PEÑAROL

Fiesta aurinegra en la frontera

Son muchos los hinchas mirasoles que llegaron a Rivera, pero hasta la media tarde todo había transcurrido con orden y respeto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Hinchas de Peñarol en Rivera. Foto: M. Bonjour (enviado)

“La frontera de la paz” llaman a la que divide –y une, al mismo tiempo— a las ciudades de Rivera y Santa Ana do Livramento, uruguaya y brasileña, respectivamente. La hinchada de Peñarol respetó el mensaje de esa denominación, al menos hasta promediar la tarde del sábado, pese a que los grupos que fueron llegando desde las seis de la mañana eran de extractos muy diversos.

Hasta las tres de la tarde el “corso” de camisetas aurinegras fue por la calle Sarandí, que es la arteria principal del centro riverense, hacia la doble vía que marca el límite entre Uruguay y Brasil y de ahí para adelante el sentido del “desfile" fue el inverso, después que los hinchas ya hubieran ido “al extranjero” y volvieran con bolsitas de nylon que, de alguna manera, trasuntaban el poco monto e importancia de las compras que habían hecho. Es que la cotización de la moneda no favorece.

La gente de Brasil ya no cruza tanto a Uruguay a comprar en los free shops de Rivera, que han enviado a muchos dependientes al seguro de desempleo porque subió el combustible y la nafta ya está tan cara como en nuestro país, lo que para los norteños es tremendo y, sobre todo, por la depreciación del real frente al dólar; y como es sabido los uruguayos tienen prohibidas por ley las compras en ese tipo de comercios, por lo que es frecuente escuchar en sus puertas a hombres ofreciendo: “Tenemos documento brasileño”;obvio: el emisario entra, compra y, cuando entrega la mercadería, cobra una comisión por su tarea.

En fin, “así está el mundo, amigos”, dijera Traverso, por esta zona limítrofe entre Uruguay y Brasil a la que le llaman “La frontera de la paz”, y por la que la hinchada de Peñarol, aun cantando y tomando cerveza por las calles riverenses, al menos hasta tres horas antes del partido, tuvo respeto.

Los más bullangueros, sólo eso, fueron los de la barra de Villa García, que coparon el centro de la Plaza Internacional, mitad uruguaya y mitad brasileña, y armaron una batucada muy ruidosa que, como símbolo muy genuino del lugar y su hasta ese momento buen comportamiento, tenía como fondo dos mástiles con las banderas de los dos países, flameando al compás de un viento caliente sobre el telón de un clarísimo cielo celeste.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)