MUNDIAL 2018

Historias secretas de los mundiales

Desde 1930, la Copa del Mundo está llena de episodios que no se vieron en la cancha

Garrincha

La Copa del Mundo se ha convertido en un acontecimiento tan colosal que cada equipo participante es un mundo en sí mismo, con sus personajes, sus triunfos y derrotas, proezas y miserias. Ante los ojos de las miles de personas presentes en los estadios y los cientos de millones frente a las pantallas de televisión ocurren historias que quedan registradas para siempre. Pero también pasan cosas en esos rincones que el ojo del público no alcanza. Ídolos que se convierten en monstruos, negociaciones secretas que también deciden partidos, primicias verdaderas y falsas, curiosidades de la política. De todas ellas, aquí hay siete historias que muchos no quisieron contar.

Alexandre Villaplane, un colaboracionista de los nazis

Alexandre Villaplane era una figura del fútbol francés cuando su país disputó la primera Copa del Mundo en Uruguay. Era mediocampista pero sobre todo el capitán, un puesto entonces todavía más importante que en el presente. Allí está él en las fotos de su equipo, sosteniendo un ramo de flores o mostrando un muñeco que era la mascota del equipo. Pero su historia personal resulta mucho menos simpática. De hecho, pese a que solo tenía 24 años cuando se jugó el Mundial del 30, disputó entonces sus últimos encuentros con la camiseta de su selección.

Al regresar a Francia, su reputación profesional quedó severamente magullada a raíz de denuncias sobre su participación en arreglos de partidos, por lo cual duró poco en varios clubes. En 1935, ya vinculado al hampa, cayó preso por supuestos arreglos de carreras de caballos. Pero no sería lo peor que haría.

Cuando la Alemania nazi invadió Francia en 1940, Villaplane se convirtió en un colaboracionista. Integró una fuerza, la Carlingue, o Gestapo francesa, que se dedicó a perseguir, torturar, violar y matar a miembros de la Resistencia. También comenzó a entregar judíos franceses a los nazis mediante una treta atroz: convencía a sus víctimas de que por cierta suma los iba a conducir a un lugar seguro, pero en realidad los llevaba a los cuarteles de los alemanes.

Tras la liberación de París por los aliados en 1944, los colaboracionistas enfrentaron cárcel y juicio. Villaplane fue encontrado culpable de al menos 10 asesinatos, por lo cual fue fusilado el 26 de diciembre de ese años. Solo 14 años después de su único mundial.

Garrincha fue habilitado para jugar la final de Chile

Brasil llegó al Mundial de Chile como campeón. Pero perdió a Pelé, desgarrado, ya en el segundo partido. La posta la tomó el extraordinario puntero derecho Garrincha, el popular Mané, que se convirtió en la gran figura de aquella Copa. Sin embargo, con los reglamentos actuales (y con una FIFA un poco menos discrecional) no hubiera estado presente en la final ante Checoslovaquia, porque fue expulsado en la semifinal contra Chile.

En un campeonato caracterizado por el juego violento, este encuentro resultó particularmente áspero. Cerca del final, el árbitro peruano Arturo Yamasaki echó al chileno Landa. Al rato, Garrincha reaccionó a una provocación de Rojas. Yamasaki lo vio y le indicó el camino al vestuario, pues todavía no se había inventado la tarjeta roja.

La delegación brasileña, encabezada por el futuro presidente de la FIFA Joao Havelange, se movió rápido. Según el periodista inglés David Yallop, en su libro ¿Cómo se robaron la Copa?, intervino hasta el entonces presidente de Brasil, Joao Goulart, que llamó al titular de la comisión disciplinaria del torneo para pedir clemencia.

La presión surtió efecto y la comisión decidió analizar los informes de Yamasaki y de uno de sus asistentes, el uruguayo Esteban Marino. Yamasaki fue muy benévolo en su denuncia, en tanto Marino ni siquiera llegó a prestar declaración, pues luego del partido ya salió rumbo a Montevideo.

