HISTORIAS

Una herencia de campeones

Como el dicho: de tal palo, tal astilla.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Forlan

Son pocos los casos en el mundo en que padre e hijo llegan a ser futbolistas profesionales, muchos menos los que tienen la suerte de jugar en el mismo equipo y menos aún los que encima son acompañados por el éxito deportivo.

Los Verón en Estudiantes de La Plata, máximos símbolos del "Pincharrata", los Maldini en el Milan, también en estos casos con gran suceso, o los Cruyff en Barcelona, con dispar resonancia pero ambos campeones, son algunos de los ejemplos. No abundan, claro está. Es un porcentaje muy reducido. Son apenas algunos elegidos los que pueden repetir, de alguna manera, la historia de sus padres.

En Peñarol, decir que tiene cuatro casos de padres e hijos campeones en el club parece demasiado. Con el título obtenido el pasado domingo, Diego Forlán se sumó en este sitio de privilegio que hasta ahora solo conformaban Néstor y Jorge Gonçalves, Roberto y Gustavo Matosas y Óscar y Matías Aguirregaray.

El Uruguayo de Diego se suma a los que consiguió el "Boniato" en 1964, 1965, 1967 y 1968, la Libertadores 1966, Intercontinental 1966 y la Supercopa de Campeones Intercontinentales 1969. Así, ambos dejaron grabado su nombre en la historia de Peñarol.

Como dijo "Cachavacha" el lunes en su despedida: "Puedo decir que no jugué en Peñarol, yo salí campeón en Peñarol". Y ahí está la diferencia. Al 10 no solo le alcanzaba con ponerse la camiseta del equipo de sus amores. Para cumplir el sueño de su vida, no bastaba con solo jugar un campeonato en el mirasol. Por eso, el propio Pablo reconoció también esta semana que si a aurinegro se le hubiera escapado el título, Diego iba a ir el semestre que viene por su revancha. Eso no ocurrió. Se sacó las ganas y luego, formalizó su salida.

Otros hijos de excampeones mirasoles también se dieron el gusto de defender al club, pero no corrieron la misma suerte. Carlos Diogo, hijo de Víctor Hugo y Diego Morena, hijo de Fernando, son dos ejemplos de ello. Defendieron al mismo equipo donde sus padres se consagraron a nivel local e internacional, pero se fueron sin vueltas olímpicas.

Ademas, en el caso de los Forlán, también pueden mostrar con orgullo que ambos fueron campeones con la selección uruguaya. En 1967, Pablo ganó la Copa América (en ese entonces denominado Campeonato Sudamericano) y Diego lo hizo en 2011. Curiosamente en esa Copa de 1967 (como también ocurrió en la que ganó la Celeste en 1959), el equipo era dirigido técnicamente por Juan Carlos Corazo, en ese entonces yerno de Pablo y años más tarde, abuelo de Diego.

A los Forlán, como los Gonçalves, los Matosas y los Aguirregaray, les corre la misma sangre... Sangre de campeones.

Y allá.

En Nacional, en tanto, existen tres casos de padres e hijos campeones en la institución.

Primero, aparece Luis Ernesto Castro, campeón del Quinquenio de Oro entre 1939 y 1942, y su hijo Braulio que consiguió la Copa Interamericana en 1972. Segundo, está Eusebio Urruzmendi, campeón en 1942, y su hijo José, mejor conocido como "Pepe", que se consagró campeón uruguayo en 1963 y 1966. Tercero, y último, aparece el caso de Aníbal Paz, arquero del Quinquenio, y su hijo Jorge, también guardameta, que fue campeón en el año 1966.

Dos gotas de agua...

Los Gonçalves: Néstor jugó toda su carrera en Peñarol. El volante estuvo de 1957 a 1979 en el primer equipo y fue campeón a nivel local en nueve oportunidades. El popular “Tito”, ganó los Campeonatos Uruguayos de 1958, 1959, 1960, 1961, 1962, 1964, 1965, 1967 y 1968. A nivel internacional, como si fuera poco, también ganó las Libertadores de 1960, 1961 y 1966, las Intercontinentales de 1961 y 1966 y la Supercopa de Campeones Intercontinentales de 1969. Su hijo Jorge, en tanto, no se quedó atrás. “Tito”, quién también heredó el apodo de su padre pero se desempeñó como zaguero, fue campeón Uruguayo en 1986 y 1997 (último año del segundo Quinquenio en la historia de la institución) y ganó la Copa Libertadores de América en 1987. Sin dudas, este es uno de los apellidos más pesados en la historia del club.

Los Matosas: Roberto estuvo en Peñarol en dos oportunidades: de 1960 a 1965 y de 1969 a 1972. En total, el zaguero ganó ocho títulos: cinco a nivel local y tres a nivel internacional. Ganó los Campeonatos Uruguayos de 1960, 1961, 1962, 1964 y 1965. También las Copas Libertadores de 1960 y 1961 y la Intercontinental de 1961. Su hijo Gustavo, por su parte, estuvo en el mirasol por cuatro temporadas entre 1985 y 1989. Allí, el volante cosechó tres títulos y escribió también una de las páginas más ricas en la historia de Peñarol al ganar la quinta Copa Libertadores de América (1987). Además, vale destacar que ganó los Uruguayos de 1985 y 1986.

Los Aguirregaray: Otro apellido totalmente identificado con Peñarol. Óscar, o simplemente el “Vasco”, defendió a Peñarol de 1994 al 2000, cuando terminó dejando la actividad oficial. En total, dio cinco vueltas olímpicas, todas a nivel local. El defensor ganó los Campeonatos Uruguayos de 1994, 1995, 1996, 1997 y 1999. Su hijo Matías, o simplemente el “Vasquito”, lleva tres títulos con la camiseta de Peñarol y también todos a nivel local. El lateral ganó los Uruguayos de 2009/2010, 2012/2013 y 2015/2016. Además, en este caso, cabe recordar que estos se dieron el gusto de trabajar juntos cuando en el pasado Torneo Apertura el “Vasco” integraba el cuerpo técnico de Pablo Bengoechea y el “Vasquito” se encontraba en el plantel.

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