CASO EMILIANO SALA

Horas de angustia

Desde la desaparición del Torino al accidente del Chapecoense, tragedias aéreas golpearon al deporte

El homenaje de los hinchas de Chapecoense a los fallecidos en el accidente. Fotos: AFP y Reuters

Desde que en algún punto sobre el Canal de la Mancha se perdió el rastro de la avioneta donde viajaba el jugador argentino Emiliano Sala, la angustia cubrió al mundo del fútbol. Y volvieron a recordarse, con estupor y dolor, las tragedias que golpearon al deporte.

La competencia deportiva encierra la posibilidad de revancha, pero solo dentro del campo. Cuando se produce una catástrofe aérea como la que terminó con el Grande Torino en 1949, la que desmanteló al Manchester United en 1958, la que devastó al Green Cross de Chile en 1961 o las que hicieron desaparecer al The Strongest de Bolivia en 1969 y al Alianza Lima en 1987, ya no hay revancha posible.

Sin embargo, a veces queda un espacio para la esperanza: varios jugadores del Manchester se salvaron aquella vez, al igual que tres de Chapecoense en 2016 o los uruguayos protagonistas del Milagro de los Andes en 1972.

El último caso había sido precisamente el de Chapecoense de Brasil, cuyo vuelo se estrelló en Colombia el 28 de noviembre de 2016, cuando se dirigía a disputar la final de la Copa Sudamericana en Medellín ante el Atlético Nacional local. Murieron 71 personas y sobrevivieron seis, entre ellos tres jugadores: Alan Ruschel, Neto y el arquero suplente Jakson Follmann. También se salvaron un periodista, Rafael Henzel, y dos miembros de la tripulación Ximena Suárez y Erwin Tumiri.

La investigación posterior indicó que el accidente se produjo porque el avión chárter de la compañía LaMia cargaba excesivo peso y a la vez se había quedado sin combustible, ante la negligencia de los pilotos.

También sufrieron accidentes aéreos fatales el Pakhtakor Tashkent de la entonces Unión Soviética (1979); un equipo benéfico de jugadores holandeses de ascendencia surinamesa, cuyo vuelo se estrelló en Paramaribo en 1989, y la selección de Zambia en 1993, cuando viajaba a Senegal para disputar las eliminatorias del Mundial 94.

El gran torino.

Uno de los accidentes que mayor impacto produjeron, incluso por ser uno de los primeros de la historia, ocurrió el 4 de mayo de 1949. El avión en el que regresaba el equipo italiano del Torino, luego de jugar un amistoso en Lisboa, en medio de una densa niebla se estrelló contra el muro de la Basílica de Superga, cerca de Turín. Murieron los 42 ocupantes de la aeronave, entre ellas todos los jugadores del Torino.

Este club había ganado los cuatro campeonatos italianos anteriores y obtendría también el de esa temporada, en buena medida porque en señal de respeto sus rivales alinearon a juveniles cuando les tocó medirse con el Torino. Sin embargo, el equipo de camiseta granate nunca se recuperó del todo de aquel desastre.

En 1961, 18 miembros del equipo de patinaje estadounidense murieron cuando el avión que los llevaba de Nueva York a Bruselas se precipitó a poca distancia de la capital belga. Siete integrantes del equipo italiano de natación perecieron en 1966 en la ciudad alemana de Bremen, después de que un avión de Lufthansa se estrellara tras un fallido intento de aterrizaje.

La mayoría de los integrantes de la selección femenina de voleibol de Puerto Rico murió en 1970, a su regreso de un certamen en la República Dominicana. Esa vez fallecieron los 104 ocupantes del avión de Dominicana de Aviación, entre ellos Carlos Teo Cruz, campeón mundial de boxeo de peso ligero dominicano.

Los Andes

El deporte y toda la sociedad uruguaya se conmovieron en 1972 por la tremenda peripecia de un grupo de jugadores de rugby en la cordillera de los Andes. El 16 de octubre de ese año, el Fairchild de la Fuerza Aérea que transportaba al equipo de Old Christians a Chile, donde iba a jugar un amistoso, se estrelló en medio de la cordillera. Durante más de dos meses no se tuvo más noticias de los jóvenes y sus acompañantes.

El 21 de diciembre, 72 días después del accidente, fueron hallados y rescatados de la montaña 16 sobrevivientes, de las 45 personas que iban en el avión. El resto murió cuando el aparato impactó contra una montaña o posteriormente por complicaciones de sus heridas, el frío e incluso debido a una avalancha de nieve. Por las características del hecho, es recordado tanto como “la tragedia de los Andes” o “el milagro de los Andes”.

