ENTREVISTA

El fútbol le abrió dos puertas, una de ellas en inglés

El entrenador de arqueros de la selección Sub 20 tiene un trabajo de oficina y otro de cancha, pero los disfruta por igual.

Nicola
Nicola

Suena la campana en el Uruguayan American School, como si marcara el comienzo de la charla con Carlos Nicola, el coordinador de las actividades extracurriculares del colegio y el entrenador de arqueros de las selecciones juveniles de Uruguay.

Nicola llegó al colegio hace diez años, en agosto 2007 y la experiencia le ayudó a colgar los guantes. “Había terminado contrato con Liverpool cuando Andrés Larrosa, un entrenador de arqueros que había tenido en Bella Vista y había sido compañero mío en las juveniles de Nacional, me invitó a ser el entrenador de fútbol del colegio. El día que empecé a trabajar acá decidí dejar de jugar. Sabía que no me quedaba mucho. Tenía 34 años y estaba bien físicamente, pero cada vez era más difícil conseguir dónde jugar. Entonces cuando Andrés me llamó, acepté, aunque no me veía entrenando chiquilines”, contó Nicola, sentado en su oficina, ubicada, lógicamente junto al gimnasio.

Empezó con niños desde los seis años hasta jóvenes de 17. Fue entrenador tres años y luego pasó a ser el director del departamento de actividades extracurriculares y deportes. “Es un trabajo más de oficina que de cancha. Lo bueno hoy, es que tengo el trabajo de cancha con la selección, el contacto directo con los arqueros y el estar en movimiento y el de oficina acá.

Disfruto mucho este trabajo porque el colegio tiene muchas actividades, hacemos muchos viajes. Hay muchos programas deportivos moviéndose al mismo tiempo, lo que me exige mucha planificación, armado de viajes y presupuestos. Entre las dos actividades, balanceo”.

Por ahora tiene flexibilidad para poder cumplir con ambas tareas. Incluso cuando tiene que viajar, sea con el colegio o con los juveniles celestes. “Más allá de lo económico, que todos lo necesitamos, trabajo en el colegio porque me gusta. Aunque tiene algunos aspectos que con el correr de los años te desgastan. La parte más complicada de trabajar con niños, es lidiar con los padres. A todo nivel, pasa en el fútbol, en los clubes y en el colegio. Hay situaciones que cuando se repiten, cansan. Pero sé que es parte del trabajo y hay que lidiar con ellas”, admitió.

Tener que decidir quienes son los niños que viajan a competir es uno de los aspectos más complicados. “Muchas veces cuando viajamos los cupos para hacerlo son limitados por exigencia de las competiciones a las que vamos. Y tenemos un protocolo (no faltar a los entrenamientos, tener un mínimo académico y no tener problemas de conductas) por el cual decidimos quienes son los chicos que viajan, pero la verdad no hay forma elegante ni linda de decirle a un chiquilín que estuvo entrenando para viajar, que no va. Y por ahí vienen las quejas y reclamos de los padres. Tratamos de explicarles que no depende de nosotros y que intentamos ser lo más justos posible”.

Para integrarse al colegio, Nicola tuvo que recordar el inglés que había aprendido de niño en el colegio Richard Anderson. “Estaba un poco oxidado, sobre todo en el habla. El idioma oficial de este colegio es el inglés, hay chicos que no hablan español. Además, todas las comunicaciones internas y también con otros colegios con los que competimos y hacemos intercambios en la región, son en inglés. Y las reuniones, también”, explicó.
“Por suerte es como andar en bicicleta, parece que está olvidado, pero después aparece. Me costó soltarme, incluso muchas veces los chiquilines me corregían. ‘¡Carlos, no digas eso que es un disparate!’, me dijeron más de una vez. Tengo una buena relación con los chiquilines, más allá de que hay que mantener un orden y poner límites cumpliendo con los estándares del colegio. Los he visto crecer y que hoy vienen a saludarnos y ya son hombres y mujeres. El tiempo pasa volando”.

