Peñarol

El ídolo aurinegro volvió para enderezar el barco

El “Profesor” no se mareó y solo se planteó ganar el Torneo Clausura.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Alegría. El conjunto mirasol llega al partido clásico ante Nacional como único líder del Torneo Clausura; ganó siete partidos, empató dos y perdió dos.

El 2014 había terminado de la peor manera: sin títulos, sin clasificación a torneos internaciones y con el recuerdo latente por la agónica derrota clásica. Jorge Fossati dio un paso al costado, y cuando parecía que Diego Aguirre caminaba hacia Los Aromos, se produjo el regreso del ídolo: Pablo Bengoechea.

Casi 12 años después de su partida, el riverense regresó a su casa. Allí lo esperaba su monumento y su amigo: el capitán Antonio Pacheco.

Con las bajas de Jonathan y Darío Rodríguez, el "Profesor" rearmó el plantel. Pidió las renovaciones de los contratos de Carlos Valdez y Diogo, sumó el retorno de Santiago Silva del fútbol peruano y se reforzó con tres jugadores del viejo continente: Jonathan Urretaviscaya y Luis Aguiar, ambos con pasado en el club, y Gianni Rodríguez. Además, le dio participación a jugadores que estaban casi desaparecidos, como Gabriel Leyes.

Paró equipos alternativos en los dos clásicos de verano y pese a no obtener buenos resultados, se mantuvo firme en su postura: llegar bien al debut del Clausura. Dejó al margen a los referentes, el "Tony" y Marcelo Zalayeta, para que buscaran su mejor forma física y avisó de antemano que los chiquilines provenientes de la sub 20 solo serían utilizados como alternativas, producto de que no los tendría en la definición del campeonato.

Comenzó el torneo con buen pie, picó en punta y se sacó de encima rápidamente a rivales duros como Defensor Sporting y River Plate. Sin embargo, dejó unidades sorpresivamente ante los rivales más débiles, lo que hizo que Danubio y mismo Nacional se le acerquen y hoy le pisen los talones.

Bengoechea armó un once con un 4-4-1-1 que prácticamente sale de memoria, pero con una única dificultad: el lateral derecho. Por ese sector pasaron todos los candidatos posibles: primero fue Andrés Rodales, luego Emiliano Albín... y hasta Nahitan Nández terminó dando una mano. Ahora, Jonathan Sandoval tomó la posta y se ganó la confianza para jugar el clásico, un partido que más allá del significado especial que tiene, puede definir la suerte de Peñarol en el Uruguayo.

Pobló el medio con jugadores con vocación ofensiva y con gol. De hecho, casi la mitad de los tantos (diez de los 21) los marcaron los volantes. Ensanchó la cancha con la velocidad de "Urreta" y el "Japo", quienes fueron explotados constantemente por la clase de Pacheco y Zalayeta.

Bengoechea volvió y en 11 fechas, enderezó un barco que andaba a la deriva.

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