PEÑAROL

El fuego de un amor turbulento

La hinchada le pidió a Dios y pasó del infierno al paraíso atrás de Bengoechea.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Final. Bengoechea, sin mirarla, devuelve el aplauso a la gente; por la relación de la hinchada con Mac Eachen, que pateó la estática, tuvo trabajo extra

Vamos, Pablo…que hay que ganar!", fue el pedido de los hinchas de Peñarol más cercanos que, apretando la cara contra el alambrado, le gritaron a Bengoechea cuando, antes de empezar el partido, pasó delante de ellos, camino al banco de suplentes, y aplaudió, como agradeciendo el aliento, pero sin mirar hacia la gente.

Es que la de ayer era una tarde especial para la hinchada aurinegra; y por eso, acaso, de los pocos cantos entonados previo al encuentro, hubo uno muy elocuente:

"Sólo le pido a Diooos…/

que el manya no me sea indiferenteee…/

ponga huevo y vaya al frenteee…/

carbonero no le fallesa tu genteeee…/

Después, enlos 90, esa relación entre los jugadores de Peñarol, el técnico, y sus fieles, tuvo vaivenes. Como la propia gestualidad del entrenador, que empezó tranquilo, luego aplaudió a Aguiar cuando el "Canario" metió un zurdazo tirado sobre la izquierda y la pelota se fue al outball por la derecha, y durante todo el primer tiempo intentó vanamente que Luque lo escuchara que debía picar largo, y bien abierto.

Cuando el primer gol, pareció que el alambrado se iba a caer hacia la cancha atrás del técnico, pero el "Profesor" apenas gritó, con los puños cerrados y bajos, pegados al cuerpo.

"¡Pablo, mirá que hay que salir campeón!", fue esta vez el grito de los hinchas cuando Bengoechea se acercó al banco de suplentes antes del comienzo del segundo tiempo; aunque en ese momento el técnico tuvo un trabajo extra: "¡La p…que te p…Mac Eachen! ¡Estás en Peñarol!", gritaron con rabia los hinchas al acercarse el zaguero, por lo que el entrenador lo llevó aparte y le habló brevemente.

El empate se veía venir y Peñarol no tenía respuesta, hasta que llegó y los hinchas se tiraron al alambrado, como en el gol aurinegro, pero con un estado de ánimo muy diferente: "¿Qué pasa, Pablo? ¡No seas malo, cabecea solo! ¿Cómo es eso?"

A partir de ahí hubo reclamos de "¡velocidad, Pablo... poné velocidad!y otros más agresivos, como cuando Peñarol desperdició una llegada y se escuchó: "¡Muchachos…! ¿Qué hacen toda la semana en los entrenamientos?"

Bengoechea miraba inmutable, con los dedos de la mano sobre la nuez y preocupación evidente; pero llegó el segundo gol y, mientras Forlán lo gritaba con rabia hacia la hinchada que estaba lejos del técnico, Mac Eachen descargó su propio festejo: pateó la estática con furia, de cara a los hinchas que, en la celebración, no reaccionaron, pero mscullaron que no les gustó el gesto.

Luego, Liverpool volvió a atacar como cuando perdía 1 a 0; y empezaron los gritos, mezcla de reclamo y sufrimiento: "Vamo´a cerrarlo, Pablo! ¡Cerrálo, por favor te lo pido, Pablo!, fue lo que partió de más de una garganta, desde la que también salió un "¡poné a Novick!", y hasta un "¡poné a Mac Eachen!", con el mismo tono de voz que antes había insultado al artiguense.

Así es el fútbol, al fin de cuentas. Cuando el tercer gol, Bengoechea sólo aplaudió, sin gritos ni gestos y, al terminar, se fue sin mirar a la tribuna, pero aplaudiendo en forma discreta a la gente, mientras aquel hincha que casi lo había interpelado públicamente cuando Peñarol no daba respuestas, lo despidió con fuerza: "La hinchada tiene memoria y te aguanta, Pablo! ¡Están todos contra nosotros, cométe a la prensa!"

"Sólo le pidió a Diooos…/

que el manya no me sea indiferenteee…/

Costó, incluso la relación entre ambos fue turbulenta; pero el "carbonero" no le había fallado a su gente.

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