HACIENDO HISTORIA

La final del Uruguayo 1959, un partido que duró mucho más que 90 minutos

Después de una votación polémica en la AUF y un clásico con ocho expulsados, Peñarol fue campeón y jugó la primera Copa Libertadores

Peñarol de 1960
Plantel de Peñarol en 1960

Pocos partidos en la historia del fútbol uruguayo fueron precedidos de tantas polémicas y tuvieron consecuencias tan importantes. El 20 de marzo de 1960, hace ahora 60 años, Peñarol ganó el clásico y final del Campeonato Uruguayo 1959 y se clasificó para la primera Copa Libertadores, donde alcanzaría el título y gran presencia internacional por mucho tiempo.

Ese triunfo, a la vez, se registró en un partido inusual, con ocho expulsados. Y fue precedido de una larga batalla política en la Junta Dirigente de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Por eso, aquella final empezó mucho antes del pitazo inicial del árbitro Pablo Víctor Vaga y terminó mucho después.

Peñarol había sido campeón uruguayo en 1958, se llevó el torneo Cuadrangular y el Competencia de 1959 y marchaba primero en el nuevo Uruguayo. Todo parecía indicar una definición tranquila para sus colores. Pero al promediar la segunda rueda, comenzó a perder puntos frente a los equipos chicos.

De los cinco que llevaba a Nacional, al llegar el clásico de la segunda rueda le quedaban solo dos. Que se redujeron a cero, pues el tricolor venció la tarde del 22 de noviembre con un gol de Walter Gómez, el Botija que había regresado de sus campañas en River argentino y el fútbol italiano. En la última fecha los viejos rivales ganaron sus encuentros, por lo cual la igualdad de las posiciones obligaba a disputar una final.

Pero resultaba complicado jugarla de inmediato, porque el 6 de diciembre se iniciaba el Sudamericano Extra de Guayaquil. La Junta Dirigente, el organismo que decidía todo en la AUF, la fijó para el 20 de marzo de 1960. En ese organismo comenzaba a ganar peso el delegado aurinegro, Washington Cataldi, cuya astucia y capacidad de negociación resultaron fundamentales en el episodio.

Al mismo tiempo, Peñarol decidió cambiar de técnico. Hugo Bagnulo, que había conducido al equipo durante la temporada, renunció ante informaciones periodísticas sobre la pérdida de confianza por parte del club, lo cual era así. En su lugar asumió Roberto Scarone, que estaba trabajando en Perú. Además, Peñarol negó el concurso de sus jugadores a la Selección. La razón fue la continuidad del preparador físico del plantel celeste Humberto Mendivil, cuyo explosivo informe sobre la actuación uruguaya en el anterior Sudamericano (marzo del 59 en Buenos Aires) había sido rechazado por los aurinegros.

Uruguay regresó de Guayaquil con el título y el fútbol entró en el receso estival. En ese período, Peñarol concretó tres incoporaciones: el argentino Carlos Linazza, que jugaba en Perú, recomendado por Scarone; el ecuatoriano Alberto Spencer y el volante de Liverpool Guillermo Pedra.

Quedó claro desde el principio que Peñarol pretendía alinear a sus nuevas figuras en la final del 20 de marzo, pese a que no había integrado el plantel durante la temporada 1959 (Pedra incluso jugó contra los aurinegros en ese certamen). Nacional, presidido entonces por el empresario del transporte José Añón, se opuso de inmediato.

La discusión pasó de la prensa a la sala de la Junta Dirigente, la asamblea de los 10 clubes de Primera que manejaba todo en la AUF y tenía incluso la competencia de interpretar los reglamentos. Y así fue que el 17 de marzo, casi en vísperas de la final y luego de apasionados discursos, se votó a favor de la habilitación de los tres jugadores por siete a tres. A favor lo hicieron Cerro, Wanderers, Liverpool, Racing, Sud América, Liverpool, Defensor y naturalmente Peñarol. En contra, Nacional, Rampla y Danubio.

Desde los tiempos del Cisma, Nacional había tenido predominio en la interna de la AUF. Se afirma que a partir de Cataldi eso cambió, gracias a su capacidad de negociación y su habilidad para generar lealtades.

En forma paralela, pero no desvinculada de la final, la Confederación Sudamericana (hoy Conmebol) definía los detalles de la primera edición de la Libertadores, entonces más conocida como Copa de Campeones. En febrero de 1960 se estableció que el campeón uruguayo 1959 debutaría ante Jorge Wilstermann de Bolivia.

Después de tantas palabras, los dos grandes salieron a la cancha la tarde del 20 de marzo. Se vendieron 67.446 entradas, récord absoluto hasta entonces. Y jugaron Spencer y Linazza. Pese a la gran expectativa, o quizás justamente debido a ella, fue un partido malo, trabajo y hasta violento. Walter Gómez se lesionó pero, como no se autorizaban los cambios, tuvo que seguir en el campo.

A los 81 minutos Peñarol se puso en ventaja con gol de Luis Cubilla. De inmediato hubo un roce entre Carlos Borges y Ruben González, que derivó en una gresca generalizada. El único que no participó fue Spencer, asombrado por la belicosidad de los uruguayos.

Cuando se enfriaron los ánimos, un rato después, el juez Vaga echó a cuatro de cada lado (los aurinegros Borges, William Martínez, Aguerre y Hohberg; los tricolores González, Walter Gómez, Collazo y Escalada) y el partido siguió, con una cancha asombrosamente despoblada. Sobre la hora, le cometieron un penal a Spencer, que Linazza convirtió. Peñarol fue campeón y menos de un mes después, el 19 de abril, debutaba en la Libertadores frente al Wilstermann.

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