MINORÍA. Que Nicola sea el entrenador de arqueros de la Sub 20 es importante para los alumnos. Aunque en realidad los uruguayos son minoría. “Sólo el 25% o el 30% de los alumnos son uruguayos. En el colegio hay como 36 diferentes nacionalidades. La mayoría son los norteamericanos, que serán un 38%”, contó. “Igual, siempre te mandan algún mensaje, o te dicen que te vieron en la televisión... y eso está bueno”, añadió.

Aunque aseguró que en su carrera como arquero le quedaron cosas en el debe, sabe que fue buena. Y que le abrió puertas. Por ejemplo, la de los dos trabajos que tiene en la actualidad. También fue Andrés Larrosa quien lo acercó a la selección. “Siempre le digo que es mi agente laboral”, tiró en broma. Fue al principio del 2012, cuando Celso Otero estaba buscando alguien para la Sub 15 y Andrés me recomendó. Aunque al final empecé en la Sub 17. Me incorporé al trabajar con Fabián (Coito) y sigo hasta ahora. Cada día, cuando salgo del Complejo soy consciente que si alguna vez me falta, lo voy a extrañar. El Complejo es bárbaro y no sólo por el lugar físico. Por el momento de la selección a nivel mundial, por el reconocimiento que tiene y por la cantidad de jugadores que salen. Y por la gente que trabaja ahí. Es muy disfrutable y uno va con ganas. Hay un intercambio permanente en el que todos crecemos”.

Nicola no oculta que llegar a la selección mayor sería lo máximo para él. “Más cuando tuve la suerte de convivir con ellos, en el arranque de las Eliminatorias. Las expectativas están, siempre con el respeto a la gente que ha marcado el camino. Si bien ahora se le da mucha importancia a lo que ha hecho el grupo de trabajo de Tabárez, creo que con el tiempo es cuando se van a valorar realmente lo que han sido estos once años”.

Aunque se lo identifica con Nacional donde se crió, Nicola jugó en Argentina, Brasil, Colombia y Guatemala. Pero tiene una asignatura pendiente. “Me hubiera gustado hacer una experiencia en Europa, por vivir y ver lo que es el primer nivel de competición. Y haber llegado a jugar un Mundial. Hoy si bien ya he ido a varios mundiales juveniles, la expectativa sería poder estar en un Mundial con la mayor. Sería la meca, lo máximo en el fútbol”.

mensaje. Tiene tres hijos: Magdalena, Bautista y Federica. Bautista juega en el club Náutico. “Pero es volante, lejos del arco. Si me daban a elegir entre que fuera arquero o no, preferiría que no. El arquero carga con muchas culpas, a veces propias y otras veces no”. A pesar de ello admitió que si volviera su vida atrás, volvería a pararse en el arco.

Reconoce que el peor gol que recibió fue el de la final del Uruguayo de 1999 frente a Peñarol. “Por la trascendencia que tuvo y porque fue estúpido. Fui a agarrar la pelota sin mirar, me picó y se metió en el arco”. En aquel momento recibió muchos mensajes de apoyo. Uno de Rodolfo Rodríguez. “Fue un accidente, esas cosas pasan. Hay que levantarse y seguir, me dijo”.

Granger. “Un negrón con un ángel muy especial”

“Trabajar con Jeff es muy divertido. Siempre está con una sonrisa. Si bien es un negrón de más de dos metros de grande, tiene un ángel especial y los chiquilines lo adoran. Entra a cualquier lado y los niños de tres y cuatro años ya se le están colgando”, contó Nicola sobre Granger, que trabaja en el Uruguayan American School hace 20 años como profesor de educación física y de básquetbol. “Él ya es medio accionista en el colegio”, dijo el ex arquero riendo.
“Entrena y enseña con mucha pasión”, concluyó.

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