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De un golpe no lo tiran

Tras su frustrado pase a Peñarol, Claudio Herrera volvió a la vida en River Plate el club que primero lo dejó libre para que cumpliera su sueño y luego le abrió sus puertas

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Feliz. Así está Herrera con sus compañeros, que nunca lo dejaron solo. Foto: Francisco Flores.

La práctica estaba por finalizar en el Parque Saroldi. Intensidad y táctica fueron las palabras que más salieron de la boca del entrenador Jorge Giordano, quien vive el movimiento con la misma pasión que le exige a sus dirigidos.

Tras más de dos horas de práctica en las que alternaron el gimnasio y la cancha, los futbolistas darseneros se fueron exhaustos rumbo a las duchas. Pero hay uno de ellos que disfruta al máximo de ese cansancio: Claudio Herrera.

“En cierta forma volví a la vida. Volví a estar contento. Estoy feliz”, admitió el lateral que regresó al Saroldi después de estar dos meses entrenando solo, tras su frustrado pase a Peñarol.

“Fue muy largo para mí. Los primeros días fueron los más difíciles y después me di cuenta que no había otra que seguir metiéndole. Por suerte tuve el gran apoyo de la familia y los amigos que me daban para adelante y no me dejaban bajar los brazos. Creo que estuve uno o dos días sin entrenar, pero luego, enseguida, hice un click, que era fundamental y que era necesario. Precisaba entrenar, moverme, hacer lo que me gusta”, explicó, sobre lo que define como el momento más duro de su vida. Es que se crió entre el amarillo y el negro de la mano de su padre, José Herrera, que fue tres veces Campeón Uruguayo con Peñarol y ganó la Copa Libertadores en 1987.

Herrera no tiene más que palabras de agradecimiento para River, dado que cuando tenía dos años de contrato lo dejó libre para que pudiera cumplir su sueño de niño de jugar en Peñarol y vestir la misma camiseta que su padre. Ahora, cuando estaba sin equipo, volvió a abrirle las puertas. “Cuando mi padre me dijo que iba a empezar a buscarme un equipo acá en el medio local, yo le pedí que tanteara primero a River a ver si me querían. Yo estaba dispuesto a volver porque soy feliz acá en el Saroldi”, afirmó sobre el club al que llegó para jugar en Tercera División en 2009 y al que defendió nueve años. Antes había tenido solo un pasaje de tres años por Cagliari y Messina en Italia. Es que Claudio arrancó tarde en el fútbol: a los 18 años.

DOS DÍAS. Hoy sigue sin entender lo que sucedió en julio pasado, cuando pasó de tocar el cielo con las manos porque iba a jugar en Peñarol (sólo le faltaba la revisión médica para presentarse en Los Aromos), a que su mundo se desmoronara dos días más tarde. Hay muchas preguntas que siguen sin respuesta.

“Fue raro, no sé que pasó, pero el que pagó los platos rotos fui yo. Estuve dos días muy felices, en lo que no podía creer lo que estaba viviendo y luego un par de días de una terrible tristeza. No entendía. Casi no podía ni pensar, sólo dejaba pasar las cosas. Fue el peor momento de mi vida. Fue muy duro porque tuve dos días de felicidad extrema y pasé a lo totalmente opuesto. Igual es cosa del pasado, ya pasó y cerré la puerta. Ir a Peñarol puede seguir siendo mi sueño, pero la veo dificilísima. Si no me quisieron ahora, no me van a querer más adelante. Hoy recuperé la alegría en River, donde estoy muy a gusto”, dijo quien aún no sabe si fueros los dirigentes mirasoles o el técnico quien le bajó el pulgar y desmoronó su gran ilusión.

“No tengo ni idea, no lo sé y no me interesa. Las cosas se dieron así para mi desgracia. Es lo que me tocó. Mi padre tampoco me explicó la razón, no sé si no la sabía o no me la quiso decir. Él estaba más triste que yo. Estaba peor que yo, nos conteníamos entre los dos. Y eso es lo que más me duele. Ahora sólo quiero pensar positivamente y mirar hacia adelante”, relató y aseguró, a su vez, que a pesar de lo sucedido su amor por el club no ha disminuido.

HINCHA. “Voy a seguir siendo hincha de Peñarol, como de River. Pase lo que pase en el futuro voy a estar en las dos canchas”, afirmó quien hoy tiene el corazón dividido entre las dos instituciones. “Me inculcaron los colores de Peñarol desde que nací, el amor al amarillo y negro. Y luego, estuve nueve años acá en River. Hace muchísimo que juego acá y si no sintiera nada no sería humano. Hace mucho que hincho por River, que es parte de mi vida”.

Hoy Herrera espera el momento en que el técnico Giordano le de una oportunidad, aunque es consciente que aún le puede faltar algo de ritmo y dinámica por el lapso en que no estuvo en el club. “Vengo de entrenar solo y no es lo mismo que hacerlo en grupo o hacer determinados trabajos. Yo estoy feliz de estar acá y vine a sumar. El día que Jorge (Giordano) piense que puedo sumar dentro de la cancha lo voy a hacer y si no, voy a hacerlo de afuera. Así hice toda mi carrera, de adentro o de afuera siempre empujando para el mismo lado. Lo importante es River”, dijo quien no se sorprendió con la intensidad de los trabajos de Giordano porque sus compañeros ya le habían contado sobre su forma de entrenar.

Los mismos compañeros darseneros que nunca lo dejaron solo. “Enseguida que pasó todo me llamaron para apoyarme. Me decían que estaban conmigo y me pedían que volviera. Que me apoyaran en mis decisiones y que quisieran que regresara a estar con ellos fue muy lindo para mí”.

La actitud de sus compañeros fue una de las cosas positivas que el lateral rescató dentro de lo malo que tuvo que vivir. Pero no fue lo único. “Mucha gente me apoyó por las redes sociales, con mensajes positivos. Incluso algunos que me encuentro por la calle, que no conozco y me dan para adelante. Esas cosas te alegran y te dejan tranquilo y conforme. Sobre todo tranquilo, porque yo no cometí ningún error”. Tan es así que incluso hubo un dirigente de Peñarol que lo llamó para pedirle disculpas.

Sus hijos fueron su cable a tierra en los momentos más difíciles. Luna, tiene diez años, y aunque es hija de Soledad, su esposa, la siente como propia. Y Juan Cruz cumple dos años en diciembre. “Disfruté mucho de ellos porque con el fútbol uno nunca tiene un fin de semana libre. Nos fuimos para afuera y disfrutamos en familia. Ellos llenaron muchos de mis espacios. El chico no entiende, pero Luna primero se alegró mucho al enterarse que iba a Peñarol y después también de que volvía a River. Porque ella desde que me conoce me vio siempre con la camiseta de River”.

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El cuñado del capitán celeste

Claudio es el cuñado de Diego Godín, con quien su hermana Sofía se casó por civil después del Mundial de Rusia. Y en diciembre se llevara a cabo la fiesta. “Ellos estaban acá cuando pasó todo y me apoyaron mucho. El casamiento de mi hermana fue una alegría en medio de la tristeza. Me llevo muy bien con Diego, aunque en realidad no nos vemos mucho porque ellos están en España y solo vienen en sus vacaciones. Y siempre con poco tiempo para mucha familia y amigos con los que ponerse al día. Diego es un gran tipo y estoy muy contento de que haga feliz a mi hermana”.

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Claudio Herrera en el Parque Saroldi. Foto: Francisco Flores.
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