Después, en 1980, 22 miembros del equipo de boxeo de Estados Unidos perdieron la vida en un accidente aéreo ocurrido en Polonia.

El rally Dakar, que suele presentar exigencias muy duras para los competidores, al punto que más de 60 participantes perdieron la vida en diversos incidentes, se quedó sin su creador debido a un accidente aéreo: Tierry Sabine murió al estrellarse en Gourma (Níger), el helicóptero desde donde seguía la carrera en enero de 1986.

El equipo de hockey sobre hielo Lokomotiv de Rusia desapareció en una tragedia aérea ocurrida en 2011 a 100 km de Moscú.

Otra desgracia desgarrante ocurrió en Argentina en 2015. Diez personas murieron al chocar dos helicópteros en la provincia de La Rioja. Entre las víctimas estaban los deportistas franceses Camille Muffat, campeona olímpica de natación, con tres medallas en los Juegos de Londres 2012; el boxeador Alexis Vastine, medalla de bronce en los Juegos de Pekín 2008 en superligeros; y la regatista Florence Arthaud, ganadora de la Ruta del Ron en 1990.

Manchester United se recuperó de una catástrofe en Múnich

A las tres horas y cuatro minutos de la tarde del 6 de febrero de 1958, el avión que llevaba al Manchester United se estrelló en el aeropuerto de Múnich. El United volvía de Belgrado, donde había enfrentado al Estrella Roja por la Copa de Europa.

El piloto trató de despegar dos veces sin éxito por problemas en los motores; al tercer intento, la nave (un bimotor Airspeed Ambassador que volaba como chárter) no pudo levantarse de la pista helada por el invierno y se estrelló contra una casa cerca del aeropuerto.

En la catástrofe murieron 23 personas, entre jugadores, cuerpo técnico, dirigentes, periodistas y personal aéreo. Duncan Edwards, considerado en su tiempo la mayor esperanza del fútbol inglés, resistió nueve días antes de fallecer. En total fueron ocho los futbolistas muertos.

Sin embargo, hubo sobrevivientes, los que viajaban en la parte delantera del aparato, que no resultó tan dañada en el impacto. Entre ellos, el técnico Matt Busby y la joven figura Bobby Charlton. Ambos fueron fundamentales para reconstruir el equipo, que diez años más tarde se consagraría campeón europeo y hoy representa una potencia deportiva y comercial.

Manchester venera desde entonces a sus caídos en Múnich. Edwards tiene su monumento. Y el estadio Old Trafford muestra en su fachada un gran reloj que marca las 3:04, debajo de la fecha del accidente.

Cuando el desastre se llevó grandes figuras

Hubo también muchos casos de atletas de deportes individuales fallecidos en accidentes aéreos. El boxeador francés Marcel Cerdan, pareja de la cantante Edith Piaf, murió en 1947 cuando el Lockheed Constellation que cumplía el servicio París-Nueva York cayó sobre las islas Azores. Cerdan viajaba para enfrentarse con Jack LaMotta.

Otro boxeador de gran fama que corrió esa suerte fue el estadounidense Rocky Marciano. En 1969 su avioneta se precipitó en Iowa cuando viajaba por negocios.

El mayor ídolo del deporte de Puerto Rico, el beisbolista Roberto Clemente, murió el último día de 1972 al caer el avión en el cual llevaba comida y abrigo para los damnificados por el terremoto de Managua. Clemente ya había enviado víveres a Nicaragua, pero la denuncia de que el dictador local Anastasio Somoza se quedaba con la ayuda internacional decidió al beisbolista a entregar los suministros personalmente, lo cual no pudo cumplir.

En 1975, el excampeón mundial británico de Fórmula 1 Graham Hill murió al caer la avioneta que él mismo pilotaba. También perecieron los integrantes de su equipo Embasy Hill, entre ellos el corredor Tony Brise. Otra figura de la Fórmula 1, el brasileño Carlos Pace, murió de la misma forma en 1977.

El golfista estadounidense Payne Stewart falleció en 1999 en un extraño accidente. La cabina de su avión privado se despresurizó en pleno vuelo, provocando la muerte por asfixia y congelamiento a los seis ocupantes de la aeronave. Esta siguió volando con el piloto automático durante casi 2.000 kilómetros. Y cuando se le agotó el combustible, se estrelló contra un campo en Dakota del Sur.

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