El adiós a Ghiggia

El héroe de Maracaná que soñaba con ser aviador

Le gustaba mucho la velocidad y no le quedó nada por hacer.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Destino. De niño le gustaba mirar los aviones, pero el fútbol lo llevó para otro lado. Foto: Leonardo Carreño

No creo que me haya quedado algo por hacer en la vida. Tuve la suerte de viajar bastante. Pero de chico…soñaba con ser aviador. Me gustaban los aviones, me quedaba mirándolos, pero el fútbol me llevó para otro lado. Son destinos que están marcados", me contó Ghiggia hace unos años en una entrevista realizada para Don Balón de España.

Solía cobrar las entrevistas, cuando eran para medios del exterior, pero esa vez hizo una excepción. "No pienso mucho en la final del 50 porque la vida sigue. Hay que vivir el presente. Uno no puede quedarse en el pasado, por más importante que sea. Lo que pasó en Maracaná es algo que llevo dentro mío. Cuando me preguntan digo que no hablo del 50. Sobre todo por respeto a mis compañeros que ya no están. Tengo los videos de los goles y las grabaciones de los relatos. También tengo los relatos de los brasileños. Me causa gracia. Me los regaló un brasileño. Cuando hice el gol, lo único que dijo el relator fue: gol uruguayo. Nada más, y después de ese partido no relató nunca más", contó en aquella oportunidad. "En Brasil me tratan muy bien, me aprecian mucho. A pesar de lo que les hice en el 50, no son rencorosos. Nos quieren mucho más a nosotros que a los argentinos", añadió.

Dijo no haberse arrepentido de rematar el trofeo "Golden foot" que le dieron en Italia. "Tenía que edificar en Las Piedras y como no me gusta pedirle nada a nadie, decidí venderlo para hacer la casa", contó y aseguró que tiene muchos trofeos más. "Dos cajas llenas, pero esos no los vendo. Tengo una réplica de la copa del mundo que ganamos en 1950, que es de oro. Me la dieron en Múnich, en el Mundial de Alemania. ¿Si tengo miedo que me los roben? No, tengo un guardián muy bueno. Un perro pastor alemán, en mi casa no entra nadie".

Reconoció que cuando visitaba a los jugadores de la selección en el complejo, con los que más se entendía era con Forlán y Abreu. Y que se animaba a darles algún consejo.

Y admitió que le gustaba más el fútbol inglés que el italiano donde jugó diez años. "El italiano siempre fue avaro".

Sus mejores recuerdos de Italia no eran de una cancha de fútbol, sino de cuando manejaba su Alfa Romeo a toda velocidad. "Me gusta correr. Cuando vamos para afuera voy muy ligero. Mi esposa se queja y me pide que vaya despacio, pero eso me quedó de cuando vivía en Italia y manejaba mi Alfa Romeo. Y una vez, fui al gran premio de Monza, en la época en que corría Fangio".

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