Peñarol

Fiesta en Rivera

De diferentes maneras, los hinchas mostraron otra vez la fidelidad que tienen por el club de sus amores

Frontera. En la tarde, los parciales cruzaron la línea divisoria entre Uruguay y Brasil.
Frontera. En la tarde, los parciales cruzaron la línea divisoria entre Uruguay y Brasil.
Al Paiva Olivera. A pie llegaron los espectadores al estadio.
Al Paiva Olivera. A pie llegaron los espectadores al estadio.
Local en Rivera. Los hinchas aurinegros esperaron a sus ídolos en las afuera del hotel.
Local en Rivera. Los hinchas aurinegros esperaron a sus ídolos en las afuera del hotel.
Foto: Marcelo Bonjour
Foto: Marcelo Bonjour

Fueron llegando de a poco, no como un tsunami amarillo y negro, sino como un viraje de la marea; de esos colores.

Es más, dos horas y media antes de empezar el partido, los alrededores del estadio eran un hervidero. Cerca y más lejos, como las dos plazas muy verdes que hay en el centro de Rivera, donde los hinchas de Peñarol se fueron quedando, y mostrándose reticentes a ir en dirección a lo que, a las 19:00 ya era una caldera.

Mientras los hinchas de Tacuarembó tomaban mate a la sombra de unos árboles en clima familiar esperando que abrieran las puertas, miles de fanáticos carboneros seguían llegando a la capital riverense.

Fieles que estaban en Rivera, y no solo procedentes de Melo, porque había barras de Artigas, San Jacinto y Melo, por ejemplo, fueron haciéndose notar de maneras muy diferentes, de acuerdo a las posibilidades económicas, según los medios.

Dos novios, como Cristian y Fanny, viajaron con las camisetas puestas, tomados de la mano, en el ómnibus de Núñez que salió a las 23:30 del viernes de Montevideo y, a las 5:50, cuando bajaron en la terminal, se perdieron en las sombras, caminando juntos.

Andrés Tomasino y su esposa Fernanda Jara, en cambio, hicieron lo mismo que el consejero de Peñarol, "Nacho" Ruglio: vinieron en su auto, se acodaron a la conserjería del Hotel Casino Rivera, donde se alojó la delegación, y solicitaron una habitación; que la tarifa diaria fuera de $ 4.050 más IVA, no era problema. El amor por Peñarol pudo más.

Walkir, entre recuerdos y camiseta autografiada.

Walkir Silva estuvo ayer en el Hotel Casino de Rivera, con una camiseta entre sus manos, que los jugadores se la iban autografiando para que el expuntero riverense, que fue campeón de América y del mundo vistiendo esos colores, se la llevara de recuerdo. Walkir tiene 55 años y, como era obvio, con uno de los integrantes de la delegación que más conversó —aparte del consejero Ignacio Ruglio— fue con Fernando Morena.

Cuándo no, fiel a su forma de ser, pícaro, dicharachero, el histórico goleador aurinegro le preguntó al riverense si se acordaba de la vez que jugaron en Turín contra Juventus, en donde Platini era la máxima estrella: "En cuatro días, le ganamos al Inter y al Milan, fue una gira tremenda. Contra Juventus, un codazo de Cabrini te arrancó dos dientes, y vos te pusiste a buscar en la cancha, en pleno partido, y el Hugo (Bagnulo) te gritaba: ¡Corré, Walkir, corré! ¡No te quedes quieto!. ¡Y vos estabas agachado, mirando el césped, buscando los dientes!".

Silva, que hoy trabaja en la Dirección de Deportes de la Intendencia de Rivera, y también orienta a los juveniles del club Sarandí Universitario, no se quedó atrás en materia de anécdotas. Reveló cómo Peñarol captó a su nieto en Rivera: "Vino Néstor, el hijo del Tito (Goncalves, el capitán de los años 1960) y como le gustó, andaba en la cancha preguntando quiénes eran los padres. Fui y le dije: Yo soy el abuelo; quedó desconcertado, porque el gurí se llama Agustín Dávila, la madre es mi hija. Entonces, lo miré y le dije: "¡Lo que es la vida!, ¿te das cuenta? A mí de Rivera a Peñarol me llevó tu padre, ¡y ahora vos llevás a mi nieto!".

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