COPA SUDAMERICANA

Historias clásicas contadas desde adentro

Juan Ricardo Faccio estuvo junto a Nacional de niño y después dirigió tanto a tricolores como aurinegros

Clásico antiguo
José Emilio Santamaría y Óscar Míguez, capitanes antes de un clásico de la década de 1950.

Juan Ricardo Faccio puede contar buena parte de la historia del clásico desde adentro. En su infancia y su juventud estuvo muy cerca de grandes equipos de Nacional, pues su padre Ricardo había sido capitán y luego fue entrenador. Más adelante y ya como entrenador, Juan dirigió a los dos clubes: Peñarol en 1972-1973 y Nacional en 1975-1976. Así lo relata:

“Estuve en el vestuario de Nacional el día de la mal llamada fuga de 1949 y me acuerdo de todo como si lo estuviera viendo. Ese día puse la mesa en la concentración del Parque Central y después fui al Estadio en el ómnibus con el plantel. Nacional ese día empezó mejor, de una forma que Peñarol, que tenía un cuadrazo, no esperaba. Pero Ghiggia hizo un gol, luego vino el penal que atajó Paz y Vidal convirtió en el rebote pero invadiendo. Mire la foto de El País al otro día, lo muestra clarito. Entonces el juez Bochetti expulsó a Tejera y Walter Gómez. Cuando terminó el primer tiempo y fuimos al vestuario estaban los dos, muy enojados. También Washington Gómez, que no había podido jugar porque tenía un brazo roto, el Mono Gambetta, mi tío Roberto Porta, Atilio García y algunos más. Los técnicos eran mi padre y Aníbal Ciocca, pero el viejo se había enfermado en un partido anterior en Buenos Aires, por lo que dirigía solo Aníbal. Los jugadores le contaron que Bochetti les decía: ‘Jueguen, que ahora les van a hacer seis’, por el 6 a 0 de 1941. No daba ninguna garantía. Y entre Washington, Gambetta y Porta decidieron no salir a jugar el segundo tiempo. Los dirigentes tuvieron que aceptarlo”.

“Washington Gómez era un fenómeno, fue uno de los primeros centrehalves que anticipaba, en una época en que todos reculaban para defender. Pero tuvo un problema: su hermano Walter era más fenómeno todavía. Atilio ya jugaba poco en 1949 porque estaba veterano, pero fue un error sacarlo. Él tenía que ser como el Cid, a quien ya muerto ataron al caballo e incluso así siguió ganando batallas”.

“En 1950 Nacional fue campeón ganándole 2 a 0 a Peñarol, que era el gran favorito, con dos goles del argentino José García, a quien le decían Miseria. Me acuerdo que el segundo fue una volea tan fuerte en el arco de la Colombes que la pelota pudo haber seguido hasta 8 de Octubre y Garibaldi”.

“Estuve también el día de Reyes de 1952, cuando Rinaldo Martino hizo los tres goles para ganar 3 a 2. El tercero fue una media vuelta bárbara sobre la Colombes. Martino era un centreforward moderno, hoy le dirían un nueve mentiroso, porque venía jugando de atrás. Llegó de Italia con un poco de panza, por lo que tuvieron que salir del cuadro los que no corrían. Y ahí apareció un crack que para mí fue el más importante de esa época, Javier Ambrois. Además era de una familia tan hincha de Nacional como los Faccio. .. Pero era un poco desprolijo. Fumaba y dejaba caer la ceniza en la solapa de su saco…”

“Cuando fui a Peñarol en 1972 propuse hacer la dupla técnica con el Tito Goncálvez porque yo estaba demasiado identificado con Nacional. Él era mi amigo de la Mutual de Futbolistas. El equipo había perdido a casi todos los cracks de los años 60. Peñarol es históricamente un club de centrehalves, pero yo le inventé el doble cinco con Nelson Acosta y Ramón Silva. Al otro año también puse al argentino Quevedo, que era centrodelantero y erraba muchos goles, como puntero, ya que había llegado al club Morena. Y se convirtió en ídolo. En el primer clásico nos tocó enfrentar al Nacional campeón del mundo. Cuando planifiqué el partido, el presidente Gastón Guelfi le dijo a su vice Cataldi: ‘Este muchacho es un genio o está loco…’ Nos robaron ese día. Nos cobraron un penal, lo atajó Walter Corbo y lo mandaron repetir. Lo volvió a atajar y entonces nos echaron a Ramón por protestar. Al final empatamos. Guelfi vino a abrazarme al vestuario por la forma en que se dio el partido. Después me dijeron que Guelfi no bajaba al vestuario nunca, ni cuando habían sido campeones del mundo….”

“En 1975 me llevaron a dirigir a Nacional después que terminara a nueve puntos de Peñarol en el Campeonato Uruguayo. Siempre me tocaba ir de punto a los clubes grandes… Tenía grandes jugadores, lanzados por Miguel Ignomiriello, pero había que disciplinarlos. También futbolistas de mucho nivel intelectual como Moller, Darío Pereyra o Rafael Villazán. Carrasco jugaba con la 10 y Caillava con la 9, aunque en realidad el que armaba el juego era Miguel. Además, impusimos una novedad, atacábamos la pelota para marcar. Llevó tiempo, horas de entrenamiento, pero al final salió. Le ganamos el clásico a Peñarol en la hora para ser campeones de la Liga Mayor. La pelota se le escapó a Corbo y ahí estaba Revetria para convertir. Ese Nacional fue el trabajo más lindo que hice”.

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