Nacional

Goles sin cédula: veinte años no es nada

El más grande y el más chico del plantel, Sebastián Abreu y Rodrigo Amaral, concentran juntos.

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Sebastián Abreu y Rodrigo Amaral ante Gimnasia. Foto: Gerardo Pérez

El 25 de marzo de 1997, en Montevideo, Rodrigo Amaral llegaba a este mundo. Por ese entonces, Sebastián Abreu tenía 20 años (camino a los 21) y la rompía en la vecina orilla marcando goles para San Lorenzo de Almagro. Cuando Rodrigo, apenas tenía días de vida y todavía estaba en los brazos de Alexandra, su mamá, el "Loco" ya era transferido, en cifra récord para los de Boedo, a Deportivo La Coruña.

Increíblemente, las vueltas de la vida hoy los tiene juntos. Se llevan 20 años y medio de diferencia, pero Nacional, el club de sus amores, los tiene más cerca que nunca.

Cuando comenzó esta última pretemporada y de pique, como es habitual, los jugadores vieron una hoja donde aparecían las duplas para las habitaciones, Rodrigo se acercó, buscó su nombre y quedó sorprendido. Tan sorprendido que atinó solamente a guardar silencio y tomar sus cosas para dirigirse al cuarto que le tocaba. El joven atacante esperaba que en esa hoja su nombre aparezca junto al de algún otro juvenil. Sin embargo, se chocó con la noticia que compartiría habitación con uno de los capitanes de este equipo tricolor: el "Loco" Abreu.

"Entré, dejé mis cosas a un costado de la cama que tenía más cerca y me quedé ahí… Nunca pensé que me iba a tocar con él, no me lo esperaba", recuerda Amaral, como si todavía le estuviera buscando una explicación a lo sucedido.

"La verdad que yo no soy de hablar mucho y de repente podés pensar que con alguien como él te puede dar cosa decirle algo, pero tengo que reconocer que él te la hace muy fácil. Está siempre encima de todos los chiquilines, no solo mío, para hablar de lo que sea, entonces te da confianza… Nos ayuda un montón. Yo me animo a preguntarle cualquier cosa sin problema", agrega.

Por su parte, el "Loco", líder de este Nacional 2015/2016, explica que "fue una decisión técnica" y aclara que intenta ayudarlo para que pueda "pasar de ser promesa a una realidad".

Lo decisión de Gustavo Munúa y sus colaboradores de juntarlos no fue casualidad. Sabían que una de las grandes promesas de la cantera no estaría mejor rodeado que con uno los de los máximos referentes.

"Tengo algo a favor: tengo hijos adolescentes, entonces tengo esa psicología incorporada de decirles que algo no es así, explicándoselo bien, pero sabiendo que es un reto y no para generar rechazo. ¡Todo lo contrario! Sino, para que se den cuenta que es todo por su bien y que uno solo quiere ayudarlos, como cuando hicieron conmigo cuando tuve esa edad", sostiene Abreu, casi con un tono paternal.

El minuano piensa unos segundos y dice: "Creo que es la primera vez que me pasa de estar en un plantel, ser el más grande y concentrar con el más chico". Luego, recuerda quiénes fueron los que ocuparon su lugar cuando comenzaba a dar sus primeros pasos en el mundo de la pelota: "En Defensor, el Polilla Da Silva. También Marcelo Tejera, que si bien no tenía mucha diferencia conmigo ya hacía años que jugaba en Primera. Después, cuando fui a San Lorenzo, me tocó con Pipo Gorosito y el Chapa Zapata. Siempre, y principalmente con el correr de los años, valoré lo que hicieron conmigo".

Sobre la convivencia en particular, cuenta: "La verdad que esos días juntos nos vinieron bárbaro. De repente si los chiquilines se reúnen entre ellos, se la pasan jugando a la Play y se pierden de otras cosas. Con Rodrigo hablamos un montón y miramos muchísimo fútbol. Justo lo de la pretemporada estuvo bueno, porque coincidió con la partida de Gastón (Pereiro), que es muy compinche de él, y uno trató de hacerle ver todo lo que hizo Gastón para llegar ahí y todo lo que le va a tocar ahora".

Al "13", las dos décadas de diferencia no le generan ningún trauma ni nada por el estilo. "Me pone muy contento. Esto me llena de placer y orgullo, porque quiere decir que sigo vigente. Trato de nutrirme todo el tiempo de la juventud de estos chiquilines como creo que ellos lo hacen con la experiencia de los grandes. Nos respetan muchísimo, nos valoran, pero también saben que somos uno más. Yo siempre recalco: este es un trabajo en el que todos estamos en igualdad de condiciones, porque la responsabilidad y la exigencia es la misma para todos", señala.

Abreu y Amaral, el más grande y el más chico del plantel, se llevan veinte años de diferencia. Uno de los líderes y una de las promesas, conviven y se retroalimentan. A pesar de lo que marca la cédula en la parte de atrás, ambos mantienen el mismo fuego sagrado. Uno comienza a hacer su camino en el fútbol, el otro busca darle el mejor cierre a su exitosa carrera, pero ambos tienen el arco entre ceja y ceja. Está claro: no hay edad para el gol.

Se "conocieron" hace cuatro años

En el año 2011, Sebastián Abreu atravesaba uno de los mejores momentos deportivos de su carrera. Junto a la selección, venía de ser cuarto en el Campeonato del Mundo de Sudáfrica, donde metió al equipo en semifinales "picando" el último penal ante Ghana, y de ganar la Copa América organizada en Argentina, cortando así dieciséis años de sequía sin títulos. Rodrigo, quien ni siquiera había nacido en la conquista de la Celeste de 1995, se dio el gusto de tomarse una fotografía con el "Loco". A sus 14 años, posó junto a uno de sus ídolos. Cuatro años después, la pelota los volvió a reunir. Son compañeros de equipo, concentran juntos y ya compartieron ataque en estos amistosos de preparación para esta temporada. Ahora pueden repetir la foto, pero desde adentro de la cancha y con la camiseta de Nacional.

Rodrigo Amaral y Sebastián Abreu en 2011.
Rodrigo Amaral y Sebastián Abreu en 2011.

"Se vienen cosas lindas"

"Volví primero que nada porque el entrenador me contempla como jugador, por lo que puedo aportar desde afuera de la cancha, por la identidad institucional que tengo con el club, por la mística que se está forjando.... Por todas esas cosas volví", señala el "Loco" Abreu, quien no puede ocultar su alegría por volver a defender al cuadro de sus amores. "Estoy encantado de la vida con el grupo que se formó y sobre todo por los desafíos que se vienen por delante, que son muy importantes", recalca el centrodelantero, que volverá a lucir su clásica camiseta número 13 tanto en el Torneo Apertura como en la Copa Sudamericana. "Estoy convencido que con humildad, y si seguimos trabajando de esta manera, se vienen cosas lindas", sostiene.

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