entrevista

Hormiga: “Hoy estoy con ganas de volver a dirigir”

Antonio Alzamendi fue el ganador de la primera Encuesta de El País como Mejor Jugador de América en 1986.

Antonio Alzamendi en la entrega del premio de Mejor Jugador de América. Foto: Archivo El País
Antonio Alzamendi en la entrega del premio de Mejor Jugador de América. Foto: Archivo El País

Fue un año espectacular y una sorpresa bárbara haber ganado el premio”, recordó Antonio Alzamendi, el primer ganador de la encuesta “América y Europa le responden a El País”, allá por 1986. El “Hormiga” fue elegido el mejor jugador de América en un año en que fue campeón argentino, de la Copa Libertadores de América y de la Intercontinental con River Plate.

Es más, el duraznense fue el autor del gol con que los millonarios derrotaron al Steaua de Bucarest en el estadio Nacional de Tokio con 62.000 espectadores en las tribunas, quedándose así con la Copa Intercontinental que enfrentaba al campeón de América con el de Europa.

“Recuerdo que lamentablemente no pude venir a la fiesta y me entregaron la medalla una semana después. Vine con Hugo Santilli, el presidente de River Plate y con ‘Paco’ (Francisco Casal, quien lo representaba). Para mí fue un gran honor. Más tratándose de un diario tan prestigioso. Recuerdo que votaron de toda América. Significó mucho para mí y me ayudó hasta en la parte profesional, a la hora de los contratos”, agregó Alzamendi quien recuerda que lamentó no volver a ganarlo dos años más tarde, cuando el premio era un auto.

Hoy Alzamendi vive en Cardona, el pueblo de su esposa, Luján, al que adoptó como propio. “Tengo canchas de fútbol cinco y salón de fiestas acá en Cardona. Me gustó el lugar y la gente. Tengo buena relación con el pueblo. Y me decidí a montar el negocio acá, en un pueblo tranquilo. Pero siempre esperando volver a dirigir”, contó Antonio sobre su vida.

Lleva cinco años sin entrenar, su último equipo fue Chalaco en Perú. Y ya le está picando el bichito de volver a las canchas a volcar todos sus conocimientos y su experiencia. “Paré un tiempo, quise alejarme un poco del fútbol. Por enojo y también porque tuve una situación muy complicada con mi mamá y mi hermana, que fallecieron. Y luego monté el negocio con mi señora y me quedé trabajando acá. También me metí en la política en Durazno, y me mintieron y me dejaron afuera. Una serie de decepciones. Y se me fue pasando el tiempo. Hoy veo mucho fútbol y estoy con ganas de dirigir otra vez”, explicó.

Como técnico, Alzamendi dirigió en Perú, Uruguay y Guatemala. “Con Fénix me fue bien, fui campeón de la Liguilla. También en Deportivo Maldonado, donde exploté como entrenador. En la selección de la B anduve muy bien, igual que en Perú. Anduve siempre parejo. Volví con ganas de entrenar acá, pero lamentablemente no se dio. Escuchabas que necesitaban técnicos de experiencia, pero los que menos la tenían eran los que trabajaban. Ese es parte de mi enojo. Entonces me fui abriendo un poco. No tengo un empresario fijo, salvo Néstor Cuevas, que fue quien me llevó a Perú. No se me han abierto las puertas. Hoy está todo muy agarrado, muy tomado. Si no tenés padrino o no estás metido en la rosca, se complica para trabajar. Y yo me manejo prácticamente solo y no dejo que nadie me toque mis pensamientos y mi forma de pensar. Y eso te perjudica en el fútbol. Hay dirigentes que están metidos en el tema de elección de jugadores; en Argentina lo de las barras bravas y no sé si acá no pasa lo mismo. Hay muchos negocios que uno no acepta o no está en ese juego”, añadió.

“Estoy deseando volver a dirigir. Creo que estoy capacitado, ojalá se me abran las puertas nuevamente. Me tengo mucha fe. A veces no se entienden algunas cosas, pero el fútbol es así. Ojalá se me dé y si no , la voy a seguir peleando acá con mi esposa, como hemos hecho todo este tiempo”, enfatizó.

