HACIENDO HISTORIA

El increíble fenómeno de las ligas de barrio con multitudes

En 1936 jugaban decenas de equipos en campitos por todos los rincones de Montevideo. Y algunos partidos llevaban más público que los de los profesionales...

Cobertura.  El País le dedicó el 13 de julio de 1936 una página entera a los partidos de las diferentes ligas de barrio montevideanas. Una versión del fútbol que fue muy popular pero poco recordada hoy.
El País le dedicó el 13 de julio de 1936 una página entera a los partidos de ligas de barrio. Una versión del fútbol que fue muy popular pero poco recordada hoy.

La colección de El País, atesorada en más de mil tomos desde 1918, encierra la historia uruguaya del último siglo. Un tomo elegido al azar, julio de 1936, muestra cómo se organizaba la actividad futbolera montevideana por aquellos días. Acaso un punto de comparación con la debatida competencia del presente.

El sábado 11 de julio de aquel año 36 comenzó el Campeonato Uruguayo, con Rampla-Nacional en el Parque Nelson y Central-Bella Vista en el Estadio Centenario. Al día siguiente jugaron Defensor-Peñarol en el Centenario, River-Racing en el Saroldi y Sud América-Wanderers en El Fortín.

Además, se disputaba una fecha de la divisional Intermedia, que entonces representaba la segunda categoría: Progreso recibía a Montevideo Olimpia, Wilson a Colón, Lito-Intrépido Belgrano se enfrentaban en la cancha de Cerro, Deportivo Juventud-Fénix en el Parque Central y Liverpool recibía a Misiones.

Y había más fútbol de la AUF: la Extra realizaba su campeonato en cuatro series: Última Hora-Las Brisas en la cancha del primero, Mauá recibía a La Luz, Fortaleza-Antonio Felitti se enfrentaban en la cancha de Uruguay Montevideo, donde más tarde el local se medía con Charleston; Artigas y Sportivo Everton lo hacían en el campo del Charleston, Industria-Sportivo Maldonado en la cancha del Reformers, San Carlos como local ante Uruguay Manga, Instrucciones en su cancha con Reformers, Misterio recibía a Bolton Wanderers, Sportivo Malvín a Domingo Savio y Celta a Bernardo Glucksmann.

Como se ve, además de un amplio elenco de clubes, también existían numerosas canchas, casi todas ya desaparecidas.

Fuera del ámbito oficial, ese fin de semana hubo actividad en varias ligas de barrio: amistosos, torneos “relámpago”, desafíos contra equipos de otras ligas, encuentros de menores y de mayores. Fueron en total 31 y tres más se suspendieron. Los programas arrancaron a las ocho de la mañana y siguieron hasta la tarde.

El País le reservó una página entera a esos encuentros el lunes 13 de julio y comentó varios de ellos, con sus respectivas fotos. Esas ligas tenían unos cuantos seguidores y por eso la información era reclamada por los lectores.

Dryco-Aguada, en la Liga Aguada, convocó a 7.000 espectadores. Más de mil personas asistieron a Ombú-Mahoma en la cancha del Arremond, por la Liga Pocitos. Un motivo de atracción adicional fue la presencia de Lorenzo Fernández, campeón mundial en 1930, que esa tarde debutó en el Mahoma. No era raro que jugadores profesionales aceptaran defender al club del barrio en esos desafíos. El campo del Vitruvio registró mientras tanto 2.000 espectadores en su encuentro ante La Tapera.

Ese mismo fin de semana, River-Racing tuvo apenas 400 espectadores, en tanto Central-Bella Vista llevaron 500. Unos 2.000 fueron a IASA-Wanderers, 5.000 a Rampla-Nacional y 15.000 a Peñarol-Defensor.

Más de ocho décadas después, es difícil establecer por qué algunos partidos de campito atrajeron más público que los de los profesionales. Se puede lanzar una hipótesis: el precio de las localidades. Las ligas barriales solían vender entradas, pero se trataba de un pago simbólico porque cualquiera que pasara por la cancha podía ver el partido, ya que no había muros y menos tribunas. El vecino salía de su casa, se daba una vuelta por el campito y se entretenía un poco. La Liga Pocitos cobró aquel día diez centésimos, la décima parte de lo que costaba un partido de la AUF.

El inventario de clubes resulta interminable. Pueden anotarse algunos nombres curiosos, como Johnnie Walker, Larry Borges, Nickel, Isabelino Gradín, Triángulo, Canyengue, Tupinambito, Cristóbal Colón, Lusitania, Sportivo Sanguinetti, Ferencvaros…Por ahí también aparecían Miramar y Cerrito, luego integrados a la AUF. En realidad, el tránsito de clubes de las ligas de barrio al fútbol oficial resultaba habitual.

Y las ligas eran unas cuantas: Unión, Reducto, Jacinto Vera, Centenario, 19 de Abril, Pocitos, Buceo, Barrio Olímpico, Punta Carretas, Unión, Villa Muñoz, La Comercial y una Federación Democrática de Football. Entre las que competían no figuraba la Liga Palermo, la más famosa de todas: en ese momento estaba terminando su cancha. La lista es una foto de aquel momento: hubo muchas otras ligas antes y después.

A mediados de julio se formó otra liga, Cordón, que jugaba en un campito en las canteras del Parque Rodó, y se anunciaba la liga La Estanzuela. Otras canchas muy utilizados eran la de Miramar detrás del Hospital de Clínicas, el llamado “estadio militar” en la avenida Garibaldi, la del Misterio en Batlle y Ordóñez al costado del cementerio del Buceo, la de la rambla de Punta Carretas, la de Rosarino Central en Batlle y Ordóñez y Juan Cruz Varela, la del Barrio Olímpico…

Decenas, acaso cientos de equipos, con miles de jugadores. Se trataba de un esquema ideal para el fútbol amateur: cuanto más actividad, mejor. La organización profesional demanda otras cosas. Pero en 1936 eso no importaba demasiado.

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