HACIENDO HISTORIA

Goleada II: La irresistible sociedad Carrasco-Aguilera

Quince minutos de lujo de Juan Ramón y el Pato le permitieron a Nacional ganar el clásico de febrero de 1984 por 4-1: para sus hinchas, el sueño de una noche de verano.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

El fútbol local de hace cuatro décadas solía registrar cambios rápidos y drásticos. De las frustraciones de 1979 nació el Nacional campeón de América y del mundo 1980. Peñarol superó su crisis del 80 para repetir esa senda triunfal en 1982. Y como réplica surgió el Nacional “de las estrellas” 1983, que no consiguió eliminar al aurinegro de la Libertadores pero conquistó el Campeonato Uruguayo por un inédito amplio margen de puntos sobre el rival de siempre.

A fines de 1982 se rompió el sistema de la “tablita que fijaba un precio del dólar artificialmente bajo. Y durante 1983 la cotización de la moneda estadounidense se disparó. Por eso, Peñarol se vio a obligado a empezar a desmantelar el plantel ganador. Nacional, en tanto, prescindió de algunas de esas estrellas, que por otra parte tampoco habían rendido, como Miguel Brindisi y Antonio Alzamendi. También se fue el técnico argentino Miguel Basílico tras perder la Copa. Y el tricolor terminó siendo campeón uruguayo con un equipo joven, dirigido por Víctor Espárrago.

Para 1984 Espárrago prefirió ocupar el cargo de secretario técnico, para el cual había sido contratado originalmente, por lo cual hubo que buscar un nuevo entrenador. El elegido fue Juan Martín Mugica, el responsable del equipo de 1980, alejado luego por una famosa controversia con Waldemar Victorino. También el plantel tuvo un retorno trascendente: el de Juan Ramón Carrasco, en la primera de sus varias vueltas al club.

El comienzo de la temporada 84 encontró entonces a un Nacional con nuevas ambiciones y a un Peñarol lleno de problemas económicos.

Para los primeros partidos, el técnico aurinegro Hugo Fernández no pudo disponer de Fernando Morena, Venancio Ramos, Mario Saralegui y Fernando Álvez debido a adeudos o falta de contrato. Poco después casi todos dejarían el club.

En ese marco se jugó la Copa Ciudad de Montevideo, con los cuatro grandes del Río de la Plata. La primera jornada, disputada el 1° de febrero, presentó ante 75.000 espectadores (se vendieron 64.893 entradas) un preliminar con Boca-River, que ganaron los xeneizes 2 a 0, con goles de Porté y Gareca, y de fondo, Nacional-Peñarol. Una iniciativa le daba un interés adicional al torneo: entre los asistentes al torneo se sortearía un Fiat 147 cero kilómetro.

Los tricolores de esa noche fueron José Luis Sosa; José Moreira, Wilson Graniolatti, Óscar Aguirregaray, Washington González; Carlos Berrueta (Ruben Furtenbach), Ricardo Perdomo, Arcenio Luzardo, Juan Ramón Carrasco; Carlos Aguilera y Jorge Villazán. Por los aurinegros jugaron Gustavo Fernández; Víctor Diego, Domingo Cáceres, Nelson Gutiérrez, Doroteo Silva; José Perdomo, Miguel Bossio, Miguel Peirano (Sergio Clavero); José Ignacio Villarreal, Rubao (Coquito Rodríguez) y Walkir Silva. Coquito sería expulsado sobre el final.

Pese a no ser el favorito, Peñarol controló el primer tiempo con una actitud más concentrada. Y a poco de comenzado el segundo se puso en ventaja con un gol de Villarreal, un delantero que se iría a préstamo ese año a Central Español, y convertiría el gol del título uruguayo para los palermitanos, postergando justo a Peñarol.

El partido pareció complicarse para Nacional, pero a los 20 minutos de ese segundo tiempo se encendieron Aguilera y Carrasco. Según contaron después, hasta esa noche solo habían compartido equipo en una práctica. Pero el entendimiento resultó perfecto. Y en menos de 15 minutos el tricolor -vestido todo de blanco en los dos partidos del torneo- marcó cuatro goles.

A los 20’, Carrasco dejó el tendal y cedió a Aguilera, cuyo remate dejó parado a Gustavo Fernández. Casi enseguida, Juan Ramón tomó la pelota, encaró, entró al área y tocó sobre el arquero aurinegro para aumentar. A los 27’, el Pato empezó a eludir rivales casi desde la mitad de la cancha, desbordó, lanzó el centro y Carrasco convirtió el tercero de cabeza. El cierre fue de Luzardo, a los 33 minutos, con un tiro libre desde el costado del área.

En medio de la fiesta se verificó el primer antecedente de una larga serie de problemas que obligaron a la separación de las hinchadas. Durante el preliminar, en vez de mirar el Boca-River, las barras de los grandes uruguayos se entretuvieron intercambiando cantos insultantes. Y al final del Nacional-Peñarol hubo corridas, piñas y botellazos.

En lo futbolístico, el tricolor siguió de largo en aquella copa y en la final barrió con Boca por 3 a 0, con goles de Perdomo, Aguilera y Carrasco. “Da gusto ver jugar a a este equipo”, tituló la revista argentina El Gráfico, que realizó una amplia cobertura del torneo. Y el Fiat 147 fue a manos de un afortunado niño de 13 años.

Nacional quedó como favorito para los torneos del 84, pero ya no volvió a mostrar el fútbol de aquellas soñadas noches de verano. Superó la serie inicial de la Copa Libertadores ante Danubio y los equipos ecuatorianos, oara quedar afuera en la ronda semifinal ante Independiente. En el Campeonato Uruguayo solo entró tercero, detrás del sorprendente Central y de Peñarol. Mugica fue cesado por algunos malos resultados. Y la dupla Aguilera-Carrasco no duró mucho. A mitad de temporada, JR tuvo problemas disciplinarios en el club y volvió a marcharse. El Pato fue transferido poco después a Independiente Medellín.

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