JUEGOS PANAMERICANOS

Una historia escrita con buena letra

Fabián Coito, el técnico que lleva un educador en el alma y sigue trabajando en críticos contextos sociales.

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Foto: Marcelo Bonjour

Es común escuchar que "la historia la escriben los que ganan"; pero no se trata de que ahora haya que escribir la de Fabián Coito, ex zaguero derecho de Wanderers y Cerro entre 1982 y 1992 en su recorrido como jugador dentro el fútbol uruguayo, entrenador de las selecciones juveniles desde hace 8 años y técnico de la Sub 22 que ayer logró el título de campeón en los Juegos Panamericanos.

Ocurre que el oro no sólo brilla: avala; de modo que en este momento es de orden recordar que, si bien es cierto aquello de que "la historia la escriben los que ganan", hace tiempo que Coito viene haciendo muy buena letra y, por tanto, la suya merece repasarla.

Según lo ha dicho más de una vez el propio Coito, su primer técnico en Primera División fue Óscar Tabárez, quien a mediados de la década de los 80 en Wanderers solía decirle: "Qué bueno sería que fueras entrenador"; seguramente porque en las entrañas de las afinidades nacidas de la relación y el diálogo cotidianos, el maestro descubrió la veta que años más tarde el involucrado reconocería al revelar que "la verdad es que me gustaba".

En la base de aquel vínculo, en realidad, había puntos de contacto entre el exdocente de enseñanza primaria y el técnico que empezó dirigiendo las formativas de Central Español en 2004, pero —como si fuese una fuente de vocación, no sólo un medio de asegurar el sustento diario— nunca iba a dejar de trabajar, ni en la actualidad, como coordinador de la actividad futbolística de los adolescentes que cursan secundaria en el colegio Maturana.

Por su manera de pensar y actuar, Coito parece llevar adentro un educador, al fin y al cabo, como lo prueba una función que ha cumplido casi en forma anónima y paralela al logro de un vicecampeonato mundial y tres de ese mismo rango a nivel sudamericano: asesor del programa del Ministerio del Interior que se denomina "Pelota al medio a la esperanza" y encargado de llevar adelante un plan que desarrolla la práctica del fútbol en los centros carcelarios dos veces por semana y es impulsado por dicha secretaría de Estado.

Todos esos, pues, son los componentes de la esencia personal y profesional de este entrenador que ayer, con 48 años, llevó a la selección Sub 22 de Uruguay al mismo sitio de privilegio al cual en 1983 había llegado bajo la conducción de su mentor, si no maestro: Óscar Tabárez.

No es todo, sin embargo: aunque no haya sido su mejor imagen, tras el triunfo frente a Brasil en Toronto, el técnico celeste tuvo una reacción visceral que lo llevó a decir que se había equivocado; y en ese sentido el repaso de su historia no debe olvidar lo que pudo haber sido el llamado de la sangre: Danilo Coito, el padre, fue pilar exuberante del aguerrido cuadro con el que Goes ganó el Federal en 1958 y 1959, cortando la racha de Welcome y su incomparable Óscar Moglia y marcando un hito en la historia del básquetbol uruguayo.

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