HISTORIAS

Gary Kagelmacher, de Europa directo a ser el patrón de la zaga de Peñarol

El futbolista de 31 años que decidió volver a Uruguay y ponerse la camiseta aurinegra dijo que su regreso fue como el mensaje de un Ángel guardián por todo el tema del COVID-19.

Gary Kagelmacher. Foto: Nicolás Pereyra.
Gary Kagelmacher volvió a Uruguay luego de más de 10 años en el fútbol de Europa y hoy disfruta de estar en Peñarol. Foto: Nicolás Pereyra.

Después de más de 10 temporadas en Europa, Gary Kagelmacher tomó la decisión de regresar a Uruguay y a los 31 años se puso la camiseta de Peñarol, club que venía siguiendo su rastro hace algunos períodos de pases y finalmente pudo concretar una incorporación de gran nivel.

Y su vuelta al país fue como un mensaje de “venite porque algo va a pasar”. En enero dejó Kortrijk de Bélgica para viajar directamente a Estados Unidos y sumarse a la pretemporada aurinegra en Los Ángeles.

Luego se instaló en Montevideo y en los últimos días de febrero llegaron su esposa y sus dos hijas, pero sin saber lo que iba a pasar ya que a poco de pisar Uruguay la pandemia de coronavirus se instaló en nuestro país y paralizó muchas actividades, entre ellas el fútbol.

“Son días complicados en los que en lo primero que tenemos que pensar es en cuidarnos entre todos, acatar las recomendaciones y preocuparnos por los mayores”, le contó Gary Kagelmacher a Ovación.

El futbolista que surgió en Danubio debutando en 2007 y que luego emigró a Europa, agregó que “nunca sabés lo que puede pasar con los mayores. Pienso en mis padres y hoy no los puedo ver por esto de la cuarentena. Es todo muy raro, pero tenemos que cuidarnos”.

El viernes 13 de marzo, después de conocerse los primeros casos positivos de coronavirus en el Uruguay, la Asociación Uruguaya de Fútbol paró el Campeonato Uruguayo y los clubes liberaron a sus jugadores.

En el caso de Peñarol, al principio la medida fue cautelar y los futbolistas entrenaban cada uno en sus hogares, pero desde el lunes 23 de marzo están de licencia.

“Es todo muy raro. No es lo mismo entrenar solo. Se extraña al grupo. Yo por suerte en mi casa tengo un jardín y un espacio bastante grande que me permite hacer los ejercicios aeróbicos y las rutinas que nos mandan los entrenadores”, contó.

Y en medio de toda la incertidumbre, la mayor preocupación de Gary no pasa por él sino por sus compañeros, que luego de haber hecho la pretemporada, empezar a jugar y agarrar rodaje, afrontan un parate: “Yo por suerte llegué de Europa con 25 partidos en las piernas y cuando me tocó entrar no sentí el cansancio ni el desgaste que te genera jugar en el inicio de un torneo. La macana es que el resto del plantel salió de la pretemporada, empezó el año y a cuando el equipo iba agarrando ritmo, se suspendió toda la actividad”.

Gary Kagelmacher entrenando en su casa durante la cuarentena.
Gary Kagelmacher entrenando en su casa durante la cuarentena.

Pero antes del parate, Gary Kagelmacher no demoró en meterse en el equipo titular de Peñarol. Más allá de que fue por una lesión de Fabricio Formiliano, el zaguero de 31 años ingresó a los 68’ en el triunfo 2-1 frente a Cerro y no salió más.

“Yo como todo futbolista lo que más quiero es jugar y si es desde el arranque mejor. Cuando vine a Peñarol sabía que ya había un grupo y que los nuevos teníamos que adaptarnos. Hay una competencia muy linda y sana, y eso es lo que hace fuerte a un grupo porque todos damos el cien por ciento a la hora de entrenar y trabajar. Después la decisión final la toma el entrenador”, explicó.

Para el zaguero que tras dejar Danubio en 2008 supo jugar en el Real Madrid, Beerschot de Bélgica, Mónaco y Valenciennes de Francia, TSV 1860 Múnich de Alemania, Maccabi Haifa de Israel y Kortrijk de Bélgica, el regreso a Uruguay fue una decisión personal y también familiar, pero con el objetivo de dar un salto deportivo: “Dejé atrás muchos años en Europa y estar hoy en Peñarol representa un desafío muy lindo para mí. Estoy muy contento y espero que podamos tener una muy buena temporada porque los grandes rendimientos individuales llevan al mejoramiento colectivo”.

