INGLATERRA

Hoy, el Manchester que ríe es el City

Los dueños del United embolsan millones pero el equipo gana cada vez menos.

Anthony Martial se lamenta. Foto: Reuters
Foto: Reuters

Nada en el fútbol es para siempre, salvo la pasión de los hinchas. Hasta hace unos años, para el público internacional la palabra Manchester remitía inmediatamente al United, el equipo de Alex Ferguson que imponía su ley en Inglaterra, competía cada año por la Champions League y desarrollaba una ambiciosa expansión internacional, sobre todo en el mercado asiático, que lo colocaba como uno de los equipos más populares y exitosos del mundo.

A la sombra del United se encontraba el City, el otro equipo de la ciudad industrial y financiera del noroeste de Inglaterra. Sin embargo, hasta la década de 1980, ambos estaban bastante parejos en títulos, aunque el United exhibía la Copa de Campeones (hoy Champions) de 1968 como elemento decisivo para ganar cualquier discusión.

Claro que entonces los argumentos eran muy diferentes a los del presente: los del City se ufanaban de haber sido campeones una vez con 11 jugadores ingleses y se manifestaban como el único verdadero equipo de la ciudad, pues el estadio Old Trafford del United queda en las afueras.

Otro episodio clave de la rivalidad fue el descenso del United en 1974, decretado justo frente al City y con un gol de taco del escocés Dennis Law, que había sido figura del United.

Luego los “Diablos Rojos” comenzaron a acaparar conquistas mientras los celestes siempre jugaban para evitar el descenso. Entonces los del United comenzaron a burlarse de sus vecinos, asegurando que el verdadero clásico lo disputaban contra el Liverpool.

Hoy, Manchester parece identificarse con el City, centro del plan multimillonario de los jeques de los Emiratos Árabes que impulsan franquicias en todo el mundo, incluso en Uruguay a través del Torque, y busca convertirse, según anuncian, en una especie de Disney del fútbol. Le falta todavía el último escalón, conquistar Europa. Pero todos los años es uno de los aspirantes, mientras que su rival hace tiempo no se mete en la pelea.

Los resultados son siempre los que mandan en el fútbol: mientras United consiguió su último titulo en la Premier en 2013, el City es el actual campeón. De cualquier forma, atrás de los resultados existen diferentes proyectos: mientras el City pone el énfasis en el fútbol de técnica y posesión de pelota que pregona su técnico Pep Guardiola, el United camina a los bandazos. Y su técnico José Mourinho, para quien el resultado siempre representó todo, está en la cuerda floja desde hace semanas.

MILLONES. En los dos bandos hay dinero, mucho dinero, pero el destino que se le dio fue muy diferente. Mientras el jeque Mansour bin Zayed al-Nahyan invirtió unos 1.300 millones de libras (más de 1.700 millones de dólares) desde que compró el City, los dueños del United, la familia Glazer, han retirado del club una cifra similar, según apunta el columnista de The Guardian David Conn.

Ese aporte descomunal de dinero en el City puede ser considerado “doping financiero”, algo que la UEFA habitualmente observa pero no siempre castiga, pero los árabes actuaron con mucha astucia. La mayor parte de la plata se dirigió a reforzar el equipo con grandes figuras, además de contratar a Guardiola como técnico. Sin embargo, también se invirtieron importantes sumas en servicios comunitarios de la ciudad de Manchester, en el entendido de que los equipos, aunque sean empresas, deben cuidar y fomentar la lealtad de los hinchas, sobre todo los de la ciudad donde se asientan. Como consecuencia de eso, los hinchas están encantados con los jeques.

Alguna vez, el legendario conductor del United Alex Ferguson aseguró que el City era “un club pequeño con una mentalidad de equipo pequeño”. Pero si era cierto, eso ya cambió .

Mientras tanto, la compra del United por el empresario estadounidense Malcolm Glazer en 2005 resultó muy controvertida, porque para financiar la operación recurrió a préstamos asumidos por el propio club. Eso generó una pesada deuda que todavía se está pagando.

