas a leer. En cambio en física y matemáticas, me iba mejor. Me gustaba estudiar con música y no requería tanta concentración. Estuve entre contador o ingeniero, pero la carrera de contador también tenía mucho de libros. Lo del ingeniero fue medio por descarte, no fue que tuviera una gran vocación”, contó Juan Pablo en la Universidad de Montevideo, donde es un personaje muy conocido. Todos lo saludan y le cuentan que fue el graduado número 500 de la carrera de ingeniería. “Tenía que haber sido el 100 y fui el 500”, responde él bromeando.

Cuando terminó el liceo, con 17 años, comenzó la carrera en la Udelar. “Ese año, el 2000, fue un año de una huelga muy importante en la facultad. Y coincidió con que me subieron en Racing a Primera División. Me di cuenta que así no iba a seguir estudiando. Entonces empecé en la universidad privada. Acá tenés un asesor académico durante toda la carrera que te va guiando. Y siempre pude ir acomodando los horarios. Al principio no tenía problemas porque entrenábamos de mañana y la universidad arrancaba a las dos de la tarde. Salvo el día en que hacíamos fútbol. Lo fui llevando bastante bien aunque me iba atrasando básicamente por el fútbol. Hice primero y segundo en cuatro años”.

Cuando tenía sólo 21 años, Juan Ramón Carrasco lo citó al selección mayor para dos amistosos. “Fue impresionante para mí, pero con mis viejos tan estrictos nunca me permití decir ya está, soy jugador de fútbol. Supongo que sin esa obligación de tener que estudiar, me hubiera quedado con el fútbol porque había tenido un comienzo muy auspicioso. Pero no perdí la cabeza”, explicó.

Jugó varias veces en el exterior. Estuvo en Argentina, en Ecuador, en México y en Arabia Saudita. Eso también lo retrasó en la carrera. Después de salir campeón con Defensor Sporting, y de haber hecho el proyecto final de la carrera, le salió el pase a México y se fue a jugar afuera por seis años. En ese momento, le quedaba inglés y cinco materias para terminar. Estando en Argentina, jugando en All Boys, hizo una materia en la Universidad Austral que tenía un convenio con la UM. “Me acuerdo de caer en la clase al otro día de haberle hecho un gol a River en el Monumental y me aplaudían”, recordó riendo. “Cuando debuté con Racing en Primera, varios compañeros de la Universidad me fueron a ver. Me conocían y siempre charlábamos de fútbol, pero el uruguayo es diferente al argentino”.

Ingeniero
Ingeniero. Juan Pablo Rodríguez lo consiguió. Foto: Marcelo Bonjour.

Al volver a Uruguay se reenganchó con el estudio, pero ya estaba casado y tenía en ese momento dos hijas. Y hace dos años nació el tercero. Hacía una materia por semestre. Hasta que le faltó una sola. Y la cursaba con compañeros mucho más jóvenes que él. “Siempre tuvieron muy buena onda y respeto, pero como hacía una sola materia, era el viejo que se venía sentar atrás en la clase”.

Cuando por fin se recibió se sintió más feliz por su padres, Raúl y Laura, que por él. “Fue una gran esfuerzo, pero sabía que era una gran satisfacción para mis viejos. Le había prometido a mi padre que iba a ser en vida; porque en un momento él estaba entregado. Ya había perdido la cuenta de las materias que me faltaban”.

EL MENSAJE. “No pretendo que los jugadores se reciban de ingenieros, pero por lo menos que terminen el liceo. Si terminás el liceo nunca sos viejo para nada. Te podés anotar en la Universidad y no pasa nada, pero si tenés que ir con 30 y pico a terminar tercero de liceo, es más duro. Tenés que ir al nocturno y no sabés con lo que te vas a encontrar. Creo que es por ahí, porque los jugadores tienen un montón de horas muertas. Yo tuve la suerte de que me fuera bien con el fútbol y de irme al exterior, pero no siempre es así. Y la vida sigue. Es fundamental que nos agarre preparados. Y estudiar no sólo te da una herramienta para cuando termines, también te ayuda a pensar dentro de la cancha. Y te permite poner la cabeza en otro lado ante las frustraciones permanentes que tenés en el fútbol, cuando el técnico no te pone por ejemplo. Si estudiás, cuando pasás raya al final del día, te sentís completo”, aseguró y contó cuando Gastón Machado se quedaba para entrenar con él fuera de horario.

“Estábamos de nuevo en la B con Racing. Y para mí eran inminente dejar el fútbol. Era una pasión, pero no veía que me sirviera. Estaba en tercero de facultad y había dos días en que las clases eran de mañana. Y Racing entrenaba de mañana. Gastón Machado se quedaba y me esperaba al mediodía para entrenar conmigo. Yo llegaba cuando mis compañeros ya se habían bañando y se estaban yendo. Sabían que yo estudiaba, pero llegó un momento en que me sentía mal y al final opté por hacer menos materias. Lo destaco porque si Gastón no me hubiera apoyado, no hubiera seguido jugando”, reconoció, quien nunca aprovechó mucho las concentraciones para estudiar. “Es que la vida de la concentración es hermosa. Estas con compañeros y amigos con los que te llevás bárbaro. Tomás unos mates, jugás las cartas, al play station. Y salís a caminar a ver como se oculta el sol”, relató.

Encontró a su esposa en la UM

Con Verónica"Mi mujer era la recepcionista de la universidad, fue un flechazo. Empezamos a salir en octubre y en diciembre me salió el pase a México y nos fuimos juntos".

EL AMOR. La Universidad de Montevideo es tan importante para Juan Pablo que allí conoció a su esposa Verónica. “Todos comentaban de la recepcionista que había entrado en la tarde. Era una chica de nuestra edad y bonita. Nos cruzamos y fue un flechazo. En octubre empezamos a salir y en diciembre me salió el pase a México y nos fuimos juntos. Nos casamos en junio y ya llevamos doce años juntos”, contó sobre la mamá de sus tres hijos: María Milagros, mexicana, Lupe, argentina, y el único uruguayo, Juan Bautista. “Mi mujer fue fundamental. Muchas veces se llevó a los niños a la plaza para que yo pudiera estudiar. Y me ayudó mucho con inglés. Por eso la universidad es como mi casa, conozco todos los rincones. Y a todos. Manuel Vega, fue el profesor queme tomó la prueba de admisión y se jubiló antes que yo terminara la carrera”.

Racing

Sigue con la camiseta albiverde puesta

Juan Pablo trae a Racing en la sangre. Su abuelo era hincha fanático y su padre Raúl, fue presidente en dos períodos diferentes. Y hoy, su hermano menor, Maximiliano, es el vicepresidente del club. Cuando Juan Pablo dejó el fútbol, un retiro que hoy reconoce que quizás fue apresurado, siguió jugando en Racing Universitario. Hoy él y su hermano, conocidos por la forma intensa en que disputan cada pelota y cada partido, juegan en la presenior del club.

Festejo
Festejo. Rodríguez cuando celebraba sus goles para el equipo que ama desde la cuna. Foto: archivo El País.
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