PERSONAJE

Flavio Perchman: un representante confiable al que todos reconocen y consultan

Presidió Aguada, equipo con el que fue campeón de la Liga Uruguaya, pero entre el básquetbol y el fútbol siempre elije lo segundo, maneja a unos 80 jugadores y se lleva bien con todo el mundo.

Flavio Perchman
"Si soy exitoso es porque vivo como quiero y de lo que quiero", dice Flavio Perchman. Foto: Francisco Flores

Flavio Perchman fue reconocido en los últimos días como el número uno de los empresarios. Tanto Pablo Boselli como el “Boca” Gerardo Arias dijeron públicamente que Perchman era “el mejor representante”. Y esto en un ambiente competitivo y envidioso como el del fútbol llamó la atención.

“Siempre es un halago, un mimo que colegas, que entre comillas son competidores, te reconozcan. Ahora, quién es el mejor o cómo se mide es muy difícil. Lo que es seguro es que no soy el que gana más dinero con esta profesión, entonces lo que están reconociendo es otro tipo de cosas. Y esa es mi mayor satisfacción”, explicó Perchman, que admitió a su vez que suele ser fuente de consulta para sus colegas.

“Creo que se debe a que no soy un tipo que te palmea la espalda porque sí. Y te marco las cosas. Al ‘Boca’, por ejemplo, le he marcado muchas veces errores que ha cometido o le he dicho que no tenía necesidad de actuar de determinada manera, más allá del personaje que ha construido. De repente me dice ‘gordito gil’, pero sé que hay afecto y tenemos un buen vínculo. Y lo tengo con todos mis colegas. Muchas veces me han llamado para consultarme sobre algunas situaciones. Y siempre opino. Soy de los que me meto. Y en general resulto confiable. Me pasa también con dirigentes: si le preguntás a Del Campo, a Raúl Rodríguez, a Dehl, a Damiani o hasta al mismo Palma, te van a decir que soy un tipo confiable. Es más, tengo relación entre gente que no se lleva porque soy muy amigo de Wilmar Valdez, pero sé separar las cosas”, agregó el empresario que hoy maneja unos 80 futbolistas: 50 juveniles y 30 mayores.

Para hacerlo ha formado una estructura en la que su hijo Nicolás y Joaquín Corrales, que trabaja con él, se ocupan de los juveniles y tiene con Daniel Ureta una especie de sociedad para la captación. Y él maneja a los mayores. “Es como una rueda gigante, que va girando y a veces te toca estar abajo y otras se para y estás allá arriba. Llevo 20 años en la profesión y sé que un lugar me he ganado”, admitió Perchman y recordó que Daniel Gutiérrez, que hoy es empresario como él, fue el primer jugador al que acompañó al exterior cuando surgió su pase al Aucas. “Pero los jugadores que fueron muy importantes para mí en el arranque fueron Rodrigo Lemos y el ‘Loco’ Sergio Navarro. Rodrigo tuvo un gran gesto conmigo, cuando después de la Copa América de Colombia estuve a punto de venderlo y no se dio. Recuerdo que fuimos a almorzar al Mercado del Puerto y yo le dije que lo dejaba con las manos libres porque no había podido hacer el negocio. Y él me dijo que no, que el que lo iba a vender era yo y que me iba a esperar. Fue una señal de respaldo enorme en un año que había sido complicado para mí. Y ese pase, el de Rodrigo Lemos a Pumas, fue el que me sacó un poco del pozo porque debía como 40.000 dólares, que para mí era mucho dinero. Y tanto Rodrigo como el ‘Bola’ Álvaro González a quien también llevé a México, hicieron muy buenas carreras allí”.

el gran amigo

Martín Lasarte es el único técnico al que representa

Aunque tiene muy buena relación con varios entrenadores, y destacó a Gregorio Pérez, al único que representa es a Martín Lasarte. Se conocieron en 1999 cuando lo llevó a Bella Vista, un club muy importante en su carrera. “Con Martín tenemos una relación mucho más de amistad que de representante. Estuvimos juntos en todas sus experiencias afuera. Además de sus dos etapas en Nacional. Martín es mi gran técnico y mi gran amigo”, dijo quien llevó a Eduardo Acevedo a Chile, aunque no lo representa.

"Noviazgo"

Siempre le dice a los jugadores que su relación es como un noviazgo y que no necesita de papeles. “Estamos juntos si las dos partes estamos bien y cómodos; si no, no tiene sentido. Obvio que no puedo llegar con Ronald Araújo a Barcelona y decir que soy su representante, tengo que tener un papel que lo acredite. Pero con la mayoría no tengo nada firmado. Así fue con Lemos, el ‘Bola’ González, Juan Manuel Olivera, Navarro, Andrés Fleurquin, Marcelo Tejera, Máximo Lucas, Andrés Lamas, Sebastián Fernández y algunos que me estoy olvidando de mis primeras épocas. Porque ahora es fácil estar con Flavio, pero cuando arranqué —y ademásera una persona de fuera del ambiente— era difícil. Creo que lo que me ayudó fue saber mucho de fútbol. En cualquier mesa de fútbol, como tengo mucha memoria, enseguida relaciono a un jugador con un partido o determinada jugada y a la media hora se dan cuenta que sé de lo que hablo y que no soy un payador. Esa memoria que me ha dado la vida me ha servido para no quedar mal parado”.

Vendedor

El primer trabajo de un casi adolescente Perchman fue en Equipos Consultores, realizando encuestas. Algunas en comercios y otras puerta a puerta. “Me sirvió mucho para perder el miedo y la vergüenza y para animarme a preguntar. Una vez me mandaron al interior. La paga era muy buena para mi edad y en esos 15 días que estuve en Rivera aprendí mucho. Fue una experiencia de vida muy buena”.