La comisión disciplinaria modificó la postura severa que había mantenido hasta ese día y se abstuvo de suspender a Garrincha, que resultó apenas amonestado. El puntero pudo jugar la final, que por supuesto ganó Brasil.

Uruguay debió ser “local” en el Azteca frente a Brasil

Para los uruguayos, esta historia no es tan secreta. Pero en el mundo es ignorada o fue olvidada: no hay recopilación extranjera de los mundiales que la mencione. Tras vencer a la Unión Soviética por 1 a 0 en el estadio Azteca en los cuartos de final de México 70, Uruguay debía quedar en ese escenario para la semifinal ante Brasil. Todos los fixtures de aquella Copa del Mundo así lo mostraban.

Sin embargo, Brasil, que como en 1962 seguía pesando mucho en el fútbol mundial, además de gozar de las simpatías de los anfitriones mexicanos, consiguió que la FIFA modificara lo programado y apenas tres días antes de ese partido cambiara la sede al estadio Jalisco de Guadalajara, donde los verdeamerillos habían disputado todos sus partidos en ese torneo. El cambio se resolvió entre la habilidad negociadora de los brasileños y cierto resquemor del entonces presidente de la FIFA, el inglés Stanley Rous, por la oposición que los delegados uruguayos le habían mostrado en el congreso previo de la organización.

Las quejas celestes fueron ignoradas por la FIFA. Es cierto, el comité organizador estaba autorizado a realizar ese tipo de modificaciones en la programación, pero quedó como el único caso en la historia de los mundiales en que un partido (¡y una semifinal!) se movió de una ciudad a otra pocas horas antes de su realización.

Brasil tenía el mejor equipo de su historia y seguramente también hubiera ganado en el Azteca, pero los celestes llegaron a ese encuentro con la fatiga de un viaje apurado durante varias horas por carretera entre el Distrito Federal y Guadalajara.

Para clasificarse, los jugadores incentivaron a los polacos

Argentina jugó en el grupo 4 del Mundial de Alemania 74, junto a Polonia, Italia y Haití. Luego de perder el primer encuentro ante los polacos y empatar con los italianos, la única posibilidad de pasar a la segunda ronda era vencer a los haitianos por más de dos goles de diferencia y esperar que Polonia, ya clasificado, venciera a su vez a Italia. Y así ocurrió: golearon 4-1 a los débiles antillanos, mientras el equipo de Deyna y Lato, revelación de aquella Copa del Mundo, derrotó por 2-1 a los azzurri.

Un chiste ilustró al otro día la prensa argentina: un integrante del equipo llevaba un postre como agradecimiento a la delegación polaca. La realidad fue menos risueña: los propios jugadores albicelestes hicieron una colecta para incentivar a los europeos. Una “vaquita”, como se suele decir.

“Juntamos 25.000 dólares y se los ofrecimos. Así como lo digo: los incentivamos poniendo dinero de nuestros bolsillos y con el agravante de que si nosotros no ganábamos por tres goles de diferencia y ellos cumplían, teníamos que poner la platita y además volvernos a casa”, admitió Enrique Wolff, integrante de aquel equipo y hoy periodista deportivo, según una nota de la agencia argentina Télam. Algunos futbolistas no tenían dinero suficiente, por lo cual la AFA le adelantó una suma por los premios.

La información agrega que quien llevó la valija con los dólares fue Héctor Rial, exjugador y asesor del entonces técnico argentino, Vladislao Cap.

Un escándalo que le costó caro a la Naranja Mecánica

La Holanda de 1974, además de su fútbol revolucionario, presentó otra gran novedad: las esposas y novias de los jugadores compartieron la concentración. Pero no fue durante todo el torneo. Cuando ellas volvieron a Holanda, ocurrió un hecho casual que tal vez le costó caro a la llamada Naranja Mecánica.

