HACIENDO HISTORIA

Las 72 horas que llevaron a Nacional a ser campeón de América y del mundo en 1980

El tricolor venía de dos duras derrotas y se jugaba la clasificación a la Libertadores: entonces, una nueva directiva y un nuevo técnico abrieron un ciclo triunfal.

Juan Martín Mugica en el Nacional 1980
Juan Martín Mugica se acerca al festejo de los jugadores tricolores. Foto: Archivo El País

Setenta y dos horas pueden cambiar la historia de un club. Hace 40 años ya, en el breve lapso de tres días Nacional salió de una noche tormentosa y comenzó a ver el sol de una campaña triunfal, que lo llevaría a conquistar las copas Libertadores e Intercontinental.

El 26 de enero de 1980, Nacional volvía a la normalidad institucional luego de los problemas penales que alejaron a Miguel Restuccia de la presidencia del club (tiempo después resultaría sobreseído) y provocaron inestabilidad interna. Aquel día se impuso la lista encabezada por Dante Iocco.

Al mismo tiempo, el tricolor era puntero de la Liguilla, un torneo que hasta entonces nunca había obtenido. Dos días después de las elecciones se disputó el clásico, por la última fecha. Un empate le alcanzaba para asegurarse el título ante un Peñarol que era campeón uruguayo pero no había empezado bien el certamen pre Libertadores y ya no podía ganarlo.

Con el partido igualado 1-1, Peñarol sufrió dos expulsiones: Ruben Paz y Domingo Cáceres. Pero, casi en la hora, una genialidad de Venancio Ramos terminó en penal, que el propio Chicharra convirtió para darle a su equipo un triunfo impactante.

Ese resultado determinó que Defensor forzara una final por el título con Nacional. Se disputó el viernes 1° de febrero y se la llevó el violeta, con gol de Rodolfo Enrique Rodríguez. El tricolor tuvo la posibilidad de empatarlo de penal faltando diez minutos, pero la ejecución de Ocampo se fue muy alta sobre el travesaño de Freddy Clavijo.

En cuestión de cinco días, Nacional se había quedado casi sin nada. Sin embargo, tenía una oportunidad más: el desempate con Peñarol por la segunda plaza en la Libertadores, que se jugaría el lunes 4. Claro que debía afrontarlo con un equipo golpeado por esos dos duros contrastes.

Tras el partido con Defensor se iniciaron esas 72 horas cruciales para el tricolor. El técnico Pedro Dellacha -el famoso Don Pedro del Área de las selecciones argentinas de la década de 1950- comunicó su intención de renunciar, lo cual hizo efectivo al día siguiente de mañana.

Iocco había asumido la presidencia con una decisión tomada mucho tiempo antes: contratar al profesor Esteban Gesto -prestigiado por su trabajo en las selecciones juveniles- como preparador físico, lo cual concretó enseguida. Para el cargo de técnico tenía varios nombres.

Uno era el del responsable de las juveniles, Raúl Bentancor, pero este pidió una cifra muy elevada. Otro era Luis Cubilla, pero el sanducero trabajaba con un equipo completo de ayudantes incompatible con la presencia de Gesto. También se pensó en un extranjero, para lo cual se pidió asesoramiento a César Menotti. El DT campeón del mundo sugirió a Cayetano Rodríguez, uno de sus espías durante el Mundial 78, que llegó a viajar a Montevideo para negociar su contratación. Y la última carta era confiar en algún campeón tricolor de 1971 que ya fuera entrenador. Uno de los posibles era Víctor Espárrago, pero éste aclaró que pretendía seguir jugando (y de hecho días más tarde se incorporó al plantel).

Como el tiempo apremiaba, se resolvió que para el desempate con Peñarol el equipo lo dirigiera en forma interina el técnico de la tercera, Juan Martín Mugica. Un veterano del 71, por supuesto.

El mismo sábado 2 se aceptó la renuncia a Dellacha y se le encomendó el equipo a Mugica. “Hay que ponerle el pecho a la tormenta, ponernos a trabajar y convencernos que podemos”, dijo el entrenador.

El domingo 3, el plantel tricolor trabajó intensamente, de mañana y luego desde las siete de la tarde hasta casi las nueve de la noche. A diferencia de lo que ocurre generalmente en el presente, la prensa pudo ver lo que ocurría. Y se escuchó a Mugica ordenar a sus futbolistas: “hombre a hombre en toda la cancha”. Ahí estaba la clave.

Nacional 1980
Nacional el 4 de febrero de 1980: Rodrolfo Rodríguez, Machado, Luzardo, Blanco, Moreira y De León (arriba). Bica, De la Peña, Victorino, Caillava y Morales (abajo)

Ese planteamiento sorprendió de entrada al aurinegro. De León fue sobre Paz, Machado con Vargas, Moreira atrás de Ramos, De la Peña ante Maneiro e incluso Caillava sobre Abalde. Juan Carlos Blanco fue el líbero. Y todo con un despliegue incesante desde el comienzo.

A los 19 minutos, Diogo le cometió falta a Morales sobre la izquierda del ataque. El propio Cascarilla lo ejecutó: hizo pasar la pelota sobre la barrera y la metió contra el palo. El gol fortaleció el planteo de Mugica. Peñarol siguió atacando y rebotando contra el muro armado por el nuevo entrenador, en tanto se exponía cada vez más, hasta que en un contragolpe Juan Vicente Morales bajó a Victorino y Cascarilla, de nuevo, convirtió.

Nacional 1980
El gol de penal de Cascarilla Morales que liquidó el clásico. Foto: Archivo El País

Para Peñarol fue la primera eliminación de una Libertadores desde que la jugaban dos clubes por país. Para la nueva directiva tricolor resultó un alivio ante la crisis que amenazaba. Para Mugica, la inmediata confirmación en el cargo. Para todo Nacional, el comienzo de un ciclo, con la marca al hombre como sello.

“Si hoy perdíamos muchos de nosotros podíamos quedar en la calle”, comentó De la Peña en los vestuarios tras la victoria clásica. En cambio ganaron; seis meses y dos días después eran campeones de América.

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