SELECCIÓN

La herencia

Diego Godín, José María Giménez y Sebastián Coates recibieron un legado y se hicieron cargo del rico patrimonio de los orientales.

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Sebastián Coates, Diego Godín y José María Giménez. Fotos: archivo El País

Hasta casi fines de los 50, cuando en todo el mundo se decía y/o escribía la alineación de los equipos, los apellidos del zaguero derecho y el izquierdo iban enlazados por una conjunción: "y"; unidad que surgía de la forma como se paraban los equipos en la cancha.

Es que, hasta que apareció Brasil para ganar el Mundial de 1958 en Suecia con —además de Pelé, claro— el entonces revolucionario 4-2-4, en todas partes imperaban las formaciones tradicionales del fútbol británico.

Los brasileños con su consagración, entonces, rompieron todos los esquemas, pues los demás países adoptaron el de los campeones mundiales, como ha ocurrido siempre, casi por contagio: se imita al que gana; y, por tanto, los nombres y apellidos del zaguero derecho y el izquierdo no se dijeron y/o escribieron más con la conjunción en medio de ambos, sino de corrido y adentro del bloque de los defensas que integraban la línea de cuatro de la retaguardia.

En Uruguay, sin embargo, la nueva moda tardó años en ser totalmente adoptada, no sólo por la fuerza de penetración popular de los equipos grandes, donde —por ejemplo— Lezcano y Cano (o Varela) en Peñarol, y Troche y Emilio Álvarez (o Manicera), fueron en los 60 una especie de marca registrada.

A nivel se la selección, incluso, podría afirmarse que -—como pasó en Nacional con Ancheta y Masnik al inicio de la década siguiente— aquella grifa se mantuvo hasta el Mundial de 1970, en México, donde la zaga central formada por Ancheta y Matosas solía ser mencionada "a la antigua", por el jerárquico desempeño de sus integrantes, aún a despecho de que Ubiña y Mujica no completaran la línea de cuatro en los laterales con un rol rol de "actores de reparto".

El retardo se debió a algo que viene desde el fondo de la historia; la época más gloriosa del fútbol uruguayo: José Nasazzi y Pedro Arispe en la gesta de Colombes en 1924, y Nasazzi y (Ernesto) Mascheroni en la del primer mundial de 1930, donde "la Celeste" ratificó su hegemonía universal, que en 1928 ya había sido ratificada en Ámsterdam, fueron los que patentaron la fórmula oridinal de uno de los pilares más firmes sobre los que se asentó la manera de defender "a la uruguaya".

Esto es: dos zagueros centrales fuertes, al menos uno muy solvente en el juego de alto, de características físicas y futbolísticas, y personalidades, que en la mayoría de los casos fueron similares, pero en muchos de ellos, también (como Ancheta y Matosas), tan diferentes como complementarias.

Eso, en definitiva, hizo que el zaguero derecho y el izquierdo formaran un bloque dentro de la estructura general de las selecciones uruguayas; con el matiz — a veces marcado por la fuerza de los resultados— de que algunas de esas duplas quedaron grabadas en el disco duro de la memoria popular con más nitidez que otras, más allá del contexto de la figura táctica con la que jugaron.

Así, por ejemplo, Matías González y Eusebio Ramón Tejera son —aunque no el más relumbrante— uno de los sellos de la conquista de Maracaná en 1950, mientras que José Emilio Santamaría y William Martínez no han sido recordados en conjunto con la misma intensidad, tal vez porque a Uruguay "no le fue bien" con el cuarto puesto del Mundial de Suiza en 1954, pese a que los dos fueron dos zagueros fenomenales.

La saga fue continuada por Horacio Troche y Alcides "Cacho" Silveira en el Sudamericano de Guayaquil en 1959; Troche y Emilio "Cococho" Álvarez en el Mundial de 1962 en Chile; Troche y Jorge Manicera en el de 1966 en Inglaterra; Ancheta y Matosas en el de 1970 en México; Walter Olivera y Hugo De León en el "Mundialito" del 80 en Montevideo; y Nelson Gutiérrez y De León en el Mundial de 1990 en Italia.

Hubo más, claro. Por ejemplo, en el Mundial de 1986 en México, Gutiérrez y Eduardo Acevedo; y en la Copa América de 1987 en Argentina, el propio Gutiérrez y Obdulio Trasante; pero, no en vano, un periodista inglés les preguntó por separado a Tabárez y Lugano, antes de empezar el Mundial de 2010, si una de las metas de la selección celeste era "la refundación del fútbol uruguayo".

La respuesta, con modestia, fue negativa; pero, al menos en lo que respecta a la marca registrada de la unidad funcional de los dos zagueros centrales, a partir ahí se reabrió la sucesión de uno de los más preciados patrimonios de la idiosincrasia del fútbol uruguayo, Diego Lugano y Diego Godín no sólo recibieron tamaño legado: se hicieron cargo.

Por supuesto, el tiempo pasa y todo cambia; de modo que, a partir de 2010 "la Celeste" agregó un nuevo componente a la más antigua y tradicional forma de "defender a la uruguaya": a Lugano y Godín los suplieron, alternativamente, incluso en paradas muy bravas, pero con altísimo grado de eficacia, y hasta con la misma clase de los titulares, Andrés Scotti y Sebastián Coates.

De tal forma, en la práctica, el bastión pasó a estar compuesto por tres y hasta cuatro integrantes, aunque "la fórmula original" —como también el aspecto reglamentario— admita sólo a dos adentro de la cancha; y ahora, por si fuera poco, además del auspicioso puntaje que sumó Uruguay, las cuatro fechas iniciales de las Eliminatorias del Mundial de Rusia han dejado como saldo que José María Giménez, Diego Godín y Sebastián Coates mantienen, en conjunto, plenamente vigente la vieja grilla distintiva de las defensas uruguayas: fuerza, potencia, personalidad, precisión para la marca y contundencia en el juego de alto.

Giménez y Godín. Coates y Godín. En marzo del año que viene contra Brasil, casi seguro, Giménez y Coates. Así se sigue diciendo en Uruguay, aunque el lenguaje del fútbol moderno sólo se suela expresar en términos de "línea de tres", "línea de cinco" y "línea de cuatro".

La nueva guardia

Diego Godín tiene 29 años, mide 1,85, pesa 73 kilos y jugó 7.220 en 85 partidos de la selección, donde fue titular en 82. José María Giménez tiene 20 años, mide 1,85, pesa 80 kilos y jugó 1.985´ en 25 partidos con "la Celeste", de los que fue titular en 21.Sebastián Coates tiene 25 años, mide 1,96, pesa 85 kilos y jugó 1.391 en 23 partidos de Uruguay, donde fue titular en 14. Diego Lugano tiene 35 años, mide 1,86, pesa 83 kilos y jugó 7.146 en 84 partidos con la selección: titular en todos. Andrés Scotti jugó 2.061 en 33 partidos de selección

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