HACIENDO HISTORIA

Importados: cuando Peñarol y Nacional se daban lujos al traer jugadores

En 1964 el tricolor trajo al goleador argentino Sanfilippo; en 1971, el aurinegro probó al puntero internacional yugoslavo Petkovic. Los dos terminarían con serias lesiones.

José Sanfilippo festeja uno de sus tantos goles en Nacional. Foto: Archivo El País.
José Sanfilippo festeja uno de sus tantos goles en Nacional. Foto: Archivo El País.

José Francisco Sanfilippo e Ilija Petkovic jamás coincidieron en una cancha. Incluso no es aventurado pensar que jamás supieron uno del otro. Pero representan dos ejemplos de cuando los clubes grandes uruguayos eran capaces de contratar figuras extranjeras en su plenitud. Y en dos los casos, su trayectoria local estuvo marcada por graves lesiones.

El más famoso de los dos, además de tener la campaña más larga en el fútbol uruguayo, fue el argentino Sanfilippo, que era primera figura en su país, goleador implacable con San Lorenzo, Boca Juniors y la selección argentina. Pero se metía seguido en problemas debido a su difícil personalidad, pues era (y sigue siendo) sumamente egocéntrico. En tiempos recientes, por ejemplo, afirmó que había sido mejor que el propio Maradona, ya que se consideraba “más completo” porque le pegaba con las dos piernas y sabía cabecear, aunque luego admitió que Messi lo había superado.

En 1964, cuando el tricolor estaba casi clasificado a las semifinales de la Copa Libertadores, su gran anhelo de entonces, el Nene -como le decían- fue declarado transferible por Boca debido a que le había pegado al ayudante técnico del club, Luis Deambrosi, por dejarlo de suplente en un partido amistoso. El presidente de Nacional, Eduardo Pons Etcheverry, vio la oportunidad de reforzar el plantel con una gran estrella. Y el club lo trajo inicialmente a préstamo por un año por un millón de pesos de la época, más la cesión de algunos jugadores. Tenía entonces 29 años, por lo cual estaba en su mejor momento.

Sanfilippo llegó, jugó el primer partido por las semifinales coperas ante Colo Colo en Santiago y convirtió dos goles. Luego, Nacional se fue de gira por Europa y el argentino siguió haciendo goles, agigantando la ilusión de los aficionados.

Como la nueva figura nunca se había presentado con la camiseta tricolor ante el público uruguayo, se hizo un amistoso contra Vasco da Gama en la previa a la revancha con los chilenos. Cerca del final del encuentro, el zaguero brasileño Fontana le quebró tibia y peroné de la pierna izquierda. Según Sanfilippo, fue a propósito y por pedido del técnico de Nacional, Zezé Moreira, porque supuestamente estaba celoso de su fama.

Nacional llegó a la final de aquella Libertadores, aunque sin los goles del Nene no pudo doblegar a Independiente. Ya restablecido, varios meses después, volvió a su rutina goleadora pero la oportunidad del título continental había pasado.

A principios de 1966 y en medio de más polémicas, Pons Etcheverry decidió transferirlo a Banfield de Argentina. Pese a todos aquellos contratiempos, Sanfilippo siempre recuerda con emoción su pasaje por Nacional y los hinchas que lo vieron tampoco lo olvidaron.

Al comenzar 1971, un Peñarol que se había quedado sin la mayoría de las figuras del gran ciclo de los años 60 buscaba reforzarse aunque en el club ya no había dinero para grandes inversiones. Algún contratista acercó a Los Aromos para una prueba al yugoslavo (hoy sería serbio) Ilija Petkovic, puntero del OFK de Belgrado y de la selección de su país, por entonces de 25 años.

Ilija Petkovic levanta un trofeo antes de uno de los partidos de la Copa Montevideo. Foto: Archivo El País.
Ilija Petkovic levanta un trofeo antes de uno de los partidos de la Copa Montevideo. Foto: Archivo El País.

Debutó por la Copa Montevideo, aquel torneo de verano de gran repercusión, y de inmediato causó impacto: era hábil y veloz, y al mismo tiempo práctico como se supone son los futbolistas europeos, si bien no llegó a convertir goles. El periodista Juan Angel Miraglia, que nunca regaló elogios, lo definió así en la revista Deportes: “Estrella fulgurante”.

Con él y el otro recien llegado, el diminuto goleador argentuino Raúl Castronovo, el aurinegro derrotó a Internacional de Bratislava, Cruzeiro y San Lorenzo, y llegó al clásico final arriba en la tabla.

Peñarol ganaría esa noche 2 a 0, pero fue un partido violento y Juan Martín Mugica sacó de la cancha al europeo con una dura falta. El encuentro terminó antes de tiempo al quedar Nacional con seis hombres (Peñarol con diez), todos expulsados.

Fue fractura del tercio superior del peroné de la pierna izquierda, se informó al otro día, con la foto del yugoslavo enyesado en una cama y sus compañeros firmando el yeso. Si había alguna oportunidad para que se quedara en el club, como reclamaban los hinchas, se frustró con esa lesión. Petkovic regresó a Belgrado y con el tiempo se fue al Troyes de Francia, aunque siguió en la selección yugoslava y jugó el Mundial de Alemania 1974.

Ilija Petkovic enyesado en la cama tras la lesión. Foto: Archivo El País.
Ilija Petkovic enyesado en la cama tras la lesión. Foto: Archivo El País.

Precisamente, Hugo Matteo, uno de los enviados de El País al Mundial, se lo encontró cuando cubría el torneo y lo entrevistó. Petkovic no tuvo pelos en la lengua para decir que lo de Uruguay en aquel Mundial fue “catastrófico" (curiosamente parecido a la frase que se le atribuye su compatriota Ljubo Petrovic, fugaz técnico aurinegro en 1992, antes de un partido con Progreso en el Paladino).

Lo sorprendente fue que Petkovic le confesó a Matteo que aquella lesión del clásico no había sido tan seria y que al regresar a su país se había quitado el yeso para volver a entrenar. Aunque se quejó de todo lo que le pegaron dentro de la cancha durante su breve estadía en Montevideo: “Eso no se hace entre colegas”, se lamentó.

Fue el último europeo en defender a Peñarol hasta la llegada del español Xisco Giménez el año pasado.

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