Hagamos todos que el “Morro” sea eterno

EDWARD PIÑÓN

La muerte de un integrante de la familia siempre genera un profundo dolor, por más que aceptemos todos que se trata de algo natural. Que puede ocurrir. Sin embargo, la muerte por suicidio dificulta en grado sumo la elaboración del duelo. A la familia de Santiago “Morro” García, a sus amigos, y a toda la familia del fútbol el resultado de su fallecimiento nos estremece. Es imposible no preguntarse cientos de veces qué pasó, qué desencadenó esa decisión. Por qué no hubo forma de evitarla.

No hay consuelo. El “Morro” tenía 30 años. Nada más que 30 años. Una hija para disfrutar y compartir grandes momentos. La tristeza, como lo describió Sebastián Coates será prolongada.

Lo único que puede esperarse para el futuro es que su partida ayude a comprender a toda la sociedad que los futbolistas padecen los mismos problemas que cualquier otra persona. No son hombre de acero. No son indestructibles. No tienen una vida libre de golpes emocionales. No son súper hombres. Sufren por ellos y por sus familiares cuando las cosas no salen bien o cuando tienen el temor de no sostener un vínculo laboral porque no saben si su contrato será renovado.

Evolucionar en ese sentido. Colaborar para mejorar entre todos, sería de verdad lograr que el “Morro” sea eterno.

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