HACIENDO HISTORIA

La gira de Uruguay en 1964: cuando los chicos llegaron a Wembley

La Selección celeste se fue a Europa sin jugadores de Nacional y Peñarol. Todos esperaban una catástrofe, pero se cumplió con bastante dignidad

El ecuatoriano Alberto Spencer consigue el primer gol uruguayo en la historia de Wembley. El legendario arquero Gordon Banks se estira pero no puede detener la pelota, impulsada con el pecho por el delantero. Foto: Archivo El País
Alberto Spencer consigue el primer gol en la historia de Wembley. Gordon Banks no puede detener la pelota, impulsada con el pecho. Foto: Archivo El País

Una gira por África y Europa con un seleccionado formado únicamente por futbolistas locales, todos ellos de clubes chicos? La idea hoy se aproxima a lo imposible, pero fue lo ocurrido en 1964, cuando la Celeste figuraba bien abajo en la lista de prioridades en la organización del fútbol uruguayo. Pese a todo, se lograron dos triunfos y se superó la prueba con dignidad.

Hace ahora 55 años, los clubes grandes estaban en la suya. Nacional competía por la Copa Libertadores (fue la primera vez que llegó a la final) y en aquel mes de abril disputaba la primera fase ante Cerro Porteño y Aurora de Bolivia. Y a continuación se fue de gira por Europa, con su nueva estrella, el goleador argentino José Sanfilippo. Peñarol, en tanto, desde fines de marzo jugaba por Europa y Asia, buscando los dólares que sostuvieran a su costoso plantel. Además, estaba el Preolímpico de Perú, pero se concurrió con un combinado amateur, y arrancaba el Torneo Competencia doméstico. Toda esa actividad desaconsejaba formar un seleccionado, pero también la Celeste tuvo su tour.

Previo al Mundial 1962, Uruguay había jugado varios amistosos en el Viejo Mundo, con resultados desastrosos, al punto que el técnico Juan Carlos Corazo fue despedido a 23 días del debut en la Copa del Mundo y reemplazado por el triunvirato Roberto Scarone-Hugo Bagnulo-Juan López.

En razón de ese antecedente y de la ausencia de las figuras tricolores y aurinegras, hubo voces que se alzaron contra esa gira. Dionisio Alejandro Vera (Davy), en su columna de El País, la llamó “gira descabellada” y se preguntó si los europeos sabrían que no se trataba de la verdadera Selección Uruguaya. Pero los compromisos estaban firmados.

El técnico elegido fue el mayor Rafael Milans, un militar de carrera que también dirigía fútbol y había logrado fama al llevar a Central (todavía no “Español”) de regreso a primera división en 1961. El preparador físico también era militar, el capitán Guillermo Lemez.

Los jugadores designados fueron Walter Taibo, Nelson Díaz, Néstor Soria, Francisco Cámera, Mario Castro y Jorge Ferreri de Wanderers; Rodger Bernardico, Nelson Chabay y Alberto Ferrero de Racing; William Martínez y Roberto Gil de Rampla Juniors; Héctor Cincunegui de Danubio; Ricardo Pavoni, Abayubá Ibáñez y Nelson Flores de Defensor; Darcy Pereira (más conocido como “Ica”) Julio César Cortés, Eduardo Restivo y Juan Pintos de Cerro. Se especuló que varios jugadores de Peñarol podrían integrarse al plantel cuando concluyera el periplo de su club, pero al final solo lo hizo Alberto Spencer.

El periplo comenzó el 26 de abril en Casablanca, ante Marruecos, donde se ganó 1-0 con gol del Pocho Cortés. Jugaron aquel día Taibo, W. Martínez, Díaz, Cincunegui, Ica, Pavoni, Flores (Ibáñez), Cortés, Castro, Restivo (Ferrero y Pintos.

Después, en Belfast, se recibió el peor resultado del viaje, un 3-0 en contra frente a Irlanda del Norte. La prensa fue dura con la actuación, aunque el capitán William Martínez se quejó del árbitro, que sancionó dos penales en contra del equipo.

El 6 de mayo se jugó el partido más esperado, ante Inglaterra en Wembley. Uruguay nunca se había presentado en el llamado “templo del fútbol”, y justo lo hacía cuando los ingleses estaban preparando para su Copa del Mundo, dos años más tarde. Un resumen de ese encuentro puede verse en YouTube.

El autor del gol del descuento uruguayo, en una estrecha derrota por 2-1, fue justamente el ecuatoriano Spencer. No tenía ciudadanía uruguaya, pero el carácter amistoso y un reglamento más flexible permitieron su presencia. Jugaron los mismos del debut, salvo Spencer por Castro y Roberto Gil en lugar de Restivo. Quien tuvo una actuación consagratoria fue el Chivo Pavoni. La prensa londinense lo llamó “El ángel de la guarda del arco uruguayo”, pues tuvo varios cierres providenciales.

El 14 de mayo, Uruguay le ganó 2 a 0 a Austria en Viena, con dos goles de Mario Castro, delantero de Wanderers. Esa noche Pavoni fue expulsado por una dura entrada, lo cual generó una breve pelea entre futbolistas de ambos equipos. Y la gira se cerró con una mínima derrota ante la Unión Soviética en el estadio Lenin de Moscú, donde dos años antes los celestes recibieron cinco goles. Aunque el ataque celeste fue débil, la tarea defensiva resultó casi impecable. Incluso Pavoni evitó otro gol sobre la línea. La crónica de El País asegura que el público silbó a los soviéticos y aplaudió a los uruguayos.

Al regreso a Montevideo, Milans se mostró “muy conforme” por lo realizado. “Trabajé con un plantel que fue ejemplo de disciplina y dedicación”, afirmó.

“Los resultados, felizmente, no fueron tan desafortunados como se creía”, escribió Davy en su columna. Pero se preguntó para qué había servido la gira, pues ese equipo seguramente no se repetiría.

Milans estuvo al frente del seleccionado un año más y lo condujo a la clasificación al Mundial de Inglaterra ganando los cuatro partidos de la serie, algo nunca repetido. En Wembley 1966, Uruguay estuvo de nuevo frente a Inglaterra. Pero el técnico fue Ondino Viera, porque en aquellos tiempos el cargo de DT celeste era tan inestable que no lo aseguraban ni los pasaportes mundialistas.

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