SUDAMERICANO SUB 20

La humildad como bandera

“Cuando necesitamos recambio, lo tuvimos”, señaló Coito, el gran estratega.

Contra todo. Los brazos en alto, el grito de “¡Uruguay nomá...!” y las banderas en alto. Un festejo más que merecido de la mejor selección de todas.
Contra todo. Los brazos en alto, el grito de “¡Uruguay nomá...!” y las banderas en alto. Un festejo más que merecido de la mejor selección de todas.
Clase. Además de temple, calidad. Toda la emoción en un festejo sentido de los celestes.
Clase. Además de temple, calidad. Toda la emoción en un festejo sentido de los celestes.
Goleador. Rodrigo Amaral festeja el título. En su mano derecha muestra el trofeo que ganó como máximo goleador del Sudamericano. Un capitán feliz.
Goleador. Rodrigo Amaral festeja el título. En su mano derecha muestra el trofeo que ganó como máximo goleador del Sudamericano. Un capitán feliz.
Locura. De la Cruz con la Copa de Campeón, y el plantel posando para los medios tras la conquista. Quito se tiñó de celeste.
Locura. De la Cruz con la Copa de Campeón, y el plantel posando para los medios tras la conquista. Quito se tiñó de celeste.
Plantel celeste
Plantel celeste
Categórico. Joaquín Ardaiz, figura decisiva en el partido final ante Ecuador. Dos goles y un notable desempeño del danubiano.
Categórico. Joaquín Ardaiz, figura decisiva en el partido final ante Ecuador. Dos goles y un notable desempeño del danubiano.
Fabián Coito, el gran estratega
Fabián Coito, el gran estratega

Los cantos y los festejos se prolongaron hasta la madrugada. Los gurises de la Celeste disfrutaron del campeonato y de la gloria, pero siempre con la humildad como bandera. “No somos favoritos, ni nos sentimos favoritos, pero vamos a luchar para obtener el campeonato”, dijo Agustín Rogel.

Pero esa frase se repitió a lo largo de todos el Sudamericano. “Ni espantosos, ni fenómenos, ¡vamos la banda!”, tuiteó Nicolás De la Cruz después de la derrota ante Venezuela.

El mismo De la Cruz que se repuso de aquel primer penal errado ante la vinotinto cuando el campeonato recién empezaba y él era blanco de críticas.

Bancó como ninguno, y con personalidad, volvió a ejecutar un penal y a marcar. Fue de menos a más, como casi todo el equipo.

“Gracias a mi familia por estar siempre, a Danubio por ser mi club, a Uruguay por confiar en mí. Gracias a todos, esto es suyo”, escribió en su cuenta de twitter José Luis Rodríguez, el “Puma” que rugió como un león desde el lateral derecho de la defensa.

“Había que recuperar al equipo, venía de un trajín muy grande con jugadores desgastados físicamente, pero se logró el objetivo. Feliz por hacerlo, por ellos, que trabajaron tanto”, tiró con su sencillez de siempre Fabián Coito, el hacedor de este grupo que terminó arrasando de principio a fin en el hexagonal final.

“Hicimos un gran campeonato, una buena primera fase. Llegamos con confianza al hexagonal y cuando necesitamos recambio, lo tuvimos. Le ganamos al local, en los papeles dificilísimo. En la cancha se hizo más fácil. Este grupo se ha caracterizado por tener un muy buen recambio”, sentenció Coito que manejó a la perfección las variantes en el plantel.

MUNDIAL. Uruguay ya había logrado su primer objetivo: clasificar al Mundial de Corea que comenzará el 20 de mayo y se extenderá hasta el 11 de junio. La Celeste es una de las 16 selecciones - de 24 participantes- que están clasificadas para la Copa que integrarán los seis grupos.

Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y Portugal representarán al fútbol europeo, Arabia Saudita, Japón, Irán, Vietnam y Corea del Sur (organizador) estarán jugando por Asia, Nueva Zelanda y Vanuatu, irán por Oceanía, Uruguay, Venezuela, Ecuador y Argentina por Sudamérica, y resta definir los clasificados de África y Concacaf.

“¡Esto es Uruguay vamooo!”, escribió Rodrigo Amaral, otra de las figuras del torneo y la Celeste.

El sábado llegó el octavo título continental. El primero fue en 1954, en el Sudamericano de Venezuela, siguió en 1958, cuando se jugó en Chile y en 1964 en Colombia como sede. La Celeste volvió a ganar en 1975, en Perú, en 1977 en Venezuela, en 1979 en Uruguay y en 1981 en Ecuador.
Pasaron 36 años para volver a ganar un Campeonato Sudamericano. Y fue con las mismas armas, siempre con la humildad como bandera, un sello bien uruguayo.

El campeón tuvo figuras, y jugó como equipo

Comenzó a los tumbos, pero sacó chapa en las más difíciles y de a poco, fue enamorando a un país que en el primer mes del año estaba más atento al mercado de pases en el fútbol doméstico y el conflicto entre jugadores y la Mutual, que otra cosa.

Los gurises pasaron al hexagonal final, aún generando dudas desde el funcionamiento, pero cuando subieron a la altura de Quito, se hicieron más fuertes que nunca.

Fabián Coito encontró un equipo que se comenzó a repetir de memoria y en la parte decisiva, empezaron a responder en su mejor versión las principales figuras.

Defensa

Arrancó mostrando serios problemas, principalmente en el juego aéreo. A partir del tercer partido, con el primer triunfo, se acomodó y empezó a ganar en confianza. Terminó mostrando un rendimiento muy sólido, fundamentalmente, en el hexagonal final. Mele, Rogel, el ‘Puma’ Rodríguez.

Mediocampo

Al igual que el equipo, fue de menos a más aunque fue la línea del campo que mostró el rendimiento más regular a lo largo del torneo. Vitales los rendimientos de Waller y Benavídez haciendo el trabajo sucio, y la clase de Rodrigo Bentancur y ‘Nico’ De la Cruz, desnivelantes.

Ataque

Había grandes esperanzas depositadas en ellos y cumplieron con creces. Una delantera de mucho gol que mezcló potencia, desequilibrio individual y tiros de larga distancia. Rodrigo Amaral fue el goleador, Nicolás Schiappacasse, clave y gravitante Joaquín Ardaiz en la final.

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