LUTO

No habrá otro igual

Néstor Tito Goncálvez fue un futbolista irrepetible, protagonista de hazañas y actor de circunstancias también irrepetibles. Una trayectoria de 14 temporadas, siempre defendiendo la camiseta de Peñarol.

Néstor "Tito" Goncalvez
Néstor "Tito" Goncalvez
Néstor "Tito" Goncalvez
Néstor "Tito" Goncalvez
Néstor "Tito" Goncalvez
Néstor "Tito" Goncalvez
Funeral de Néstor "Tito" Goncalvez
Funeral de Néstor "Tito" Goncalvez

Líder de su equipo en tiempos dorados e internacional celeste antes de debutar oficialmente con su club. La imagen que siempre permanecerá es su vuelta olímpica en el estadio Santiago Bernabeu, con la Copa Intercontinental en alto, triunfo del cual se cumplieron hace poco 50 años. Pero ya antes era un histórico de Peñarol.

Había nacido en 1936 en Cabellos, un pueblo de Artigas que ahora se llama Baltasar Brum, donde su familia tenía campo. A los 15 años se fue a jugar al Universitario de Salto. Dejó su casa y esa soledad comenzó a forjar una personalidad a prueba de cualquier desafío. Alto, fuerte pero de buena técnica, de gran personalidad y voz de mando, se destacó pronto en el fútbol del interior e interesó a Peñarol. Como la reglamentación no le permitía practicar por otro club, se probó bajo el nombre ficticio de Carlos Silva. Fue en el Parque Saroldi, donde se encontró con héroes de Maracaná como Oscar Míguez, Víctor Rodríguez Andrade y William Martínez, ajeno al hecho de que pronto recibiría como herencia la camiseta número cinco de Obdulio.

Sin llegar a debutar con los aurinegros, fue convocado a la Selección que disputó el Sudamericano de Lima de 1957. Con la Celeste jugaría dos mundiales (Chile 1962 e Inglaterra 1966) y también sus últimos minutos en una cancha: cuatro frente a Alemania Oriental en el Centenario, en febrero de 1971, como breve homenaje.

Su gran historia la hizo con Peñarol. La estadística marca que defendió al club en 571 partidos. Ganó nueve Campeonatos Uruguayos (cinco de ellos seguidos), tres copas Libertadores, dos Intercontinentales y una Supercopa. Tantos títulos lo convierten en símbolo de una era triunfal, en la cual sus colores supieron tanto de batallas épicas como de giras por el mundo. Alguna vez se habló de su pase al exterior. River argentino, Real Madrid, fueron posibilidades. Por decisión propia se quedó. Y como símbolo de un fútbol que ya no existe, cumplió toda su carrera con la aurinegra. Hasta que una noche, frente a Cerro, por el Campeonato Uruguayo de 1970, solicitó el cambio antes de que terminara el primer tiempo, saludó a las tribunas y se despidió sin más formalidad que las lágrimas en los ojos.

Era un futbolista inteligente, seguro de sí mismo. Con su figura y su vozarrón, se hacía respetar y querer por sus compañeros, respetar y temer por sus rivales. Claro que era sagaz para obtener esa adhesión. Una vez reveló uno de los trucos: pedir las cosas con diminutivo. "Uno perdía la pelota y decía: Pochito, Pochito, levantate. Y Cortés se levantaba. Nada de ¡qué hacés!. O de dar órdenes de mala manera", contó el capitán.

Primera pieza defensiva, firme delante de la línea de cuatro, se convertía después en la primera arma de ataque. Llevaba la pelota con un tranco seguro, que parecía lento, pero se trataba simplemente del arranque del vértigo que imponían adelante Alberto Spencer y Juan Joya. Era ídolo sin vueltas, capaz de visitar la casa de un hincha en Navidad porque el hombre había tocado a su puerta llorando de emoción.

Como toda su generación, alcanzó la cumbre con las finales de 1966 ante River y Real Madrid. En Santiago, por la definición de la Libertadores, sostuvo al equipo en los momentos adversos e inició la remontada, con la ejecución de un tiro libre cerca del área. Siguiendo una jugada que a veces practicaban en Los Aromos, envió la pelota por aire a Spencer, que le dio de volea, antes que tocara el piso, para conquistar un gol que comenzó a demoler al rival.

Frente al campeón europeo fue el dueño absoluto del mediocampo, propiciando las dos netas victorias por 2 a 0.

Después trabajó como director técnico, aunque en el banco estuvo lejos de la gravitación que alcanzó como jugador. Como no podía ser de otro modo, fue colaborador de Peñarol durante muchos años. También padre de futbolistas: su estirpe la continuaron Néstor hijo y Jorge. Éste, además de ser muy parecido físicamente, también conquistó la Libertadores con la aurinegra.

Pasará mucho tiempo antes de que otro futbolista gane nueve campeonatos uruguayos, tres Libertadores, dos copas del mundo de clubes. Alguien que juegue antes en la selección que en su club, aunque defienda a ese club durante 14 años. Un capitán que imponga el silencio en la cancha para que solo se escuche su voz. Pasará mucho tiempo antes que aparezca otro Tito Goncálvez.

Cientos de hinchas aurinegros lo despidieron ayer en el CDS.

El velatorio de Néstor "Tito" Goncálvez se llevó a cabo ayer entre las 17 y las 23 horas en el Campeón del Siglo. Muchísimas personalidades aurinegras, jugadores, técnicos y directivos de todas las épocas dijeron presente para homenajear al gran capitán. También representantes de otras instituciones. Y una gran cantidad de hinchas carboneros desfilaron por el hall del CDS para despedir al ídolo. El sepelio será esta mañana a las 9:30 horas en Los Fresnos de Carrasco.

Peñarol está considerando retirar la camiseta número 5.

"Se nos fue el futbolista más emblemático que tuvo Peñarol", dijo el presidente aurinegro, Juan Pedro Damiani, quien en declaraciones al programa Último Al Arco (Sport 890) comentó que su comisión directiva está pensando en retirar la camiseta número 5 en honor a "Tito".

"Mi más sentido pésame a la familia de Néstor Tito Gonçalvez y a todo Peñarol. Se fue una gloria de la Celeste y del fútbol uruguayo", escribió presidente de la AUF, Wilmar Valdez, en su cuenta de Twitter.

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