DESDE EL ARCO

El fútbol del termo y el mate

JOSÉ MASTANDREA

JOSÉ MASTANDREA

Termo y mate, abrigo, y mucho coraje para desafiar al frío en las tribunas. Volvió el fútbol uruguayo. Regresó con sus virtudes y defectos, pero con la misma pasión de siempre. Y eso no morirá jamás. El hincha, ese del tablón, el que nunca falla, el que rasca los bolsillos y guarda las monedas para poder llegar al fin de semana con cierto aire, aguantó todo el Mundial de Rusia pensando en el regreso de su equipo a la cancha. Y ese día llegó. Bien, regular o mal, verá al club de sus amores contra el tejido o sentando cómodamente en la tribuna. Gritará, protestará, se calentará, y disfrutará a lo largo de los 90 minutos. Ni Messi, ni Cristiano, ni Suárez, ni Cavani, Ni siquiera el VAR. No habrá escenarios majestuosos, ni hinchas mezclados unos con otros con diferentes camisetas. Será otro fútbol, más auténtico, más pasional, muy nuestro, único en el mundo donde una sola ciudad nuclea a 15 de los 16 equipos que compiten en Primera División. Impensado, y hasta irreal para cualquiera que llegue a Montevideo y pregunte cuántos clubes tiene la capital. Pero siempre fue así, y seguirá siéndolo por esa misma pasión que no permite fusiones ni por todo el oro del mundo. ¿Alguien imagina que Cerro y Rampla se fusionen? ¿O que River Plate, Wanderers y Bella Vista formen un solo club del Prado? No va a pasar. Seguirán viviendo a su manera. Como el resto. Por eso el fútbol uruguayo es incomparable, único, tan pasional y tan glorioso como ninguno. Pobre, pero rico en su esencia, en esos dirigentes y jugadores que hacen posible que ruede la pelota.

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