PEÑAROL

Il capo: la diferencia es el "Mota"

Walter Gargano marcó un golazo y, por un rato, se visitó de número 10.

Foto: Francisco Flores.
Foto: Francisco Flores.

Despegado. Así parece estar del resto Walter Gargano. Muchas veces se dice que los jugadores que vienen de ligas competitivas, cuando llegan a Uruguay se van “achanchando”. Y no porque se relajen o dejen de entrenar como antes, si no porque el propio ritmo del fútbol uruguayo los lleva a eso. Sin embargo, eso no parece ocurrirle al “Mota”, que como hace seis meses atrás sigue haciendo una diferencia descomunal en nuestro medio.

Marca, ordena, corre hasta lo último, contagia a sus compañeros y a la tribuna, pero también juega. Ayer volvió a dar una muestra de ello con un segundo tiempo que seguramente debe estar entre los mejores minutos de su carrera.

Marcó un golazo, el primero desde su llegada a Peñarol, arrancando desde la mitad de la cancha. En un contragolpe, se llevó la pelota y utilizó como “falsa pared” a Lucas Hernández para trasladar la pelota hasta el área. Los confundió a todos, nunca se la pasó al lateral y terminó sacando un potente disparo que se metió pegado contra el palo. Levantó los brazos al cielo y recibió de inmediato el saludo de sus compañeros y también de los hinchas, que lo “abrazaron” con una ovación.

Como si fuera poco, no todo quedó ahí. Tan solo quince minutos más tarde volvió a demostrar que también hace jugar al equipo. Clavó el pie y puso un pase entre líneas para dejar solo al “Lolo” Estoyanoff para ampliar el tanteador. Con la 23 en la espalda, pero como un número 10, puso una asistencia notable para recibir hasta el reconocimiento del autor del gol.

Los números hablan por sí solos. Con el aurinegro, disputó 19 partidos de carácter oficial y aún no conoció la derrota. Ganó 18, incluidos dos clásicos, y tan solo empató uno: el de la final ante Defensor Sporting que luego terminó ganando en definición por penales.

La diferencia es el “Mota”. Lee las jugadas un par de segundos ante que el resto, maneja los tiempos del partido y ya no solo hace el trabajo sucio: también se las ingenia para lucirse dentro del campo. La camiseta de Peñarol, esa misma que también usaba de niño cuando soñaba con ser jugador profesional, le queda pintada.

Walter Gargano es il capo carbonero.

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