“El cambio más grande que noto respecto a Europa en estos pocos partidos es la intensidad y el ritmo de juego que allá la mayoría de las veces se sostiene durante los 90 minutos y acá como que nos cuesta un poco más. La idea de Diego Forlán es esa: ser un equipo intenso y creo que trabajando y sobre todo, jugando, la vamos a ir mejorando”, remarcó el zaguero.

Gary Kagelmacher ya se transformó en el patrón de la zaga de Peñarol pero sabe que esto recién empieza: “Quiero aportar mi granito de arena y luchar por llegar a lo más alto. La obligación es ser campeones del Uruguayo pero también sabemos que hay un debe en lo internacional y el objetivo es poder avanzar a los octavos de final de la Copa Libertadores”.

Gary Kagelmacher. Foto: EFE.
Gary Kagelmacher en su debut con la camiseta de Peñarol el 7 de marzo contra Cerro. Foto: EFE.

Un mensaje desde el más allá para regresar

Si bien cuando Gary Kagelmacher arregló su llegada a Peñarol el coronavirus no estaba cerca de llegar a Uruguay, la pandemia estuvo cerca de separarlo de su mujer e hijas.

Es que luego de instalarse él en Montevideo, su esposa solucionó algunos temas en Bélgica para poder dejar Europa y venirse a Uruguay junto a las nenas y acompañar a su esposo en este nuevo desafío.

“En estos días en los que a veces ya no tenés mucho por hacer porque entreno de mañana, luego estoy con mis hijas, jugamos, leemos, cantamos, miramos televisión, pienso también con mi esposa y decimos que todo fue como un mensaje de un Ángel guardián porque, primero, si me quedaba en Bélgica jugando ahora la estaríamos pasando bastante mal en un apartamento que era medio chico, con dos nenas pequeñas y en cuarentena, pero segundo, ellas se volvieron el 25 de febrero a Uruguay, unos días antes de que explotara todo allá y acá también. Por suerte pudieron tomar el vuelo sin problemas y hoy estamos todos juntos cuidándonos”, contó.

Por otra parte y consultado por la situación actual en Bélgica, el zaguero carbonero expresó que “sigo en contacto con varios amigos que están allá y la cosa cada vez está peor. Espero que acá la gente tome conciencia y se quede en su casa, tal como lo recomiendan, que respeten el distanciamiento social. Es difícil no poder ver a tus padres y seres más queridos, pero quedarnos en casa es la forma. En Bélgica no se tomaron medidas a tiempo y hoy tienen de a 500 casos positivos por día y más de 50 muertes diarias. Es un disparate. A su vez eso repercute en todas las actividades y el fútbol no escapa. Muchos equipos ya están por dar quiebra y lo peor es que tenemos la incertidumbre de no saber cuándo va a terminar esto”.

Gary Kagelmacher entrenando en su casa durante la cuarentena junto a su hija.
Gary Kagelmacher entrenando en su casa durante la cuarentena junto a su hija.

“Lo que más extrañaba era hablar en español”

Con su familia ya formada, Gary Kagelmacher decidió volver a Uruguay a los 31 años. Está casado y tiene dos nenas, una de 6 y otra de 2 años.

Muchas cosas se extrañan del país natal cuando se está durante más de 10 años en el exterior. El asado, la rambla, el mate con los amigos, las sobre mesas en familia, las fiestas tradicionales junto a los seres queridos y más, pero el zaguero también añoraba algo que muchas veces parece una simple anécdota: el idioma: “Extrañaba todo eso, pero lo que más extrañaba era hablar en español. Muy pocas veces tuve uruguayos y argentinos en los equipos que jugué y si hay algo bueno que me dio el fútbol además de poder jugar en Europa fue el aprender idiomas, pero en el fútbol llega un momento que no querés saber más nada”.

El futbolista surgido en la cantera de Danubio habla cinco lenguas: español, inglés, francés, alemán y holandés. “Las fui aprendiendo para no tener problemas a la hora de entrenar y entender a mis entrenadores y compañeros. En todos los países que fui aprendí el idioma menos en Israel. Ahí si que no pude. Me costó muchísimo y tampoco estuve tanto tiempo como para transformar el idioma en una necesidad”, le contó a Ovación.

A modo de anécdota, Kagelmacher recordó que “en muchos equipos que estuve pasaba que jugaba con un francés en la zaga, pero el lateral derecho era de Macedonia, el izquierdo de Serbia y era una mezcla de idiomas enorme. Al principio cuesta pero después de vas acostumbrando, aunque en esas situaciones rápidas en las que te calentás por algo adentro de la cancha o querés usar una expresión bien nuestra, no te entienden. Entonces hoy volver a jugar en un equipo donde todos hablan español, es un gran alivio”.

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