El 1° de julio de aquel año hizo mucho calor. Y algunas chicas hospedadas en el mismo hotel de los holandeses, en la localidad de Hiltrup, decidieron darse (ya de madrugada) un chapuzón en la piscina, aunque no tenían trajes de baño. Un futbolista las vio, corrió la voz y al rato estaba casi todo el seleccionado naranja bañándose con ellas. En el hotel había un periodista alemán, que se lo contó a un colega del diario sensacionalista Bild. Y el tabloide tituló, en vísperas de la final Alemania-Holanda: “Cruyff, champán, chicas desnudas y un baño fresco”.

La noticia llegó a Holanda y las esposas llamaron de inmediato a sus cónyuges, indignadas. Una de las más enojadas fue Danny Cruyff. Se asegura que Johan estuvo horas al teléfono, tratándola de convencer de que no había ocurrido nada más que una zambullida. Ella le exigió que regresara de inmediato a Amsterdam. Un dirigente tuvo que viajar a convencerla. Pero ya no permitiría que él se ausentara del hogar tanto tiempo. Fue la principal razón por las cual el crack no jugó el Mundial 1978).

¿Cuánto pesaron las noches en vela de Cruyff y sus compañeros al teléfono en la derrota en la final?

Krol, su hija y los fusiles militares que lanzaban flores

Holanda fue uno de los países donde la oposición al Mundial 78, debido a la dictadura argentina, resultó más fuerte. Por eso, la revista El Gráfico, adicta a la Junta Militar, no titubeó en publicar en plena Copa del Mundo una presunta carta del capitán holandés, Ruud Krol, a su hija, en la cual presentaba a Argentina como un paraíso y aseguraba que sus militares tenían “fusiles que disparan flores”.

“Mamá me contó que los otros días lloraste mucho porque algunos amiguitos te dijeron cosas muy feas que pasaban en Argentina. Pero no es así. Es una mentirita infantil de ellos. Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esta no es la Copa del Mundo, sino la Copa de la Paz (...) Dile a tus amiguitos la verdad. Argentina es tierra de amor”, decía supuestamente Krol. Lo llamativo era que, siendo holandeses Krol y su hija de solo tres años, la carta estuviera escrita en inglés.

“El suceso provocó una reacción de la embajada holandesa y hasta la Federación de esa país amenazó con retirar al equipo de la competencia”, recordó una nota de ESPN en su web.

“La carta la escribí yo, pero se la leí a Krol y él estuvo de acuerdo”, dijo el periodista Enrique Romero. El jugador lo negó. El periodista Pablo Llonto, que investigó los oscuros entretelones del Mundial 78, calificó esa carta como “una de las mayores vergüenzas del periodismo argentino”.

Cuando un país que no existía jugó un mundial

Cambiante y a menudo violenta, la política determinó que en los mundiales participaran países que después dejaron de existir, como la Unión Soviética o Alemania del Este. Pero una vez ocurrió que en la fase final de una Copa del Mundo jugara un país que ya había desaparecido. Ocurrió en Alemania 2006, con Serbia y Montenegro (que poco antes había jugado un amistoso ante Uruguay, en la foto).

A raíz del conflicto en los Balcanes, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia declararon su independencia de Yugoslavia en 1991. Las repúblicas de Serbia y Montenegro continuaron juntas bajo el nombre República Federal de Yugoslavia. A partir de 2003, el país pasó a llamarse Serbia y Montenegro. Y con esa denominación se clasificó al Mundial 2006.

Las relaciones entre las dos repúblicas no eran armónicas, por lo cual en mayo de 2006 la mayoría de la población montenegrina decidió, en un plebiscito, separarse de Serbia. Y el Parlamento de Montenegro declaró la independencia el 3 de junio. Ocho días después, sin tiempo para cambios, un seleccionado llamado Serbia y Montenegro debutó en el Mundial frente a Holanda. El técnico Ilija Petkovic declaró entonces que la independencia de Montenegro sorprendió a los jugadores, pero aseguró que no había tensiones en el plantel. Claro que de sus 22 jugadores, sólo uno era de origen montenegrino, el arquero Dragoslav Jevric. La campaña resultó corta: perdieron los tres partidos de la serie.

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