En ese tiempo estudiaba Ciencias Económicas, hasta que estando en segundo de facultad se dio cuenta que su camino no era por ahí. Ese mismo año entró a trabajar en ventas en IBC. Nunca había escuchado la palabra “courier”, pero su objetivo era juntar dinero para ir al Mundial de Italia.Volvió de Italia con la idea de poner una pizzería y lo hizo. Primero fue Tribeca, con dos amigos, y luego La Squadra, en Pocitos, con Álvaro Tito.

Allí paraba mucha gente del básquetbol, entre ellos el empresario Carlos Rocca, a quien Perchman convenció para trabajar también en el fútbol. “Y ahí arrancamos, con muchos jugadores de la B. En ese momento no había mucha gente trabajando en el tema, solo Casal y Bentancur, que recién comenzaba”.

Flavio Perchman
Flavio Perchman ganó Martini Pregunta. Foto: Francisco Flores

Aguada

Nació en el barrio Palermo, entre Welcome y Atenas, sin embargo salió hincha de Aguada, el club que supo presidir y sacar campeón. “A Aguada me lo fue inculcando la televisión. De chico miraba básquetbol por la televisión y me empezó a simpatizar Aguada. Hasta que unos vecinos de Las Toscas, donde veraneábamos, me llevaron a ver un Aguada-Hebraica y no hice más que confirmar mi imán con el club. Me llevaron con la idea de que fuera de Hebraica pero confirmé lo de Aguada”.

Si tiene que elegir entre el básquetbol y el fútbol, no lo duda. “Yo soy futbolero. Reconozco que el básquetbol es un deporte increíble con una adrenalina tremenda, pero elijo el fútbol. Siempre fui muy futbolero y quise entrar al fútbol. Hay colegas que venden jugadores como podrían vender otras cosas, yo no. Yo amo el fútbol y cada fin de semana voy a tres partidos. O a veces a cuatro. A cualquiera. Lo hago porque es parte de mi profesión hoy, pero sobre todo porque me gusta. Y me gusta mucho más ir a la cancha que verlo por televisión. Veo muchas más cosas, gestos, actitudes”, explica.

Y reafirma ese amor: “Siempre junté diarios, revistas, suplementos. Tengo todos los de los mundiales de El País desde 1978”.

Su padre Simón trabajaba en AFE como ingeniero y su madre Vicky en la Contaduría General de la Nación. Tuvieron cuatro varones, con dos años de diferencia entre cada uno. Flavio es el mayor. “Cuando mi señora quedó embarazada, lo único que quería era que fuera nena porque la cuota de varones estaba saturada. Y nació Carolina”, contó sobre su esposa, Ana Inés, a quien conoció en el liceo Zorrilla, donde hizo Sexto de Economía tras haber crecido en el colegio Latinoamericano, por el cual siente un afecto muy grande y al que también concurrieron sus hijos. “Fuimos compañeros de clase y amigos hasta que tres años después empezamos a ser novios. Tras varias idas y vueltas nos casamos hace ya 26 años”.

La luna de miel en Europa fue posible gracias al programa Martini Pregunta. Participó respondiendo sobre 15 años de clásicos, de 1977 al 1992, y ganó. Haber llamado a Tabárez para consultarlo sobre algunas cosas que podían preguntarle le permitió tener con el actual técnico de la selección un muy buen vínculo hasta hoy.

dolor

Tuvo coronavirus y perdió "un amigazo"

Perchman se contagió de coronavirus jugando a la conga con amigos, uno de ellos, José “Pino” Marciano, que falleció. “El 13 de marzo tras un asado con el plantel de Rentistas, supimos que se suspendía el fútbol y organizamos una conga para el sábado de tarde. Muchos dicen que estábamos jugando al póker. Me causa gracia. Juego al póker, pero esa era una mesa de conga. ‘Pino’, que era un amigazo, no sabía que estaba infectado y nos contagiamos todos. Yo fui asintomático, solo tuve un día de mucho dolor en el cuerpo”.

Exitoso

Ganó dos ligas con Aguada, la primera estando al frente del club y la segunda como responsable del área deportiva. Hoy está metido en Rentistas y los Bichos Colorados lideraban la tabla del Apertura cuando se suspendió la actividad. Sin embargo, le cuesta reconocerse como alguien exitoso. “Si lo soy es porque vivo como quiero y de lo que quiero. Ese es mi mayor tesoro, el poder disponer de mi vida y haber logrado un bienestar bien entendido. Vivo en un lugar maravilloso, tengo una buena familia y he podido ayudar a gente y darle gustos a mis padres, que de otra manera hubiera sido muy difícil. Pero el éxito hay que definirlo. Para algunos es tener mucho dinero, para otros tener la familia unida, vivir de lo que se quiere o incluso trabajar todo el día. Mido el éxito por ser valorado, algo difícil en una sociedad que siempre está envidiando. Me considero exitoso para mí mismo, lo de afuera lo recibo como un mimo, pero nada más. A punto de cumplir 54 años estoy conforme con la vida que he llevado. Por ejemplo, me enorgullezco de haber ido con mi familia a los tres últimos mundiales. Difícilmente pueda volver a vivir con ellos un momento tan lindo como el de Sudáfrica, donde mis hijos tenían una edad ideal. También haber llevado a mi padre, a sus 84 años, a Rusia porque mis abuelos eran rusos”, culminó con orgullo.

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