ÍDOLO.

Sorprende que no lo llamaran de River Plate para trabajar, sobre todo teniendo en cuenta que sigue siendo ídolo de los millonarios, con quienes conquistó todo, justamente en 1986, cuando ganó la encuesta de El País. Sólo estuvo con Antonio Caselli, quien lo invitó a acompañarlo en las últimas elecciones del club. “Presentamos un proyecto para juveniles y otro sobre la forma de manejar River a nivel institucional. Eso me gustó, pero como él me llevó, le soy fiel. No voy a agarrar un trabajo que me vengan a ofrecer por piedad o porque aparecí después de tanto tiempo. Además, nunca me llamaron, como no han llamado a varios, aunque no tienen por qué hacerlo”, explicó.

Si bien su segunda época en River fue quizás la más gloriosa de su carrera, de 1986 al 88, no se olvida de otras. “Todos fueron buenos momentos. Cada etapa tuvo sus momentos lindos. No me puedo olvidar de Sud América. De don Roque Santucci, de los entrenadores que tuve y los compañeros que me enseñaron mucho. Yo era un chico de afuera y recibí todo el apoyo de esa institución. Don Roque me dijo que si andaba bien me llevaba a Independiente, y lo hizo”, relató.

Allá, en el Rojo de Avellaneda tuvo como técnico a Omar “Pato” Pastoriza, quien fue su padre futbolístico, aseguró. “Me mimó y me cuidó. Cuando recién llegué a Argentina vivía en González Catán y me tomaba dos ómnibus para ir a entrenar. Cuando llegaba me lavaba los pies en una canilla porque en invierno era puro barro. Y volvía a mi casa a las ocho y al otro día otra vez levantarme a las seis de la mañana para ir de González Catán a Avellaneda. El ‘Pato’ se enteró donde vivía y fue él mismo a buscarme en una camioneta. Me levantó con mis hijos y me hizo dar un apartamento en Avellaneda, apenas a dos cuadras del estadio. El siempre estuvo al lado mío, en todo momento. Esas son cosas que no se olvidan”, relató.

“Luego tuve la suerte de ir a River, a Nacional, a México y uno en la vida va aprendiendo. Tuve una gran relación con ‘Paco’, fui su segundo jugador. Yo cumplía con lo mío que era responder adentro de la cancha. Y por suerte, la vida me sonrió bastante en mi carrera”.

Aunque antes no se ganaba como ahora, dijo estar tranquilo económicamente. “Tengo mis cosas y mi señora, que trabajó siempre y se jubiló de profesora de Educación Física, también. Además, a mi lo que más me importa es estar feliz y tranquilo. Lo que nosotros ganábamos no era las cifras de ahora y después me fue mal en algunas cosas. Pero eso no me hace la felicidad. Estoy muy feliz con lo que me ha pasado en la vida en los últimos tiempos”.

CON VELOCIDAD Y GOL.

“Aquel River Plate ganó todo porque era un equipo donde había muchos hombres, de mucha personalidad. Y grandes jugadores también. Había campeones del mundo y era un grupo sensacional. Se juntó todo. Además, fue muy importante porque se consiguió por primera vez lo que otros grandes equipos de River no habían podido lograr”, explicó Alzamendi, el jugador clave en aquellas conquistas. “Lo mejor mío creo que era la colaboración para con el equipo y además la velocidad y el gol. Eso era lo mío”.

UN “NONO” CARIÑOSO

Alzamendi tiene cuatro hijos, dos de su primer matrimonio y dos del segundo. Uno trabaja en La Española, otro es preparador físico, otro es bombero en Durazno y su hija esta a punto de recibirse de psicóloga. Además, de otros dos del corazón que son de su esposa Luján. “Y tengo cinco nietos, tres varones y dos nenas. Y uno del corazón. Como abuelo soy bastante lejano, pero cuando voy soy muy cariñoso. Es que, como les digo a mis hijos, yo ya los crié a ellos ahora ya no es problema mío. Me gusta mucho estar con los nenes, pero no soy el que los cuido, para eso están los padres”.

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