¿QUÉ ES DE TU VIDA?

"El fútbol lo jugás como lo vivís, como lo sentís; no hay otra"

Fue Campeón de América y del Mundo con Peñarol en 1982 pero tuvo una larga trayectoria en Uruguay, y el exterior. Hoy, como entrenador, Miguel Falero regresó de Honduras, y quiere volver a volcar toda su experiencia en el “milagroso fútbol uruguayo”.

Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

- De vuelta al pago...

- Sí, ya hace unos cuantos meses. Listo para volver a empezar, como quien dice.

-¿Cómo fue esa experiencia en Honduras?

- Muy buena. Llegué al Real España, uno de los más grandes de Honduras, estaba en una situación complicada. Algo parecido a lo que me pasó aquí en Cerro. Había que ganar, teníamos que sumar para no descender. Y por suerte, se logró el objetivo. Ganamos tantos partidos que terminamos arriba en la tabla, terceros, y definiendo la Copa. Ahí terminó mi vínculo con la promesa de los directivos que me iban a llamar para renovar.

-Y el teléfono no sonó...

- No, esperé un tiempo prudencial y después ya me di cuenta cómo venía la mano. El fútbol es así. Muy cambiante.

-Esa parece ser la vida de los entrenadores de hoy.

- Es todo muy dinámico ¿no? Eso dicen, y es verdad. El mundo cambió, hay mucha vorágine, mucha presión, yo creo que es un cambio generalizado. Se puede ver en Europa también. No hay paciencia. Todo es muy rápido, antes era diferente.

La experiencia en Honduras fue bárbara. Llegué al Real España y viví lo que me había tocado vivir en Cerro. Había que sumar, había que ganar para no perder la categoría, y se logró. Terminamos prendidos arriba, peleando por el campeonato”.

Miguel FaleroExcampeón de América y del Mundo con Peñarol

- Pero el hilo se sigue cortando por el lado más fino.

- Sin dudas. Yo empecé a dar los primeros pasos como entrenador en 1991, con Juan Ahuntchain en Defensor. Fuimos campeones del Uruguayo y la Liguilla. Esa experiencia fue fantástica y me permitió aprender ganando, y no siempre se da. Ahí empezó mi carrera. Con ‘Maño’ Ruiz estuve en Cúcuta, Universidad San Martín de Porras de Perú, estuve por mi cuenta en Emelec, en Libertad, también fui coordinador de juveniles y hasta estuve en la selección de Honduras cuando se clasificó al Mundial de Brasil 2014. Yo estaba a cargo de la Sub 23 y la selección olímpica. Esa también fue una gran experiencia, hasta que me llegó la propuesta de Cerro...

- Eso fue en 2015. ¿Estás arrepentido?

- No, para nada. Yo ya habia terminado mi vínculo con la federación, y volver al país, al fútbol uruguayo siempre es tentador. Es la casa de uno. Y a todos nos tira. El haber hecho mi carrera como jugador aquí, el conocer el medio, es otra cosa. Además ya llevaba un montón de años en el exterior, era hora de pegar la vuelta.

- Al milagroso fútbol uruguayo...

- Y sí. Siempre fue así. Lo viví desde adentro. Me formé en Peñarol cuando en esa época había que ser crack de verdad para llegar al primero. ¡Había cada nene! Era bravo, jugadores hechos y derechos, hasta que se dio la posibilidad de pasar a Cerro. Nos llevó ‘Tito’ Goncálvez, nos conocía a todos de las formativas y allá fuimos unos cuantos de Peñarol. Fue un cambio grande, pero valioso porque me permitió hacer mi carrera como futbolista. De Cerro terminé en Emelec. Me llevó Alberto Spencer, y cuando volví, lo hice a Cerro y después a Peñarol, donde tuve la fortuna de ganar todo. En el 82 fuimos campeones de América y del Mundo. Los últimos campeones del Mundo. Estuve dos años inolvidables, y después seguí el rumbo hasta mi retiro. Pero siempre peleándola, como siempre se peleó en el fútbol uruguayo. Y éramos campeones de todo. Fue una década increíble, entre Nacional y Peñarol copaban todo.

- ¿Qué cambió?

- Mucho. Lo físico, hoy hay menos espacios, la preocupación por el vértigo, se hace mucho hincapié en la tenencia de la pelota... yo que sé. Vos podés apostar a la tenencia de pelota, siempre y cuando en tu plantel tengas jugadores de esas características, sino, es imposible. El fútbol cambió. Y aquí, en la interna, ya no hay tanta competencia. Por lo que te decía. Hoy se llega más rápido. Antes peleabas el puesto con tres, cuatro jugadores, hoy no. Es más fácil, llegás con menos partidos, muy joven a primera. Pero igual siguen saliendo jugadores y el fútbol nuestro es diferente a todos: es más de fuerza, de potencia. Y el fútbol se juega como se siente. No hay otra.

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