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Francescoli siempre influyente, con o sin botines

El "Príncipe" colaboró con las tres Copas Libertadores ganadas por River: en 1986 no la jugó, pero integró el grupo; en 1996 fue gran figura, y ahora, como el manager que eligió a Gallardo.

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Francescoli sigue dejando huella en la historia de River argentino. Foto: Archivo El País

Cual si fuera un guiño del destino, cada inicio de algo para Enzo Francescoli en River resultó espinoso, luego coronado de la mejor forma. Algo así como sufrir para luego celebrar con más intensidad.

La propia llegada del uruguayo al club, en abril de 1983, se firmó tras dos meses de tediosas negociaciones con Wanderers, que hasta necesitó convocar a una asamblea de socios para aprobar la transferencia. "Ha sido la operación más compleja de mi vida", confesó, en aquel momento, Rafael Aragón Cabrera, presidente millonario.

Ya en Núñez, el hombre nacido en el barrio de Capurro tuvo diversos obstáculos -lesiones, impaciencia de los hinchas, desánimo por el desapego con sus familiares, las decisiones del DT Luis Cubilla, solo algunos-. Pero logró imponerse, explotar y brillar como atacante.

Tras varias temporadas en Francia e Italia, Francescoli regresó a River más maduro, más sabio, más influyente y enamoró a todos con su categoría. Ya retirado y sin intenciones de ingresar en la picadora de carne a la que se exponen los técnicos, se integró a la gestión presidencial de Rodolfo D'Onofrio, pero como manager.

En las tres etapas, de una u otra forma, hizo sus aportes para las conquistas de la Copa Libertadores, en 1986, 1996 y 2015.

En total, Francescoli jugó 237 partidos con la camiseta de la banda roja, anotando 137 goles. Nada menos que 25 de esos gritos se produjeron en el campeonato 1985-86, en 32 partidos.

Fue la bandera de aquel equipo campeón dirigido por el Bambino Veira. Cuando restaban cinco fechas para el final del torneo, River venció 3-0 a Vélez en el Monumental y se consagró. Aquel día, Francescoli fue llevado en andas por parte del público que invadió el campo.

En ese entonces, el presidente de River, Hugo Santilli, tenía un acuerdo con las autoridades del seleccionado celeste para que el Príncipe fuera liberado y se sumara a la preparación para el Mundial de México en cuanto los millonarios ganaran el título. Por ese motivo, Francescoli no participó del recordado 2-0 ante Boca en la Bombonera, con los goles del Beto Alonso con la pelota naranja, tres jornadas más tarde.

Claro que, después de la Copa del Mundo, Francescoli viajó directamente a París, porque lo compró el Racing Matra. Enzo no jugó la Copa Libertadores que terminó ganando River con el Búfalo Funes, Oscar Ruggeri, Alonso y compañía, pero el uruguayo ya había dejado su estela triunfante en aquel grupo y hasta tenía una cábala: "Hablaba siempre con mis compañeros después de los partidos. En París, a altas horas de la madrugada, lo hacía también".

"La Libertadores es una cuenta pendiente", fue una de las primeras declaraciones que hizo Francescoli cuando regresó a la Argentina. Y en 1996, como si le faltara algo para recibirse de ídolo, lideró un equipo atiborrado de figuras y dirigido por un joven Ramón Díaz.

Fueron 13 partidos y seis goles los registrados por Enzo en aquel certamen. "Era un sueño que me quedaba cumplir", confesó, tras levantar la copa como capitán y convertirse en leyenda riverplatense.

Ahora como manager.

Sin pantalones cortos ni botines y con el traje de dirigente, Francescoli es una suerte de responsable intelectual de este proyecto futbolístico que encumbró a River.

La inesperada salida de Ramón Díaz como DT en mayo de 2014 obligó a las autoridades del club a tomar decisiones rápidas. Francescoli, que tiempo después reconoció que en la época de jugador no le veía pasta de técnico, impulsó a Marcelo Gallardo -también lo quería Newell's-, D'Onofrio lo aceptó y todo se encaminó mucho mejor de lo esperado. Fue un gran acierto.

"Gente de Nacional y Uruguay me dio buenas referencias de él. Fue pura intuición mía, el resto es mérito de él", le dijo Francescoli a La Nación en octubre pasado.

El Muñeco se luce como conductor serio y sumamente productivo en la vida de River, aun más laureada con la nueva Libertadores para el club. Y fue, otra vez, con el gran Francescoli como responsable.

Es que aquí, en Europa, en la cancha o en un escritorio, Enzo dejó una marca indeleble.

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