VENEZUELA

El fútbol, entre la vida y la muerte

Por la cuarta fecha del torneo de ascenso de Venezuela, Estudiantes de Caracas venció 2-0 a Margarita en Porlamar (en Isla Margarita), en condición de visitante, ante poco menos de 2.000 espectadores.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Massia. En un momento de felicidad jugando para Llaneros de Guanare, equipo en el que se destacó entre 2011 y 2013.

Tras el partido, cuando los ganadores estaban terminando de cambiarse y esperando ser trasladados al hotel, una decena de hinchas del equipo local ingresó violentamente al vestuario y le robó pertenencias a los visitantes. El jugador uruguayo Nicolás Massia, uno de los damnificados de Estudiantes, se animó a ir a buscar a los ladrones, pero cuando salió del vestuario se encontró con un panorama aún peor. Terminó con una herida cortante en el abdomen provocada por un pico de botella, internado de urgencia, operado y, por lo menos, tres meses afuera de las canchas.

"Nos tiraban piedras, botellas, todos los objetos que encontraban por el camino y nosotros estábamos adentro del vestuario todavía. Cuando la utilería estaba cargando todo vimos que nos empezaron a quitar los bolsos y nuestras pertenencias. Por eso, al ver a los efectivos de la Policía, algunos salimos para ver si podíamos recuperar nuestras cosas. Pero entre las corridas, ahí mismo en el estacionamiento del estadio, dimos con un grupo mayor y ahí fue donde me cortaron, aunque en el momento no me di cuenta de la magnitud de la herida", narró Massia, aún internado en el hospital, sobre lo sucedido.

Realidad.

"Actualmente el tema de la inseguridad está complicado en Venezuela, aunque es raro que esto pase en un estadio de fútbol, que teóricamente tiene varias medidas de seguridad. Es un caso aislado en lo que respecta al fútbol", analizó el futbolista uruguayo, más allá de que reconoció que "se están viviendo tiempos difíciles socialmente y económicamente en el país, con problemas que están a la luz pública en todos lados. Si bien el resultado del otro día fue a favor nuestro y la hinchada del equipo rival capaz que también reaccionó de la forma en la que lo hizo por eso, todo viene de la mano, todo se presta para que pase lo que pasó y nadie le da bolilla".

Massia, de 34 años, oriundo de Sayago (fanático del club de básquetbol), comenzó a jugar en la Octava de Danubio en 1993. Con los franjeados debutó en Primera en 2000 para luego de tres años pasar a El Tanque Sisley. Su periplo siguió por Sud América hasta llegar a Venezuela, donde hoy, después de nueve años, le tocó vivir un episodio que jamás imaginó.

El futbolista uruguayo, que actualmente tiene 34 años, se desempeña como enganche. Como tantos otros, es producto de la divisiones formativas de Danubio, equipo al cual llegó a la Octava División en 1993.

Toda su familia —su esposa, que es venezolana, y sus dos hijos: Emanuel (5) y Samoel (3)— está radicada en Puerto Ordaz, a 648 kilómetros de Caracas. Circunstancialmente, Massia está viviendo solo en Caracas.

"El nivel de la liga ha subido muchísimo"

"El fútbol venezolano ha mejorado mucho en varios aspectos. En todo lo que se refiere a infraestructura ahora últimamente se han descuidado un poco debido a todos los problemas que hay, pero estaban muy bien. El nivel de la liga local de Venezuela ha subido muchísimo, han salido más jugadores para el exterior, la dinámica del fútbol es muy buena aunque lo que le falta todavía es todo el tema internacional para poder tener ese papel que ellos quieren tener. Les falta tener mayor protagonismo internacionalmente", analizó Nicolás Massia.

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