Para colmo, el millonario nunca iba al Old Trafford y la convicción de los hinchas era que no le gustaba el fútbol.

Malcolm Glazer falleció en 2014 y hoy están al mando sus seis hijos, que sí se dejan ver en el palco del estadio con frecuencia. Pero aparentemente les importa menos tener un United ganador en la cancha que retirar todos los años los cuantiosos dividendos de la empresa.

CONDUCCIÓN. Cuando el patriarca de los Glazer adquirió el United, colocó al mando a Ed Woodward, un conocido genio de las finanzas. Y el CEO logró multiplicar el potencial del Manchester United fuera de la cancha. Lo convirtió en una marca internacional, cuya asociación con productos de todo tipo resultó un gran negocio.

Mientras tanto, el equipo seguía triunfando, todavía bajo la conducción deportiva de Ferguson. Pero cuando se retiró, en 2013, el United dejó de ganar.

En 2016 llegó Mourinho con el cometido de repintar los descoloridos blasones. Sin embargo, los resultados no llegaron. El mal comienzo de la temporada 2018-2019 determinó que varios diarios británicos anunciaran el despido inminente del técnico portugués y la posible llegada del francés Zinedine Zidane, o quizás del argentino Mauricio Pochettino.

Pese a todo, los Glazer todavía lo apoyan. Incluso hace pocos meses Woodward le extendió el contrato al técnico hasta 2020.

La prensa inglesa, sobre todo los tabloides, suele ser dura. Y Mourinho tampoco se calla. Después de perder como local 3 a 0 ante Tottenham, el técnico comentó: “Hemos perdido 3-0, sí... Tres, el mismo número de mis títulos de la Premier, más que los otros 19 entrenadores de la Premier juntos. Respeto, respeto, respeto”, reclamó durante una tensa rueda de prensa.

Cada palabra o acción de Mourinho es observada con lupa. Incluso le critican que no haya comprado casa en la ciudad de Manchester. El Daily Mail informó hace pocos días que el entrenador decidió vivir en una suite de un hotel cinco estrellas. Alojarse allí cuesta 687 euros la noche, por lo que lleva gastados 500.000 libras en alojamiento.

“Si lleva tres temporadas en el Old Trafford… ¿por qué el jefe sigue viviendo en un hotel?”, se pregunta la prensa. Su familia, en tanto, reside en Londres, ya que su hijo juega en los juveniles del Fulham y su hija estudia arte en la capital.

QUEJAS. Otro gran tema es la relación interna en el United. Mourinho se quejó públicamente de que Woodward no trajo a los futbolistas que él pidió para reforzar el plantel.

Cuando se le indicó que el club había gastado 300 millones de libras en transferencias, respondió: “¿Hemos gastado mucho dinero? No son suficientes 300 millones para competir con ellos (en referencia al Manchester City). Están comprando laterales por el precio de delanteros”.

Y también ha sido muy crítico con la actitud de algunos de sus jugadores. “Cada equipo que se enfrenta al Manchester United está jugando el partido de su vida, y tenemos que igualar ese nivel de competitividad, motivación y deseo: el 95% no es suficiente cuando otros dan el 101%”, aseguró hace poco. El año pasado ya se había referido a esa supuesta falta de compromiso: “Era un día más en la oficina para mis jugadores, un día en el que algunos de ellos ni siquiera querían venir a la oficina”, argumentó tras una derrota.

Las relaciones con algunos jugadores son tirantes, en particular con el francés Paul Pogba. Un video de una breve charla durante un entrenamiento fue esgrimido como prueba: con expresión alegre, el jugador pasa al lado del técnico e intenta saludarlo. Pero este no retribuye el saludo y le dice algo. De inmediato la expresión de Pogba se transforma. Nadie explicó qué ocurrió allí, pero poco después Mourinho le quitó a Pogba el vicecapitanato del equipo. Ya hay medios que aseguran que está buscando nuevo club.

Sea por las diferencias internas, porque los jugadores no “meten” o porque el rendimiento no refleja su potencial, el United está en problemas.

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