HISTORIAS

Un homenaje al fútbol: mi hermano se llama Diego

Maradona, hace 30 años, anotó con la “Mano de Dios” y el gol más lindo en la historia y bautizó a una generación.

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Diego Maradona

Diego Armando Maradona nació el 30 de octubre de 1960. Meses después, el 18 de junio de 1961 nació mi padre, Manuel. Lo hicieron a cientos de kilómetros y nunca se cruzaron, —al menos sin varios metros de distancia y seguridad— pero están conectados.

Mi hermano, como tantos otros bebés que nacieron entre fines de los 80 y principios de los 90, se llama Diego. No es el único, claro, ya que en esa época brilló un futbolista con la 10 en la espalda y llevó a muchos futboleros a homenajearlo en el nombre de sus hijos.

Hace 30 años y un día, el 22 de junio de 1986, Argentina vivió uno de los partidos más importantes en la historia de su fútbol, ante Inglaterra. Más allá de la instancia decisiva en la que se cruzaron, los cuartos de final del Mundial de México, el contexto también le ponía pimienta.

La Guerra de las Malvinas aún estaba viva en el pueblo argentino y muchos veían el partido ante Inglaterra como otra batalla. Maradona, el general a cargo de aquella selección albiceleste, tenía claro el clima según revela en el reciente libro "Mi mundial": "Si era por los argentinos, teníamos que salir con una ametralladora cada uno y matarlos. Pero nosotros nos alejamos de ese quilombo. Ellos eran sólo nuestros rivales. Lo que yo sí quería era tirarles sombreros, caños, hacerles un gol con la mano y hacerles otro que fuera el más grande de la historia".

Los once argentinos salieron al campo del Estadio Azteca ante más de 100 mil espectadores dispuestos a vengarse pero de una forma que sí se pudiera celebrar y estar orgullosos: ganando un partido de fútbol.

El destino quiso que rondando el minuto 51 Diego recibiera un balón en el campo inglés y emprendiera una ofensiva con la pelota adherida al pie. Cerca del área y con los ingleses atrincherados en el borde intentó una pared con Jorge Valdano, pero un defensa rival intentó sacarla en vano. La pelota se elevó y comenzó el descenso en el punto penal rumbo a las manos de Peter Shilton, que por encima de sus 1,83 cms. superaban los dos metros.

Pero Maradona, de 1,67 cms, no se dio por vencido: corrió, saltó e impulsó la pelota al fondo del arco para marcar el 1-0. "¡Para mí el gol fue con la mano. Lo grito con el alma...!", expresó Victor Hugo Morales, que desde la cabina vio lo que el tunecino Ali Bennaceur no pudo desde el campo. El primer tanto, ante Inglaterra y con la mano, le daba un gusto especial.

Y si el primero fue especial, el segundo resultó sublime. De terminar 1-0 el gol con la mano era una excusa perfecta para desmerecer el triunfo, por lo que Maradona tomó la pelota y a los 54 terminó de destruir a los posibles argumentos rivales. Tras recibir en mitad de campo, Reid y Beardsley pasaron al primer enganche. Reid lo persiguió varios metros pero Maradona con la pelota atada siguió con el arco entre ceja y ceja. Butcher y Fenwick salieron al cruce pero Diego no la largó y también los dejó atrás. Shilton, frustrado por la estafa del primer gol, salió a terminar con esa larga carrera, pero el 10 la tocó en corto hacia afuera y lo dejó por el camino. Luego, ante una tímida defensa de Stevens, Maradona tocó sutilmente y anotó el gol más lindo en la historia de los mundiales.

El grito enfurecido del astro fue el mismo que seguramente dieron la mayoría de los argentinos y muchos otros sudamericanos que también se identificaban. Maradona dio una clase de fútbol y a pesar de que Lineker descontó, Argentina se llevó el partido y luego el Mundial.

Treinta años después, muchas veces cuando Diego Maradona aparece involucrado en escándalos que no merecen homenajes, intento olvidar el por qué de que mi hermano se llame Diego. Pero en algún momento, aparece la camiseta 10 dejando en el camino a tanto inglés y me doy cuenta que el homenaje no es a la persona, sino al fútbol.

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